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Primera parte. El cadáver de Laura Swan. Hasta el capítulo 8

Libro que estamos comentando: 
El otro nombre de Laura
¿Se puede, basándose en una antigua amistad, pedir a un forense que no haga la autopsia a un cadaver que ha aprecido aparentemente ahogado en el mar?
 
Quirke es un  patologo forense que trabaja en el Hospital de la Sagrada Familia de Dublín en la década de los 50. Ha tenido que soportar muchas desgacias en su infancia y tal vez sea por eso por lo que muestra una personalidad  solitaria, conflictiva con su familia, desengañada y con una insana afición por la bebida de la que todavía no se ha alejado del todo. Pero aún así utiliza su capacidad científica para rebelarse contra los convencionalismos y no dejarse atrapar por las presiones sociales que le pueden alejar del descubrimiento de la verdad.
 
No parece esa una petición muy lógica a un profesional como Quirke, cuya función es precismente esa, determimar las causas de la muerte de la gente y servir de apoyo a la policía para establecer si hay algún tipo de responsabilidad en la muerte de la persona cadaver.
 
Más bien creo que puede servir de acicate para que se sospeche que puede haber otras causas, diferentes al suicidio, en la muerte de Deirdre Hunt.
 

¿No creeis que la petición de Billy Hunt, su marido,  choca con la lógica de lo que podría esperarse de un marido recién enviudado en extrañas circustancias? ¿No sería más razonable mostar interés por conocer la verdad?
 
Quirke siente en esos momentos más curiosidad por los muertos que por los vivos por lo que no se le escapa un pequeño pinchazo en el brazo de la fallecida. 
 
Es una prueba suficiente para que no cumpla la promesa que le ha hecho al marido. De esta manera descubre que Deirdre, o Laura Swan, como se la conoce en el mundo del comercio local, donde regenta un prestigioso salón de belleza, el Silver Swan,  con su peculiar socio White, no ha fallecido ahogada sino intoxicada por una inyección de morfina. El asesinato se hace evidente en ese momento, pero Quirke, a pesar de sus sospechas,  parece que prefiere acultarlo en una normalidad cotidiana y menos problemática que si lo comunicase a la policía.
 
Solo el hecho de que la fallecida fuera conocida de su hija Phoebe le conecta con una realidad de personajes que ocultan sus vidas, a veces miserables y otras delictivas, de los ojos de los demás. 
 
En los primeros capítulos, a modo de flashback, conocemos la vida de la mujer fallecida, Deindre Hunt, su infancia en barrios humildes, su interés por salir de la miseria y la pobreza y lograr el ascenso social. 
En su trabajo en una perfumería conoce al que poco después va a ser su marido, pero no parece que él, Billy, vaya a colmar sus aspiraciones.
 
Por lo que leemos, en esos años la capital de la República de Irlanda es una ciudad gris, muy estratificada socialmente y con una moralidad religiosa que les obliga a reprimir ciertos comportamientos o, al menos, esconderlos de la mirada de los demás.
 
Los personajes principales de esta novela son los mismos que en la anterior, El secreto de Christine, la que inauguraba la serie de Quirke. Su entorno familiar, sus amigos, sus compañeros en la policía forman el universo cerrado solo perturbado por hechos como los de un cadaver al que no se le tiene que practicar la autopsia.
John Banville en Fundación OSDE (Argentina)