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UN PEZ QUE VA POR EL JARDÍN, 2

Libro que estamos comentando: 
Un pez que va por el jardin

UN PEZ QUE VA POR EL JARDÍN, 2
 
Buen día, amantes de la poesía del club ATRAPAVERSOS: hoy comenzamos nuestro segundo tramo de lectura de Un pez que va por el jardín que llega hasta la página 75 y que abarca los apartados III y IV del libro.
 
A estas alturas ya estaremos familiarizados con la manera tranquila que tiene el poeta de exponer sus temas. Hay una influencia oriental en la forma de observar y tratar lo que ve, ya hablaremos de ello la próxima semana. Cómo hay una distancia, por decirlo de algún modo, entre el poeta y lo observado; así como también nos vamos a encontrar reflexiones del momento concreto del poema, más que estados de ánimo del poeta. Una elección de estilo, su forma particular de contar.
 
Quiero aprovechar para hablaros del concepto de marco de toda obra de arte; es decir, cuando el artista elige un tema, este queda enmarcado en la obra concreta. En una escultura, fotografía, obra teatral, novela, edificio, canción, no importa de lo que se trate, la obra sale de lo cotidiano, se expone, y de este modo es como su mensaje queda detenido e inmortalizado. Lo que podríamos llamar el reflejo de un instante.
Así también ocurre con el poema: en su aspecto formal podemos decir que se enmarca con palabras en el blanco de la página, y a nivel de contenido lo que se produce es una “instantánea” de pensamiento y expresión. Esto es en definitiva todo poema: ese momento particular en el que el poeta ha elegido para detenerse.
Hay un poema muy conocido del poeta John Keats titulado “A una urna griega” que representa lo que os acabo de comentar. Así comienza en traducción de Julio Cortázar:
 
Tú, todavía virgen esposa de la calma,
criatura nutrida de silencio y de tiempo,
narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
 
El poema continúa haciendo cábalas sobre lo que representan las figuras talladas en la urna y que se han quedado para siempre representando la escena, ajenas al paso del tiempo, eternas en su actitud.
 
Todo esto que os comento viene a propósito de los poemas que vamos a leer en el apartado III, en los que encontraremos impresiones a propósito de cuadros (también ellos están “enmarcados”) y lugares. De modo que al leer uno de estos  poemas es como si viéramos un marco sobre marco: el marco del poema trata sobre el marco o momento que está reflejando el cuadro o la arquitectura.
Os recomiendo, por tanto, que no dejéis de consultar (oh, google, tan dispuesto siempre a las búsquedas) eso de lo que va a tratar el poeta en cada poema: el cuadro de Hopper (p. 45), algún cuadro de Jordi Pallarés (p. 47), de Joan Miró (p. 51), las pirámides cercanas al Nilo (p. 53), la antigua ciudad grecorromana de Paestum (p. 55), algún bodegón del pintor barroco Juan van der Hamen (p. 57) y obras del pintor Marc Rothko (p. 59). Esta vista previa, aunque solo sea para satisfacer una primera curiosidad, va a enriquecer la lectura de cualquiera de esta serie de poemas.
 
Así como también en el poema Parecía que hablabas de la página 49, en el que nuestro autor hace referencia a Charles Bukowski y su pájaro azul, nos va a venir bien conocer el texto al que se hace referencia en el poema. Aquí os lo dejo, pues, este bello y tremendo texto de Bukowski:
 
Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy a permitir que nadie te vea.
 
Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir
pero yo le echo whisky encima
y me trago el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta de que está ahí dentro.
 
Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo,
¿es que quieres montarme un lío?
¿es que quieres mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros en Europa?
 
Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir
pero soy demasiado listo,
sólo le dejo salir a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
Le digo: ya sé que estás ahí, no te pongas triste.
Luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito ahí dentro.
 
No le he dejado morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro pacto secreto
y es tan tierno como para hacer llorar a un hombre,
pero yo no lloro,
¿lloras tú?
 
Esta insistencia que estoy haciendo sobre la necesidad de averiguar en la medida de lo posible aquello de lo que trata el poema, también lo hago extensivo a todas las palabras que desconozcamos. En mi caso, me ha sorprendido la palabra “umbráculo” de los poemas primero y segundo del apartado IV (páginas 63 y 65).
Esta es la definición que hace el diccionario de la RAE: “Sitio cubierto de ramaje o de otra cosa que da paso al aire, para resguardar las plantas de la fuerza del sol”. A partir del significado de la palabra, el poema se abre completamente cuando el poeta nos dice que quizá la vida sea un lento respirar sin sobresaltos a salvo del engaño de la luz.
 
Hasta aquí llegamos por hoy. Espero que estéis disfrutando de este paseo sin prisas al que nos invita Corredor-Matheos a propósito de la vida. Ese observar sobre lo más sencillo, y de ello sacar conclusiones que nos dejan en paz y armonía con lo que es, a pesar de la fugacidad de la existencia. Puro saber vivir.
 
¡Felices días de vacaciones, que os resulten lentos y laaargos!
Y que disfrutéis con calma la maravilla de los momentos que tengáis a bien observar,
Estrella Ortiz