Hasta el capítulo 11, incluido
Hola, amigos, amigas:
En noviembre vamos a vivir, con Kya, en las marismas de Carolina del Norte. Una historia protagonizada por una niña extraordinaria, a la que acompañaremos en su crecimiento y su historia de superación personal.
Delia Owens, (Americus, Georgia, Estados Unidos) es zoóloga y etóloga. En 1974 se traslada a África con su entonces marido Mark Owens, a Bostwana y a Zambia, y, tras veintitrés años en el continente africano se instala en un rancho de Idaho. Owens había escrito, a lo largo de su trayectoria, diversos ensayos, y se dice que es tiempo de escribir una novela. Así, a sus 70 años, publica en 2018 La chica salvaje, que llega a nuestro país en 2019 y que se ha convertido en un best seller, adaptándose al cine en una versión muy recomendable, pero eso sí, para ver después de leer la obra.
La selección de esta novela para nuestro Club 17 está sustentada en diversas razones: se trata de un canto de amor a la naturaleza, a la biodiversidad y a la preservación de los espacios naturales como son las marismas, los pantanos, la costa marítima, pero también es una reivindicación de la importancia de la educación, la igualdad y los derechos de las niñas y las mujeres. Además, es una novela conmovedora que mezcla aventura, misterio, amor, y protagonistas inolvidables.
Kya es la menor de cinco hermanos y vive, con ellos y sus padres, en una casucha de mala muerte , ubicada en los pantanos de la costa de Carolina del Norte. En la casa no hay agua corriente, ni luz, todo está destartalado, y su padre, alcoholizado, sufre ataques de ira y agrede, constantemente, a su mujer y sus hijos. En estos primeros once capítulos, asistimos al abandono de Kya, primero por parte de su madre (agredida, violentada, que se marcha conmocionada con una maleta azul y sus zapatitos preferidos, de piel falsa de cocodrilo) y, después, hermano tras hermano, hasta llegar a su propio padre, cuatro años después de que lo hiciera la madre. Kya está tan sola y necesita tanto calor humano que hasta echará en falta el malhumor y la violencia de la figura paterna. Como lectores adultos entendemos que la marcha de la madre y de los hermanos de Kya (qué doloroso fue para ella, además de la ida de su madre, la de su hermano Jodie), responde a un intento por sobrevivir a los malostratos de un hombre violento... pero Kya se queda sola, muy sola.
Desde el primer capítulo, la estructura de la novela marca dos tiempos: 1969 con la aparición de un hombre joven muerto, Chase, y el pasado de Kya, desde aquel día de 1952 en la que se quedó mirando el camino... aguardando el regreso de su madre. Esto es, las décadas de los cincuenta y los sesenta.
Año tras año, vamos acompañando a Kya en sus grandes logros: aprender a cocinar, limpiar, pilotar la lancha maltrecha, escapar de los inspectores de educación, intentar no enfurecer a su padre, ganarse su propio sustento cuando ya no queda nadie a su lado. Kya posee una inteligencia poco común, un talento natural para comunicarse con los animales, a las que adora. Y a la marisma, que la acoge como una madre...
A la par, vamos acompañando a los policías y al forense en la investigación de la muerte de Chase, aquel 30 de octubre de 1969, en una aparente caída fortuita desde la torre. Chase era un joven guapo, fuerte, recién casado y que tenía múltiples aventuras extraconyugales.
En estos capítulos, la autora nos presenta a personajes importantes en la vida de Kya, como Tate Walker (el chico que la ayuda a volver a casa), su padre, Scupper, el camaronero que “le había dicho muchas veces (a su hijo) que un hombre de verdad es aquel que llora sin vergüenza, lee poesía con el corazón, siente la ópera en el alma y hace lo que haga falta para defender a una mujer”, la cajera del supermercado, Jumpin’, el hombre negro mayor que le compra los mejillones capturados, incluso a un Chase muy niño, atolondrado, alborotador y fanfarrón, el único hijo de un matrimonio muy bien posicionado económicamente en el pueblo.
Los prejuicios hacia los habitantes de la marisma (las ratas de agua) se trasladan a Kya, nadie parece advertir que es una niña abandonada en un terreno salvaje. Solo la naturaleza la acuna, la protege.
Contadme vuestras primeras impresiones sobre esta historia y “nuestra” Kya.