2ª parte. Hasta la declaración de Evelyn en 1920.

Libro que estamos comentando
Cubierta de una edición en inglés de La pequeña Eve.

Esta segunda parte está formada por tres capítulos y cada uno de ellos ocurre en momentos distintos de la novela. El primero se narra desde el punto de vista de Dinah en 1921, unos meses después de que sucedan las trágicas muertes de la Nochevieja anterior; en el segundo se escucha la voz de Evelyn unos años antes, en 1917, cuando acontecen los hechos que transforman la vida en Altnaharra y la comunidad que allí vive se cierra en sí misma y no mantiene contacto con el exterior; finalmente, el último capítulo sucede en 1931, cuando Dinah recuerda diez años después los detalles de la investigación judicial que confirma la declaración de Dinah en la que manifiesta que Evelyn fue la responsable de la muerte y de la mutilación del resto de los habitantes del castillo de Altnaharra.

Aunque Catriona Ward es estadounidense, por la herencia europea de la literatura gótica, este libro es muy británico. Ha  tenido la gran idea de ubicar toda la historia en un castillo en ruinas, en una isla azotada por el viento y las tormentas del Atlántico y en el norte de la costa de Escocia. Estos lugares encajan perfectamente en nuestro imaginario con las historias de monstruos marinos, ritos ancestrales y aislamiento rural ante las costumbres urbanas. En esas tierras tan inhóspitas y solitarias todo puede suceder.

Aunque la narración es extremadamente concisa, con frases cortas y muy descriptivas, la historia resultante se cuenta en un tono muy onírico a través de fragmentos de sentimientos e impresiones visuales. La trama puede parecer especialmente fantástica y, a veces, bastante confusa, pero según se van descubriendo las distintas capas se evidencia un relato más realista, en el que la vida en Altnaharra  se deja de percibir desde la perspectiva de El Tío y aparece el verdadero malvado John Bearings.

En el relato de Dinah (recordemos que es la única superviviente de los sucesos que ocurrieron en Altnahorra a principios de enero de 1921) ha pasado casi un año. Aparecen dos nuevos personajes, Rose y Mary, de los que no tenemos ninguna referencia. Las tres viven en la misma casa, no muy lejos de la isla y el castillo. Mary es un bebé que está vinculado a Dinah, aunque todavía no sabemos su parentesco.

Dinah todavía siente la influencia de la comunidad con la que ha convivido durante años, aunque en esta ocasión es una presencia obsesiva y negativa, de la que quiere alejar al bebé. Manifiesta temor a alguien o algo que no conocemos, a alguien que "Está muerta. No me puede hacer daño. Pero la llevo conmigo a donde quiera que vaya." ¿Qué o quién es esa presencia que tanto teme Dinah? ¿Será Eve, a quien ha acusado de ser la culpable de la muerte de todos los de la isla?

Rose muestra más tranquilidad y tiene más recursos para dominar sus emociones; por el contrario, Dina todavía está afectada por los hechos que le tocó vivir en Altnaharra.

El siguiente capítulo sucede en 1917, en plena I Guerra Mundial, y Evelyn es su protagonista. En el texto aparecerán varias referencias a la guerra que tendrán una importante vinculación con el argumento. En ese año, la vida en el castillo está centrada en el poder que El Tío ejerce sobre las mujeres y Abel; todos parecen estar sometidos a su voluntad y a su servicio.

Un hecho marca significativamente el destino de la comunidad. Hasta entonces los niños acudían a la escuela de Loyal y las mujeres mayores asistían al mercado del pueblo vecino, pero un incidente con el maestro, que propinó un severo castigo a Dinah, provocó la venganza de El Tío y de Evelyn. Ambos escribieron una carta destapando la relación que el maestro, Héctor MacRaith, tenía con una alumna, Sarah Buchanan. La carta la depositaron a escondidas en la casa del padre de Sarah, lo que provocó 
que este tuviera que lavar su honor matando al maestro pedófilo.

La policía investigó el crimen enviando a un peculiar inspector, Chistopher Black, que, enseguida centra sus pesquisas en Evelyn y El Tío. Son momentos convulsos en Altharrana. Nora y, especialmente, Alice, se enfrentan a las intenciones de El Tío de abusar de las niñas. Se produce un intento de huida de Alice con Evelyn que se frustra con la intervención de El Tío. ¿Hay grietas en la pasión controladora del hombre? Puede ser, pero no por parte de Evelyn. Ella mantiene una relación muy especial con El Tío. Puede que sea su sucesora en la comunidad.

El inspector Black utiliza a Evelyn para introducirse en los secretos de Altnaharra. La niña le habla del ojo, de las visiones, de los rituales en la playa con estados de catarsis del grupo. Todo lo parece asimilar el inspector, que va muy hábilmente, haciéndose una composición de lo que pasó en el asesinato de Hamish Buchanan.

Parece que Eve lo comprende todo, pero es todavía una niña que no ha tenido más contacto con la civilización que la escuela de Loyal. Cuando El Tío la rechaza por sus indiscreciones con el policía, el mundo se derrumba sobre su cabeza. Acude al policía en busca de comprensión y de ayuda, pero ese mundo de la ciudad no está hecho para ella. "Altnaharra es como una estrella dentro de mí, cada vez brilla más. El hedor del mundo, su corazón impío, se van diluyendo cuando se aleja de la casa."

Se escapa de Inverness y de la intención del policía de que testifique contra El Tío y destape los abusos y el maltrato que lleva cometiendo en el castillo desde hace años. Vuelve a casa sintiendo que la "bendición" la había abandonado cuando se marchó y que tiene que ser aceptada de nuevo por el grupo. La penitencia es horrible y desproporcionada. Tiene que sacarse un ojo para pagar sus pecados. "Ojo por ojo", como dice la Biblia, de la que tanto reniegan. A partir de ese momento deciden dejar de ir a la escuela y de mostrarse en los pueblos de alrededor.

El último capítulo de esta parte tiene como protagonista a Dinah en 1931, diez años después de las muertes de El Tío y los suyos. Dinah cuenta cómo en el juicio tuvo que reconocer los cadáveres que empezaban a descomponerse y tuvo que contestar a las preguntas que el juez le hacía como la única superviviente de la masacre de Altnaharra. Ella repite el mismo mantra que escuchó el joven Jaimie MacRaith cuando la atendió: la culpable ha sido Eve.