Hasta "Junio", incluido

Libro que estamos comentando
Charmian Clift con su hijo. / © George Johnston & Charmian Clift Archive

“Vivir al sol es reparador. Todo está abierto, todo se revela. Aquí no hay engaño posible, sino la pura verdad de las cosas. Creo que ninguna belleza ha sido nunca tan auténtica para mí como esta belleza de rocas y mar y la de las montañas que emergen entre uno y otro azul, con la única presencia en sus faldas de las austeras terrazas blancas de unas casas simplificadas hasta la más pura geometría de planos y ángulos. Me da la impresión de que también nosotros nos hemos simplificado, viviendo aquí, como si el sol hubiera abrasado la lanosa pelusilla de nuestras confusiones individuales: los deseos a medias perseguidos con vacilación, los miedos a medias que nunca se vencen del todo, los logros parciales que medio rechazamos desde un perplejo descontento. Al despojarnos de tanto, nos vemos reducidos a nuestros seres más elementales, más ligeros y más libres, pero no más empobrecidos, puesto que solo nos hemos despojado de unas cuantas ridículas y pequeñas vanidades.”

Queridas viajeras, queridos viajeros:

Recordad que nos hallamos en Hidra, con Charmiane, George, Martin, Shane... y con el Bebote, la nueva incorporación a la familia. Aunque, en realidad, también estamos con Creonte, y con Zoé, y con Lola y Seane, y con esa pareja de norteamericanos que quieren vivir al modo griego tradicional desde un punto de vista intelectual, y con las mujeres vestidas de negro que no conciben que nuestra escritora deje llorar a B sin correr a su lado cada vez que gimotea. Es más, que se escandalicen porque no esté continuamente, en la misma habitación que el bebé.

Este diario es un verdadero prodigio; la escritora busca la belleza en la cotidianeidad de las cosas, pero, ah, qué cosas... Las cosas de una isla griega árida y desnuda, apenas vestida con los ropajes de una naturaleza prodigiosa, el mar, las montañas, los musgos que cubren los tejados, las atalayas en las que se convierten las terrazas, los burritos que portean, los caiques coloridos, el puerto, las flores, la primavera que ya ha estallado y el verano, que apunta maneras. Y los que viven en Hidra, los que llegan, y los que se van. Qué sagaz cronista es Clift.

En estos capítulos que corresponden a los meses de abril y mayo, al fin regresa la comadrona y, con ella, se diluye un poco el drama que tanto gusta a los isleños. Ya puede relajarse la escritora, ya puede dar a luz. Charmian narra el parto como sin complicaciones, pero en un momento determinado lo describe tal que así:

“El retazo de suelo que alcanzaba a ver parecía un matadero, pero la comadrona aún esbozaba una alegre sonrisa cuando inclinó una botella para verterme ouzo en la boca: estaba delicioso, tan intenso y ardiente a medida que descendía por mi garganta y 

y se me derramaba en la cara y el cuello.”

Y eso que era su tercer parto. Y que tenían ouzo.

El humor sigue revoloteando las peripecias de Clift y familia, aunque imagino que no debía dejar de ser un tanto aterrador (al menos, molesto y muy antihigiénico) tener que soportar la costumbre de los escupitajos contra el mal de ojo. Las incesantes inferencias de las matronas que no dejaban de entrar y salir de la casa, para aconsejar (e imponer modos y maneras) en la crianza. Y, al mismo tiempo, ¿qué sería de ellos sin ellas? Sin la joven que plancha, cuida del bebé, y zurce sábanas... sin la mujer mayor que cuida de B, aunque lo malcríe... Son como esa familia entrometida a la que te gustaría mandar a paseo pero a la que quieres, y necesitas. Sin ellas, sin esa ayuda (aunque parece que Charmian se encargaba de casi todas las tareas domésticas, amén del cuidado de los niños, algo que, sin duda, le quitaba mucho tiempo de dedicación a la escritura), la vida hubiera sido mucho más difícil.

Como, sin duda, la vida les es mucho más agradable con todos esos extranjeros curiosos y extravagantes que llegan... Cada uno de ellos podría tener una novela propia, pero tal vez es por la manera de narrar de Charmian Clift, cuando nos va presentando a los distintos personajes (las tres muchachas alemanas, o el atractivo y misterioso Jacques, por poner dos ejemplos), nos seduce. Queremos saber más y más. Porque... ¿a quién no le interesa la historia de amor de Sócrates y María? O la vida en París de Úrsula y Henry...

Creo que uno de los puntos fuertes de esta obra son las descripciones de todos ellos, desde sus anhelos más recónditos (me fascina la alegría desbordante de Lola y la apatía de Sean) como su aspecto físico. Y, por supuesto, las reflexiones que va intercalando en el texto:

“la Naturaleza otorga sus dones con una parcialidad monstruosa, sembrando desigualdades de tiempo, lugar, sexo, herencia, inclinaciones, modales, costumbres, con una irresponsabilidad que te deja sin aliento. A uno lo hace hombre cuando le habría ido mucho mejor como mujer, a otro lo introduce en una sociedad materialista donde no hay sitio para él; a uno lo hace heredar un pecho débil, a otro una tendencia a engordar; a uno le endilga una cultura que le repugna y por la que otro, nacido sin tradiciones, suspirará como por un derecho inalienable.”

Hay un tema que atraviesa todo el libro y que Charmian Clift no elude:

“Maldito nacionalismo, pensé. Malditas todas las banderas, malditos todos los eslóganes, malditos los pasaportes y los permisos y los visados y los expedientes que arbitrariamente le ponen a uno la etiqueta de Amigo y a otro la de Enemigo, a uno la de Negro y a otro la de Blanco, y sin los cuales ya no tienes ningún derecho legal a existir en absoluto. Maldita sea también mi propia ingenuidad al creer por un solo instante que iba a poder esquivar las etiquetas y las categorías incluso en esta pequeña roca gris en medio del Mediterráneo.”

Me interesa mucho saber vuestra opinión sobre la obra, sobre lo que nos cuenta Charmian Clift, sobre esta vida austera y restrictiva de los escritores (me temo que en cualquier lugar, dependiendo de los contratos editoriales y de los derechos de autor, sería austera y restrictiva), sobre qué más os ha llamado la atención. Me interesa leeros.

¿Conversamos?

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