Nuestros Clubes de Lectura

Literatura de viajes

Club de lectura de poesía.

Literatura juvenil

Clásicos universales

Novelas de género (novela negra, ciencia ficción, etc.)

El libro de la almohada: 75-126

Libro que estamos comentando: 
El libro de la almohada

Llegamos al último tramo de lectura de este libro fascinante que, por lo que he podido leer en los comentarios, ha resultado sorprendente para muchos de vosotras y vosotros. Antes de estas últimas breves notas os recuerdo que:

  • la próxima comenzaremos la lectura de Tristán e Iseo, versión de Alicia Yllera (en Alianza Editorial). 
  • Y este jueves 3 de junio, a las 21,30 (hora peninsular española) habilitaré en Twitter (@pep_bruno) una Sala de audio para hablar de este libro, ojalá os apetezca asomaros, fue un gusto tras la lectura de Drácula escuchar vuestras voces, hablar del libro, compartir reflexiones... 

 
Dicho esto, vamos al lío.
 
 
CAPÍTULOS 75-126
 
Como estos pasajes siguen atravesados por las líneas generales de la obra que hemos comentado en las entradas anteriores me voy a centrar sólo en algunos momentos que me han gustado especialmente, y claro, puede ser que a vosotras, a vosotros, os gusten otros, así que en los comentarios os leo.
Ah, pero antes que nada, me gustaría traer aquí una reflexión que hizo OlgaCut en los comentarios de la pasada semana, algo que a mí se me había pasado y que, después de leer lo que ella escribió, me pareció muy evidente y bien interesante: fijaos cómo va cambiando la Shonagon de los primeros pasajes, algo más retraída, recién llegada a la corte, y cómo se va soltando según avanzan las páginas. De hecho en este último tramo de lectura resulta especialmente evidente, es más, la autora se hace valer ante la propia Emperatriz y se describe muy cercana y querida por ella, como ocurre, por ejemplo, en 98. "En el vigésimo día del Segundo Mes..." donde se relata la historia del cerezo con flores de papel y donde la Emperatriz ensalza la forma de hacer y de decir de Shonagon y hasta el hijo del Canciller afirma: "Shonagon comprendió todo desde el principio. Fue ella la que señaló qué lástima sería que la lluvia empapara las flores" (p. 162). Esto ocurre en varias ocasiones, por ejemplo, otra (muy visual) es cuando dice: "Entrando en la habitación de la Emperatriz cuando las damas de honor se arremolinan a su alrededor en un apretado grupo, me apoyo en una columna que está un poco lejos. ¡Qué alegría cuando la Emperatriz me llama a su lado y las otras me abren camino!" (p. 154). 
Eso sí, todo esto no quita alguna otra situación contraria, por ejemplo aquella en la que la propia Emperatriz la reprende por unos versos que le parecen poco adecuados. En verdad es pura adoración lo que esta mujer siente por la familia real.
 
He disfrutado mucho del pasaje 86 que dice: "Las cartas son triviales, pero pueden ser espléndidas". (p. 144), y lo he disfrutado porque habla de algo que yo viví: el correo postal, esas cartas que nos escribíamos y nos mandábamos con sus sobres y sus sellos (todavía conservo un buen puñado de las que recibí). Pero también porque es algo que ahora ya se ha perdido. Por lo tanto es algo que algunos lectores actuales todavía compartimos con Sei Shonagon mientras que a otros lectores les pueda parecer una cosa antigua y desfasada, algo de lo que han oído hablar, pero nada más.
 
No podía no citar el 87. Santuarios, pues en él se incluye un cuento (ya sabéis, mi debilidad), y es maravilloso que en un libro del S. XI se incluya un cuento con una estructura tan precisa como los cuentos que nos han llegado hasta nuestros días. En fin, que me ha encantado, igual que me ha encantado la referencia en 96. Cosas placenteras, cuando afirma que algo placentero es "Encontarar muchos cuentos que uno nunca ha leído o adquirir el segundo volumen de una obra cuyo primer volumen uno ha disfrutado" (p. 152). Yo añadiría cuentos que uno nunca antes ha escuchado o disfrutado.
 
Otro capítulo que me ha resultado especialmente sabroso ha sido el 93. La más espléndida de las cualidades es la simpatía. Y eso que en algunos momentos habla indistintamente de empatía y de simpatía, y me encanta que diga que no cuesta nada ser empático, ser simpático, puesto que "todo esto  es muy sencillo, pero la mayoría de la gente no se preocupa [de ser simpático]" (p. 151). Y la verdad es que mejor nos iría a todos con un poco más de empatía y un poco más de simpatía, caramba.
 
Y por si todo esto no fuera suficiente, los capítulos 125 y 126 son magníficos porque metacuentan, hablan sobre este libro y cómo se hizo y acabó siendo público. Para mí ha sido un cierre sorprendente, pues creí que seguiría siendo una sucesión de pasajes hasta que el libro quedara interrumpido, pero no es así. Y no os voy a dar más pistas porque espero que lleguéis al final y lo leáis.
Os leo en los comentarios.
 
Espero que hayáis disfrutado de esta lectura y que nos encontremos en próximos libros.
Saludos cordiales,
Pep Bruno