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Lazarillo de Tormes, y II

Libro que estamos comentando: 
Lazarillo de Tormes

Hola a todas y todos, aquí llega la segunda y última parte de esta última lectura antes del verano. Espero que la disfrutéis y que, después, paséis unos cuantos días de muy merecido descanso (menudos tiempos estamos viviendo). Recordad que en septiembre volveremos y, por si tenéis curiosidad, ya os adelanto que retomaremos la lectura con el admirado Miguel Delibes y sus "Cinco horas con Mario" (creo que finalmente este será el libro).
Pero vayamos al lío.
 
TRATADOS III AL VII
Tal como os comentaba la pasada semana los tres primeros tratados tienen un elemento en común: el hambre. En el Tratado III, el del escudero hidalgo, se riza el rizo pues, además de pasar hambre en compañía de este nuevo amo, tiene que ser él quien le provea de sustento (y hacerlo de modo que nadie sospeche que trabaja para él). 
Pero hay otra crítica brutal en este tratado: el de la negra honra, el de la necesidad de aparentar sin ser, sin tener, sin un fondo que te sostenga. Como os decía en uno de los comentarios al post anterior, no sabemos si es un libro autobiográfico, pero que habría muchos posibles Lázaros que habían vivido vidas como esta o muchas personas que conocerían a clérigos, bulderos, ciegos, escuderos... como estos, seguro, muy seguro. Y eso sí, tanta honra, tanta apariencia, tanta tontería... y escapar de esa manera como escapa dejando al propio Lazarillo, como decimos por aquí, con el culo al aire.
En cuanto al mercedario (Tratado IV) es magnífico el silencio ensordecedor: grita de tanto cuanto calla. Si tenéis notas, leedlas, porque la alusión a los zapatos está bien clara y hace referencia al sexo. En este cuarto tratado entramos con fuerza en el mundo de la Iglesia, que se lleva también su parte en la crítica del Lazarillo, aunque donde más fuerte da es en el caso del buldero (Tratado V) y todas sus artimañas para vender bulas (que son bulos) y enredar con mentiras y negocios. Imaginaos este texto en aquella época en la que la Iglesia tenía tanto poder (vamos, que te podía mandar a la hoguera), como para firmar el librito.
Incluso con el capellán (Tratado VI), donde las cosas le van tan bien, hay crítica a la Iglesia (que no podía hacer negocio con un aguador, por ejemplo). Y, por cierto, si habéis visto las notas, veréis que hay además mucha pista sobre todos estos amos y personajes que, por lo que se ve, podían bien ser judios conversos y árabes reconvertidos al cristianismo (en el caso del capellán que le da los beneficios el sábado, como si no pudiera tener ganancia el sabat judío, es magnífico). Qué locura de tiempo en el que era tan importante parecer, aparentar y comulgar (aunque fuera con ruedas de molino). Sin embargo Lázaro no critica eso, sino que critica sus malas artes, eso creo que es muy interesante, ¿no os parece?, y muy moderno.
Finalmente llegamos al alguacil (siendo Lázaro porquerón de alguacil), otra dura prueba, y al presente, al momento en el que escribe y que es pregonero de vinos, oficio que le permite estabilidad y una buena mujer como esposa (a propuesta del arcipreste de San Salvador, más iglesia). Y ahí nos encontramos con un Lázaro contento, "resucitado" a la vida tras una dura carrera de hambres, penurias, dificultades... y donde quizás la menor preocupación de Lázaro sea que su mujer se hable con el arcipreste.
 
La verdad es que esta es una lectura magnífica, ha sido un placer volver a releer este librito delicioso que sigue entreteniendo y golpeando tan fuerte. Y ha sido un placer leerlo con vosotros y vosotras.
Os leo en los comentarios.
Y pasad un feliz verano
Pep Bruno