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Rayuela: 56-135-63-88-72-77-131-58-131-

Libro que estamos comentando: 
Rayuela

Segunda entrega de comentarios y recomendaciones de lectura de esta semana por si queréis aprovechar estos días de descanso que llegan para darle un empujón definitivo a Rayuela.
Llegamos al final de este libro enorme, y no digo enorme por su extensión (155 capítulos en algo más de 620 páginas en mi edición de Cátedra) sino por las propuestas (literarias y metaliterarias) y planos posibles en los que uno puede moverse como lector. Todo un viaje que resulta tan exigente en su lectura como generoso en lo que nos da. Uno sale del viaje entre feliz, anonadado, triste, abrumado, curioso... de hecho termina el "Tablero de direcciones con un guion, como invitando al lector, la lectora, a que siga añadiendo capítulos en su lectura y vaya armando su propia historia (o quizás a que vuelva a comenzar por el capítulo 73).
Pero vayamos al lío.
 
56. Si hubiéramos hecho una lectura lineal (una de las propuestas que señalaba el autor en "Tablero de direcciones" este habría sido el último capítulo que habríamos leído. En mi primera lectura de Rayuela este fue mi último capítulo, pero creo que el final he leído hoy es mucho más poderos, más evocador, más bello. Es decir, los lectores de una propuesta y los lectores de otra se encuentran con dos finales: uno más de "hachazo" -el 56- y otro más profundo -el que acaba en el 131-. Me gustaría saber vuestra opinión (cuando terminéis de leer todo): ¿acaba de dos maneras distintas el libro o es un mismo final para el protagonista en un caso y en otro, aunque contado de manera distinta?
Este capítulo me parece sencillamente deslumbrante, una fabulosa metáfora del personaje protagonista. Horacio, previendo el ataque furioso de Traveler, arma unas defensas en su cuarto y, de alguna manera, esto nos permite visualizarlo tal cual Oliveira: ahí, parapetado de hilos de colores, palanganas y rulemanes, escondido detrás de esas "defensas" (elaboradas en su cuarto, en un manicomio, con la ayuda de un loco ¿o he de decir de otro loco?), mirando por la ventana (mientras fuma y tira puchos a medio consumir sobre la rayuela del patio). Ese es Oliveira, alguien que mira (desde la ventana) la vida (la rayuela, de tierra a cielo) sin atreverse a vivirla (a jugarla, a saltarla), parapetado tras esas defensas (de hilos de colores, de palabras, de palanganas de agua, de argumentos, de rulemanes, de miedos...).
Hay, además, y como es costumbre en Cortázar, un montón de referencias a muchas otras cosas: por ejemplo a la propia Rayuela, fijaos: "Le gustaba que todo lo que hacía estuvera lo más lleno posible de ese espacio libre, y que el aire entrara y saliera, y sobre todo que saliera;  cosas parecidas le ocurrían con los libros". Más espacios huecos, vacíos, que en Rayuela pocas veces os vais a encontrar, ¡huecos incluso físicos entre un capítulo y el siguiente!, saltos de decenas o cientos de páginas. Este libro precisa lectores que vayan saltando sobre esos vacíos para ir completando el sentido de la historia.
Finalmente llega la mañana y con ella Traveler (y Talita y Cuca y el resto de personajes están en el patio o al otro lado de la puerta). Y hay una hermosa conversación y una idea también fabulosa (la del doble/doppelgänger) que cierra el círculo (o el cuadrado, o el triángulo) Horacio-Traveler y la Maga/Talita.
Y un desenlace final que no os voy a destripar pero que espero que hablemos de él en los comentarios.
 
135-63-88-72-77. Estos capítulos son como pequeños momentos de consciencia, retales de conversaciones con diferentes personajes. Como si Oliveira, convaleciente, de vez en cuando abriera los ojos y se encontrara en situaciones diversas con Gekrepten, Talita, Traveler... Son además fugaces, apenas unos breves diálogos que nos ayudan a ir completando la historia. Se leen casi sin respirar.
 
131. El capítulo 88, pero sobre todo este 131, me recuerdan al final del Quijote, cuando Sancho le propone a don Quijote (que está ya en el lecho de muerte) que se dediquen a la vida pastoril. Sólo en un par de ocasiones he pensado en la relación que este libro pudiera tener con el Quijote, pero ahora creo que es mucho más real de lo que a primera vista pueda parecer: ese viaje, esa defensa de las ideas (aunque le esté costando el amor, la amistad, la vida), esa locura (que impregna la realidad y que anida sólidamente en el protagonista), este final tan evocador...
 
58. En este capítulo se mezclan retales de conversaciones de todos los capítulos anteriores, fragmentos que escucharía el Oliveira convaleciente, retales que, insisto, nos ayudan a armar el final del puzzle del libro, se convierten también en un punto final fabuloso. Fabuloso.
 
131. Y para terminar me fascina que, de pronto, se repita un capítulo. Este capítulo que, precisamente, tanto me recuerda al Quijote y sugiere un desenlace ¿abierto?: ¿muere Horacio (por eso vemos esas caras de preocupación en los otros, los que le acompañan?, ¿se vuelve finalmente loco (y esos retales de conversaciones que hemos leído son remansos de cordura)?
Y dicho esto: ¿por qué se repite este capítulo?, ¿tiene que ver con el doble/doppelgänger?, ¿es un juego más de Cortázar?, ¿es un fallo de percepción en el maltrecho Horacio antes del fin?
Oh, es maravilloso.
 
Espero vuestros comentarios. 
Deseo que os haya gustado compartir la lectura de este libro enorme a lo largo de estas semanas. Cualquier cosa que queráis comentar sobre el club también será bienvenida en los comentarios a esta entrada. 
La plataforma de clubes de lectura virtuales para en estas semanas, así que aprovecho para desearos que acabéis fenomenal este 2018 y que 2019 sea un año gozoso y lleno de buenas lecturas. Pero insisto, no me voy que estoy toda esta semana y la siguiente pendiente de lo que vayáis comentando.
Saludos cordiales
Pep Bruno