Hasta el capítulo 5. "Bajo tierra seca", incluido

Castillejo del Bonete, Terrinches

“La sed nos lleva, nos empuja, nos pide; nos pide que hagamos, que pidamos, que busquemos. La sed es como la dopamina que nos impulsa y que segregamos cuando la saciamos. Un ciclo sin fin”.

Hola, amigos, amigas:

Seguimos leyendo y conversando en torno a esta obra híbrida, entre ensayo y memoria, de la escritora castellanomanchega Virginia Mendoza, esta semana, hasta el capítulo 5. Bajo tierra seca, que pone fin a la primera parte.

De estos tres capítulos, voy a resaltar algunas notas o, si queréis, impresiones. Se trata, solamente, de una selección, porque la autora aborda tantos temas, matices y detalles, en torno a la sed (a la ausencia del agua) y cómo esta nos ha configurado a lo largo de los siglos, que es imposible hacer un relato pormenorizado de todo ello. Sí de aquello que nos haya interpelado más, o quizás, de aquello que nos haya asombrado más.

  • El lenguaje. Las palabras. ¿Cuál fue la primera palabra?
  • La escritura, la mejor manera de transmitir mitos, creencias, leyendas, que, sin duda, nos reúne a todos, nos dota de entidad, de cultura.

“Si la cooperación fue clave en nuestra evolución, como se cree, dos grandes pasos evolutivos consistieron en crear historias compartidas, como las primeras creencias y los mitos de origen, y también los chismes. Todos ellos pudieron surgir de noche en torno a una hoguera. Pero no habrían podido nacer sin la primera palabra”.

  • El cuidado, la cooperación para conseguir seguir vivos. Pese a que el ser humano nunca ha rehuido el conflicto bélico, sino todo lo contrario, desde antes de nacer la agricultura y el sedentarismo, descubrimos que el cuidado de los otros era importante para seguir vivos.
  • La biodiversidad. Me parece muy importante que recoja cómo la ausencia del agua ha configurado la diversidad de la vida desde hace millones de años. Especialmente bonito ha sido el episodio de la ganga ibérica (que desconocía totalmente).
  • La investigación científica de otro tiempo, de la que ahora se cuestiona su ética en su práctica (sobre si los orangutanes y otros simios pueden hablar, o no).
  • Qué interesante y actual cómo aborda la celiaquía Virginia Mendoza. Otra de sus características es que se detiene a explicar y a desmontar bulos negacionistas o de moda, porque atañen, directamente, a nuestra salud.

“La Mancha amarillea al principio de cada verano porque allí el pan es sagrado. Los celíacos teníamo nombre desde hace unos dos mil quinientos años, pero nuestra enfermedad ha sido hasta hace poco una gran desconocida

El gluten no es más que una proteína presente en el trigo, la cebada, el centeno y, a veces, la avena, que daña el sistema digestivo de celíacos, intolerantes y sensibles al gluten, pero está presente en alimentos y bebidas que, como el pan y la cerveza, han tenido tradicionalmente un papel central en la alimentación y el ocio de varios países de Oriente Próximo y Europa, y que después se extendió a Estados Unidos y Australia. Mi diagnóstico revela que aunque el trigo permitiera a mis antepasados seguir donde querían, a mí me hubiera ido mejor nacer en Asia o América Latina, donde su lugar lo ocupan el maíz y el arroz.

Cada vez que se niega la existencia de esta proteína, o se dice que es un arma biológica de control social o una moda, o se banaliza afirmando sin ninguna base científica que una dieta sin gluten ayuda a adelgazar, o se confunde con la lactosa o el azúcar, se está poniendo en juego la salud de millones de personas.

  • Aborda y cuestiona axiomas asumidos desde hace décadas, por ejemplo, cuando explica las diferentes teorías en torno al nomadismo, la agricultura y el sedentarismo:

“De verdad habían desarrollado síndrome de Estocolmo antes del secuestro y eligieron con entusiasmo deslomarse de sol a sol? Esa narrativa es la que hoy empuja a recomendar duchas heladas para aguantar dieciocho horas de trabajo al día. Promover estrategias de hiperproductividad para soportar condiciones laborales infrahumanas al tiempo que se defiende volver a la dieta paleo de los cazadores-recolectores es quizá la última gran contradicción de este discurso que lleva aquí miles de años. Pero si la sociedad no se contara a sí misma esta historia, no podría seguir tolerando la idea de vivir para ganarse el pan y hacerlo con un cansancio constante. “

“Es difícil que lleguemos a saber siquiera si somos nómadas por naturaleza y sedentarios a la fuerza o viceversa, si el pan es salvador o tirano, si la agricultura nos secuestró o nos dio la quietud necesaria para innovar y crear o si todo eso fue fruto de la sed o de la saciedad”.

  • El Castillejo del Bonete, la Cultura de las Montillas, el saber tradicional de la búsqueda del agua, el botijo, los pozos, las humedades en los huertos... Me ha gustado mucho el capítulo 5., Bajo tierra seca. 

Pienso que la autora imbrica, de una manera magistral y meticulosa, su propia historia familiar y personal, con la historia del ser humano, relacionando al protomanchego de la Edad del Bronce, por ejemplo, con la civilización mesopotámica o egipcia, desvelándonos retazos fascinantes de nuestra propia historia.

¿Conversamos?