Hasta el capítulo "Marzo", incluido

Libro que estamos comentando
Charmian Clift trabajando en su casa de Hidra, 1956

Queridas viajeras, queridos viajeros:

Iniciamos estancia lectora en Hidra, una pequeña isla árida y espectacularmente hermosa, de la mano de la escritora Charmian Clift.

Para situarnos, nada mejor que leer el prólogo “Recordando a Charmian Clift” firmado por  Nadia Wheatley y, tal vez, leer las entradas que dedicamos en el club a “Cantos de sirena”, el primer libro de Clift en el que narra su llegada a Grecia y su estancia en otra pequeña isla, Kálimnos.

Nos encontraremos, de nuevo, en Los buscadores de loto, con la prosa ágil, vibrante y hermosa de Charmian Clift, capaz de contar los sabores y sinsabores de su vida familiar en Hidra, con la liviandad necesaria para encantarnos, casi encandilarnos, tiñendo las peripecias, anécdotas e historias de vida de los isleños, con un sutil humor que nos hará sonreír una y otra vez... y, en alguna ocasión, será capaz de arrancarnos una carcajada.

Acaban de comprarse una casa, no es una casa fabulosa de mercader, sino de capitán de barco, una casa situada en la segunda hilera, tras el paseo marítimo. Espaciosa, en la que entra luz a raudales, allí tendrán sus habitaciones, su despacho de escritores, su cocina... ¡y hasta cuarto de baño!, pues no importa que no puedan permitírselo, tienen que conseguirlo y luego, ya verán cómo harán para pagarlo...

En estos primeros capítulos que leeremos y comentaremos esta semana, Charmian nos sitúa en su hábitat y situación personal y familiar, así como nos describe cómo es la vida de los habitantes de Hidra, los autóctonos y los extranjeros como ellos. No sé qué historia es más interesante, porque todas me interesan y, sin duda, es mérito de la autora. Creonte, que organiza la vida de los extranjeros en la isla y su historia de amor en esa casa decadente, Sócrates, que quiere vender casas a los extranjeros, el notario asmático, formal, casado con la maestra preferida de Martin, el dueño de la taberna y su mujer, joven y oronda, Ursula y su marido, el inquieto pintor Henri, la vitalista Lola y el lánguido y fatalista marido, Sean... los tres suecos apodados como los jugos pancreáticos, Hippolyte... o las mujeres de los marineros, las vecinas sin marido que opinan de todo, hasta del nacimiento del tercer hijo de Charmian.

En esta obra, Charmian habla menos de los porqués de su exilio griego, aunque quiero citar estos párrafos:

“Cada uno de nosotros, a su manera, protesta contra la febril competitividad del mercantilismo moderno, contra esa carrera de locos cada vez más rápida para cubrir una sucesión interminable de días estériles que comienzan sin esperanza y acaban sin gozo. Cada uno de nosotros se las ha apañado para liberarse de la bola y los griletes y huir de ese mundo de lucro desenfrenado, decidió a hacer su propio trabajo a su manera. “

Eran tiempos de creer en la utopía de una vida auténtica en Hidra...

La vida de la familia (sus problemas económicos, sus esperanzas), su propia vida (sus temores, sus anhelos) como mujer escritora, esposa y madre, las historias de vida de los habitantes y extranjeros que viven en la isla... el otro personaje importante es, sin duda, Hidra. Clift nos narra la historia de Hidra, y nos la describe en párrafos luminosos:

“La ciudad se erige en torno al pequeño y luminoso puerto con forma de herradura, con hileras superpuestas de antiguas mansiones de piedra en armoniosos tonos albaricoques contra los acantilados en oro y bronce, o encaladas del blanco más puro y con postigos gris pálido: son casas austeras pero de proporciones exquisitas, cuyos magníficos muros y pesados portones en arco ocultan patios enlosados y jardines en bancales.”

Quiero mencionar las deliciosas ilustraciones de Nancy Dignan que son como pequeñas sorpresas. 

Os enlazo un pódcast en el que Aloma Rodríguez habla sobre esta novela, y un artículo de la Revista Mercurio, y os recuerdo la web dedicada a Charmian Clift (de la que he sacado la foto que encabeza esta entrada).

Vuestro turno, ¿conversamos?