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Rayuela: 52-89-53-66-149-54-129-139-133-140-138-127

Libro que estamos comentando: 
Rayuela

Hola a todas y todos, nos adentramos en el penúltimo tramo de lectura de este libro fascinante y lleno de luces y sombras. Son estos capítulos que transcurren básicamente en la clínica psiquiátrica y en los que parece que esta cuestión impregna a la historia, a los personajes, incluso a la propia voz narradora. 
Vayamos al lío
 
52. "Porque en realidad no se le podía contar nada a Traveler", comienza este capítulo haciendo referencia a una cita del capítulo 51 (anterior linealmente a este pero dos atrás en la lectura), os recuerdo: "Una de estas noches te voy a contar de allá. No me gusta, pero a lo mejor es la única manera de ir matando al perro, por así decirlo". Y continúa con un hermoso juego de palabras, todo un hilo argumentativo que recorre ese párrafo y que nos muestra exactamente cómo es Horacio, incapaz de llegar al ovillo, al meollo. Muy interesante, de veras.
Y noticia de cómo va esa incorporación al manicomio.
 
89. Dos cartas de Juan Cuevas recogidas por Morelli. Es muy interesante lo que ocurre en estos capítulos a saltos entre el hospital clínico y los textos de otros lados (citas de Morelli o los capítulos en los que Traveler lee a Ceferino) en los que la locura del manicomio parece atravesar y alcanzar la realidad de otras partes. Se supone que Juan Cuevas es una persona normal y escribe esto que leemos (y que preserva Morelli), que leemos viniendo del espacio del manicomio: lo cual potiencia la confusión, la mixtura, la imagen de que cordura y locura no andan tan distantes. ¿Qué os parece esta idea?
 
53. Conocemos en este capítulo la morgue del psiquiátrico, ese sótano lóbrego en el que los muertos esperan mientras los vivos viven. Un capítulo bien poderoso que, en mi opinión, retoma una idea (que estoy repitendo machaconamente): el viaje al infierno. Aunque en esta ocasión, y dado que hablamos de un psiquiátrico, quizás podríamos hablar de un viaje a lo profundo (y oscuro) del alma humana, donde conviven las pulsiones de Eros y el miedo a Tánatos. Pero ojo, no os despistéis, que esto es una mirada mía sobre un capítulo en el que viajamos, sencillamente, a la morgue del manicomio. ¿Qué os sugiere a vosotros este capítulo?
 
66. Este brevísimo capítulo me ha parecido muy interesante: la idea del muro de palabras que nos aturde e impide ver (¿no ve uno ahí al propio Oliveira?) y de pronto un hueco entre las palabras por el que se cuela la luz. Muy hermoso. (tengo muy subrayada esta nota de Morelli).
 
149. Como un ruido de pasos o un muro de palabras. O un juego de espejos. O la niebla que desdibuja la relidad y nos hace conscientes de nuestra confusión. Hermosísimo el poema de Octavio Paz.
 
54. Upa, la cosa se pone muy interesante. No quiero contar nada de este capítulo en el que Traveler duerme mientras Talita y Horacio conversan y bajan juntos hasta la morgue (¿el infierno, el subconsciente, el rincón del psiquiátrico donde se muestra lo más oscuro del alma?, ¿o tal vez simplemente el lugar más fresco del hospital?). Hace ya unos cuantos capítulos que estamos hablando de este triángulo y en el que parece que en cualquier momento puede ocurrir algo que rompa todo el equilibrio. Quizás la locura ha impregnado también a nuestros protagonistas, o quizás sea que sólo los niños y los locos dicen la verdad. O quizás todo sea más simple.
En verdad es un capítulo de ir leyendo y tragando saliva (uy, es que no quiero adelantar nada). Que además se intensifica (¡y de qué manera!) con los capítulos que siguen.
No dejéis de comentar qué os ha parecido su lectura.
 
129. Aquí volvemos a tener otro ejemplo de la sinrazón de la razón extrema. Parece ser que el texto de Ceferino Piriz que lee Traveler es absolutamente real y que el autor de Rayuela lo incluyó, tal cual, en el libro. Por un lado suma a esa atmósfera en la que se va desdibujando la cordura en la novela. Y al mismo tiempo suma en la tensión narrativa del momento en el que nos encontramos: esa noche sofocante en la que, mientras Traveler lee, tres pisos más abajo Horacio y Talita están solos. ¿Dejará la lectura para ir a buscar a Talita?
 
139. Yo aquí me he quedado enganchado a la suma de referencias, como de pasada, del dos y el tres (dúo o trío). En el ámbito musical, eh, no vayáis a pensar mal.
 
133. Volvemos a Traveler y a Ceferino Piriz. Y a Horacio y Talita. Aunque hay un movimiento en este capítulo, pues Talita vuelve a la cama con Traveler (mientras nosotros no dejamos de tragar saliva) y entonces ella le cuenta (arrrggg, no puedo contarlo). No puedo. Leedlo, insisto, que os espero en los comentarios. 
Me parece que este capítulo es fantástico, y el último párrafo, ay, maravilloso: "Talita se corrió un poco en la cama y se apoyó contra Traveler. Sabía que estaban otra vez de su lado, que no se había ahogado, que él la estaba sosteniendo a flor de agua y queen el fondo era una lástima, una maravillosa lástima..."
 
140. Si las palabras no sirven para mostrar la realidad ¿entonces los distintos idiomas son una manera de "multiplicación de la irrealidad"?
 
138. Y ahora la Maga. Y ¿en qué momento estamos: acá, allá, fuera? Se van fundiendo/confundiendo los recuerdos y la realidad o ¿es, en esta ocasión, un recuerdo real de cómo maltrataban a los recuerdos? No podréis negar que a estas alturas de libro cada capítulo trae una mochila enorme de posibles referencias, conexiones, etc. Y si a esto le sumamos que pareciera como si la niebla también fuera desdibujando la historia... es, sencillamente, deslumbrante.
 
127. ¿Y quiénes son los monstruos?, ¿los enfermos, los cuidadores, la gente normal -como Carmen/Cuca y Ricardo? Y lo peor tras la lectura de esta página y poco más es la última frase, la última, que nos lleva directamente al último capítulo (el 56) de la parte que propuso de lectura (como una de las opciones) el autor. 
 
Como en los próximos días hay un puente notable y nos quedan apenas unos capítulos mañana o pasado haré un nuevo envío por si alguien quiere terminar el libro esta semana.
Disfrutad de la lectura.
Pep Bruno