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2ª parte. El Duque y Tarabeo. Hasta el capítulo 4

Libro que estamos comentando: 
Los Divinos
En la segunda parte de LOS DIVINOS avanzamos un poco más en el conocimiento de los demás integrantes de la banda. El capítulo 2 está dedicado especialmente al Duque y el capítulo 3, del que solo comentaremos una parte, se centra en la personalidad de Tarabeo, aunque en ambos casos es el Hobbitt el que actúa como narrador, o más bien cronista, de las peripecias de los cinco miembros de los Tutti Fruttis.
 
Si del Muñeco se resaltaba en la primera parte de la novela su arrojo y su valentía, además de poseer la capacidad para ser el centro de la fiesta, los acontecimientos permiten presentar a los otros dos miembros más importantes de la banda. Desde su época de estudiantes en el Liceo Quevedo, Duquealias Nobleza, representaba el valor del encanto, de la apariencia y del saber estar. Todo en su vida tenía que ser perfecto, desde la finca a la que el grupo va a pasar unos días para confirmar su amistad y afianzar su lealtad al grupo, hasta la novia Alicia (Malicia la llaman para resaltar su personalidad crítica con todo y, a la vez, su sumisión y complacencia ante la voluntad de su novio).
 
Tarabeo es el Adonis, el que utiliza sus encantos y su "sexapil" (sic) para conseguir y pugnar por lo que se propone, ya sean negocios, mujeres o estatus social. Muestra la misma falta de escrúpulos en todos los ámbitos de su vida y es capaz de mantener una relación con varias amantes mientra continúa con un matrimonio que únicamente está basado en una relación de interés.
 
Los cinco preparan su reunión anual en la imponente finca que el Duque tiene en Atolaima, fiel reflejo de la personalidad de su dueño, limpia, aséptica, sin animales. Hobbit lo describe, con la jerga bogotana, como "el paseo del poker". 
Esta vez, durante cinco días, los amigos se van a juntar para recordar los viejos tiempos y ratificar el juramento de lealtad. Es una especie de remembranza de los viajes salvajes y descontrolados que hacían en su época como estudiantes en el Liceo. Tiempos felices.
 
Solo hay una nube que rebaja el optimismo: parece que Malicia (llamémosla así porque en la novela es su nombre más utilizado) no tiene previsto acudir, a pesar de que ella es la más experta jugadora de poker y la que aporta las mayores dosis de sentido común al grupo.
 
Malicia y Hobbitt mantienen una cercana relación de confianza que desconoce el Duque. Quedan a tomar café, se cuentan sus secretos y comparten sus opiniones sobre los demás miembros del grupo de amigotes. Hobbitt confiesa a los lectores su atracción por la mujer más cercana al grupo, aunque en ningún momento se plantea engañar la confianza de su amigo. Rechaza de su cabeza cualquier pensamiento relacionado con esa posibilidad, aunque resulta curioso que ella le cuenta hasta los detalles más íntimos de su relación con el Duque.
 
Por ella sabemos los motivos de sus desencuentros cada vez más habituales con el novio. Laura Restrepo describe de forma brillante la conversación entre los dos amigos e intercala diálogos que reproducen de forma coloquial el habla de las clases altas bogotanas.
 
Malicia le confiesa que últimamente el Duque muestra más bien poco interés por los asuntos del sexo. Por eso, cuando la invitó con urgencia la semana pasada a la finca, ella supuso que todo iba dirigido a celebrar un encuentro íntimo que les hiciese recuperar el tiempo perdido. Pero grande fue su chasco cuando al llegar, perfectamente maquillada y preparada pare el encuentro fogoso, se encuentra con un equipo que estaba realizando un reportaje fotográfico de la finca para ser publicado en una de las revistas de decoración más famosas del país.
 
Malicia lo cuenta todo con mucha gracia y tanto ella como Hobbitt bromean con lo surrealista de la situación. Todo acaba de forma imprevista, con el Duque aquejado por la noche con un fuerte dolor de lumbago y con Malicia relegada a la indiferencia por un partido de tenis en la televisión.
 
Pero volvamos "al paseo del poker" en Atolaima. Las lluvias torrenciales les impiden realizar ningún tipo de actividad fuera de la casa, así que solo les queda conversar y beber ingentes cantidades de alcohol, que al fin y al cabo es de lo que se trata.
 
Hobbitt decribe un ambiente bastante diferente del que los reunía en años anteriores. Ya van advirtiendo las muestras del paso del tiempo en sus cuerpos y a la vez se sienten más alejados los unos de los otros.
Del Muñeco se advierte, como es constate en toda la novela, un estado de ánimo especial, una especie de tensión contenida que solo puede presagiar el estallido de nadie sabe qué. Está raro, aquietado y no es el centro de atención de la reunión, como lo era en años anteriores. La obsesión por el juego del balero añade tensión a la reunión por el continuo ruido de la bola de madera al intentar ser introducida en el palo que el jugador sujeta con la mano.
 
Entrevista a Laura Restrepo sobre su libro "Los Divinos"