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La señora Dalloway IV

Libro que estamos comentando: 
La señora Dalloway

Hola a todas y todos, aquí vienen las recomendaciones de lectura de esta semana. Penúltima entrega de este libro magnífico que estamos disfrutando.
Marca de lectura. Esta semana he leído 40 páginas, desde la 251 hasta la 291 en mi edición. Termino exactamente (perdonad por el spoiler) justo cuando Septimus salta por una ventana.
 
Lectura de esta semana.
Retomamos la lectura en casa de Lady Bruton donde, tras la comida, asistimos a la redacción de una carta. En estas cuarenta páginas acompañaremos, además de a Clarissa, a cuatro mujeres: Lady Bruton, la señora Kilman, Elizabeth y, de nuevo, Lucrezia. Os animo a que os fijéis en ellas, sus anhelos, sus situaciones personales, sus inseguridades, sus relaciones (con otras mujeres, pero especialmente con los hombres), sus vidas...
Habíamos dejado a Lady Bruton comiendo con Richard y Hugh, nos parecía una mujer muy segura de sí misma, y sin embargo en estas páginas, detrás de esa apariencia, nos encontramos con alguien insegura.
Por otro lado la imagen de Richard y las flores (qué presencia tienen las flores en el libro, ¿verdad? y su incapacidad de mostrar su afecto: "era incapaz de decirle que la quería. Cogió la mano de Clarissa. Esto es la felicidad, pensó." (p. 262) Una imagen de un matrimonio en un momento de felicidad (más adelante veremos otro bien potente también), aunque mirad qué piensa Clarissa: "existe cierta dignidad entre la gente; cierta soledad; incluso entre marido y mujer un abismo, y eso hay que respetarlo, pensó Clarissa, mirando cómo abría la puerta, porque es algo de lo que una no quiere desprenderse, ni tampoco quitárselo, en contra de su voluntad, al marido, sin perder la independencia, la autoestmia: algo que, al fin y al cabo, no tiene precio." (p. 263) La autoestima, la independencia. No hace falta decir más. Es más, teniendo autoestima e independencia esta frase de más adelante adquiere un significado de gran hondura: "Lo que a ella le gustaba era, sencillamente, la vida." (p. 264) Pocas líneas más adelante, junto a la vida, las reflexiones sobre la muerte. Y justo unas páginas después donde hemos visto un tímido gesto de amor (ay, no decir te quiero) ahora nos topamos con "el amor también destruía" (p. 269)
Es impresionante cómo nos va contando Virginia Woolf la historia, no me cansaré de repetirlo, cómo va armando el puzzle y ahondando en cada personaje, en cada secuencia, en cada reflexión. Y cómo muestra las distintas caras de la realidad, los opuestos tan siendo uno. Y todo esto con una prosa exquisita, ¡y con qué imágenes!, como la del reloj retrasado: "En estas entró el otro reloj, el que sonaba siempre dos minutos después, arrastrando los pies." (p. 270)
Continuamos de la mano de Doris Kilman, que "Tenía su carrera. Era una mujer que se había abierto camino en la vida" (pl 274), y sin embargo pensaba de sí misma "Soy vulgar, soy triste". En fin: "No había ropa que le sentara bien. Comprase lo que comprase. Y para una mujer esto sin duda significaba no tener trato alguno con el sexo opuesto." (p. 271), "el placer de comer era casi el único placer puro que le quedaba". De nuevo personas que no encajan (en esa sociedad, en esa idea del mundo), bueno, en realidad creo que la mirada de Woolf nos muestra que todos somos raros, que todos tenemos nuestra cojera, para algunos es más evidente, para otros menos, y sobre todo para algunos resulta dramático porque parecen no encajar, no encontrar un lugar, un abrazo.
A estas alturas de la novela creo que veo a Virginia Woolf en todos los personajes del libro. Kilman le dice a Elizabeth: "todas las profesiones están abiertas a las mujeres de tu generación." (p. 273) Pienso, de hecho, que todos los personajes tienen algo magnífico y, al mismo tiempo, algo oscuro, ¿qué pensáis vosotras, vosotros?
Continuamos con Elizabeth, pura juventud e ingenuidad, pero, al mismo tiempo: "Todos los hombres se enamoraban de ella, y estaba verdaderamente harta. Y la cosa estaba empezando." (p. 277). Es magnífico cuando Woolf habla de ella como un mascarón de proa (no voy a añadir más citas, que a este paso pongo aquí todo el libro...) o cuando ella piensa que estaría bien ser granjera porque le gustaba la sensación de ver trabajar a la gente...
Y llegamos a la última parte de la lectura de esta semana, volvemos con Septimus y Lucrezia. No os voy a poner nada de ellos: el pasaje es muy emocionante, especialmente el momento de las bromas con el gorro y las risas, mucho. Esa felicidad, ese momento gozoso de pareja. Esa promesa de futuro. Y justo, unos instantes antes de que Septimus salte por la ventana ese pensamiento que tiene (que resulta espeluznante), ahí, sentado en la ventana, con medio cuerpo en el vacío, diciendo "Pero esperaría hasta el último momento. No quería morir. La vida era bella; el sol caliente." (p. 290)

 

Feliz semana de lectura

Pep Bruno