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1ª parte. Hasta que Carvalho sale de la mesa redonda sobre novela negra.

Libro que estamos comentando: 
Los mares del sur
De Manuel Vázquez Montalbán se escribió mucho tras su muerte de en 2003, aunque no tanto como lo que el mismo había publicado durante sus prolíficos 64 años.
 
Como analista de la coyuntura política y social mostró una aguda capacidad para discernir las claves de lo que sucedía en España y aportar, desde su papel de intelectual de izquierdas y militante del Partido Comunista, una visión lúcida de los vaivenes que transformaron el pais en el último  cuarto del siglo XX.
 
Su obra abarca más de 9000 artículos de prensa, además de poesía, ensayos, gastronomía y novela, entre ellas la serie protagonizada por su detective Pepe Carvalho, un personaje que, inevitablemente, nos parece a los que conocemos ligeramente la personalidad del escritor un trasunto del propio autor.
 
En la amplitud de su obra, Manuel Vázquez Montalbán no evita meterse en todos los charcos posibles, como igualmente le ocurre a Carvalho en Los mares del Sur.
 
La profesión de detective privado está indisolublemente  ligada a los aspectos más conflictivos de la condición  humana y, además, está  supeditada a la resolución de problemas que surgen en vida de las personas y que no pueden solucionar por sí mismas.
 
La novela fue publicada en 1979 y más o menos en esos años, los finales del 70, es cuando ocurre los hechos que conforman el argumento de Los mares del Sur.
La entrada en escena de Carvalho y Biscuter, conversando y reflexionando sobre los efectos de la crisis en la profesión de detective, anuncia un cambio en los usos y costumbres de la sociedad: bromea Carvalho, con ironía, achacando a la crisis (¡parece que no pase el tiempo con tantas crisis que llevamos viviendo!),  y a los nuevos usos de la sociedad barcelonesa, inmersa en una época de cambios como fue la transición, que "a los maridos y a los padres les importa un huevo que se fuguen (sus mujeres y sus hijas). ¡Se han perdido los valores fundamentales! ¿No queríais democracia?", y poco antes dice: "Los detectives privados somos el termómetro de la moral establecida".
 
Pero la reflexiones no dan de comer, si acaso incitan a la introspección con una copa de alcohol en la mano, en este caso de orujo helado, según inicia la jornada Carvalho en su oficina aledaña a Las Ramblas. Las cavilaciones son mas oscuras si, como reconoce, lleva tres meses sin "comerse un rosco" (sin trabajar, quiere decir).
 
Recuerdo haber léido que a Manuel Vázquez Montalbán no le gustaban las novelas de García Pavón. "Costumbrismo manchego", las llamaba; sin embargo, en muchos pasajes las reflexiones de Carvalho ente una copa me recuerdan a la melancolía de Plinio mientras se bebía absorto una copa de anís. Deben ser unas de esas desavenencias tan normales entre escritores, que divergían sobre todo en asuntos como el compromiso estético y político de la literatura.
 
En Los mares del Sur, Vázquez Montalban se siente heredero directo de los investigadores privados de Hammett y Chandler, de esta forma, en un campo como el de la novela negra que no tenía tradición ni consideración literaria en España, la adaptación de sus modelos al ambiente español es uno de los grandes logros del autor.
 
La novela se inicia, como si estuviéramos en la oficina de Sam Spade, con la visita de la mujer de Carlos Stuart Pedrell y su abogado. Le piden que investigue la muerte del primero, cuyo cadaver acaba de aparecer en unas obras abandonadas, después de más de un año de no haber tenido noticias suyas.
 
Stuart Pedrell, adinerado hombre de negocios y miembro de la alta sociedad barcelonesa, había dado muestras de cierta obsesión por Gaugin y, más concretamente, de la serenidad que el pintor encontró durante su estancia en las islas de los mares del Sur. Al igual que Gaugin, Carlos Stuart Pedrell quería huir de su mundo burgués y acomodado de Barcelona e intentar integrarse en la cultura y las formas de vida de los nativos polinesios.
 
En contra de lo habitual, que suele ser el encargo de encontrar al asesino del marido muerto, la mujer le pide a Carvalho que averigüe donde ha estado y qué ha hecho Carlos durante ese año que ha estado desaparecido. De este modo inicia sus investigaciones por las personas que tienen relación con el difunto, ya sea en el mundo de los negocios, en el artístico y literario, del que era un mecenas, y también del ámbito familiar.
 
Así, en esta primera parte van apareciendo personajes como la secretaria particular de Stuart Pedrell, el pintor Artimbau, Jésica, su hija, o Planas, uno de sus socios en sus múltiples negocios. Entre medias aparecen otros personajes y actividades relacionados, algunos ya indisolublemente,  a la figura y a las novelas de Pepe Carvalho: Biscuter; Charo; la perra Bleda; el vino; la comida y la gastronomía; o el detructivo escrutinio literario, que esta vez se ceba en Maurice, de E.M. Forster. https://es.wikipedia.org/wiki/Maurice_(novela)
 
Finalizamos esta parte con una divertida escena en la que Carvalho decide entrar, medio achispado por el Viña Paceta de Casa Leopoldo, en una mesa redonda sobre novela negra. No sabemos si lo que allí se cuenta son las filias o las fobias de Vázquez Montalban sobre este género, pero sí que realiza una cruel crítica sobre los intelectuales que se dedican a teorizar y a convertir la novela negra en algo aburrido.
VÁZQUEZ MONTALBÁN, Manuel - A FONDO 1979