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Cinco horas con Mario: XIII-XX

Libro que estamos comentando: 
Cinco horas con Mario

Hola a todas y todos, seguimos esta semana con la lectura de "Cinco horas con Mario", un libro que detrás de su aparente sencillez se nos va desvelando como una propuesta con una delicada y compleja maquinaria, basta con ver vuestros comentarios en las dos entradas anteriores para comprender el espesor literario que alberga y la riqueza de miradas que permite. Leer este libro con vosotras y vosotros está siendo una gran experiencia, muchas gracias por vuestros comentarios y aportaciones.
Por cierto, esta es la penúltima semana que dedicamos a este libro, el último lunes de octubre comenzaremos con "Guerra y paz", de Liev Tolstói. Os lo digo para que no os despistéis con los comentarios de la lectura actual (y para ir anticipándoos la que viene).
Pero vayamos ya con las notas de lectura de estos días.
 
CAPÍTULOS XIII-XX
En vuestros comentarios de la pasada semana se habla mucho de esta pareja tan, si se me permite la manera de decirlo, desencajada: no parece que estas dos personas estén hechas la una para la otra, no. Según vamos avanzando en la lectura del libro podemos hacernos una idea del motivo por el que Mario decide casarse con Menchu: quizás ve en ella y en su familia una salvaguarda para esos días aciagos, no parece sencillo sobrevir en tiempos de dictadura con dos hermanos muertos durante la contienda (en el bando equivocado) y con una familia afecta a la República. En este sentido puede parecer evidente el motivo por el que Mario accede a casarse con Menchu, pero, y aquí viene mi pregunta: ¿por qué Menchu accede a casarse con Mario? La protagonista nos va dando algunas pistas, pero no debemos olvidar que la narradora cuenta lo que quiere contar (y siempre desde su mirada) y calla lo que quiere callar. ¿Por qué alguien de una familia "tan respetable" decide casarse con alguien que puede resultar tan problemático en esos tiempos? Y sobre esta pregunta, dos reflexiones: la primera, no parece haber aquí un amor loco o una pasión desenfrenada que lance a los protagonistas a una aventura contra las normas, contra lo esperado; la segunda, cuánto pesa en esta decisión la preocupación de Menchu por aparentar.
Os invito a reflexionar sobre esta cuestión en los comentarios una vez hayáis leído las páginas de esta semana, pienso que en estos capítulos se nos da alguna pista para una posible respuesta (ay, no me pude aguantar y he ido avanzando alguna opinión en las respuestas a vuestros comentarios en el post de la pasada semana).
Por otro lado seguimos dando vueltas a los temas, ahondando a cada nuevo paseo y también ampliando detalles (o dando nuevos, como lo de los presos que pasaban por casa, como la aventura de Galli y Julia, o el momento de la conferencia, etc.) que nos ayudan a armar el puzzle de esa vida en común (y de momentos determinantes, anhelos, frustraciones, etc.). Eso sí, creo que a estas alturas de libro uno empieza a ser muy consciente de algo que decía un poco más arriba (y que ya se apuntaba en otros post): aquí cada uno cuenta la feria según le va, Menchu es la narradora pero también es parte activa de la historia, vemos la historia desde su narración, por eso como lectores vamos "re-pasando" por el tamiz de su mirada y sus prejuicios lo narrado para dar con la historia y, de esta manera, tratamos de ver (lo más objetivamente posible) a Mario. Es algo que vamos haciendo de forma más o menos consciente, ¿no os parece? 
Creo que esta propuesta narrativa es muy útil por varios motivos. En primer lugar por algo que también se ha dicho anteriormente: ayuda a salvar la censura. Pero, en segundo lugar, es que esta propuesta que te obliga a pasar por el aro de la mirada de Menchu es una metáfora perfecta de lo que era la dictadura: había que leer y des-leer lo leído para entender los hechos de manera objetiva. Me parece tan maravilloso, tan potente.
Sigue siendo fascinante para mí que este libro sorteara la censura. Me gusta mucho este comentario de Jesús Velasco en pasado post: "Creo haber leído comentarios sobre cómo Delibes sortea la censura. Yo diría que es que todo el laaargo monólo de Menchu es la voz de la censura misma. Al fin y al cabo, toda la novela es una sucesión de reproches y censuras a Mario y a todo el mundo. Tengo la sensación de que el censor tuvo que pensar leer sus propios pensamientos por boca de la protagonista.", pero creo que no es posible que no hubiera algún censor de ser capaz de leer entre líneas y entender la crítica que iba implícita en ese libro. Bien es verdad que era el año 66 y las cosas empezaban a relajarse un tanto. No sé. Pero me fascina.
Por último: en estas páginas seguimos viendo a una Menchu que resalta la importancia de la obediencia (frente al diálogo), de las apariencias (frente a los actos, como cuidar al propio suegro) o de lo que uno piensa que debe ser (frente a lo que es, como la depresión de su marido). 
Os leo en los comentarios.
Pasad una feliz semana
Pep Bruno