El Buscón, III

Libro que estamos comentando
Retrato de Francisco de Quevedo

Hola a todas y todos, seguimos con la lectura de este clásico del Siglo de Oro. Esta semana os propongo leer otras 50 páginas, es decir, del capítulo V del segundo libro al capítulo V del tercer libro, ambos incluidos. En mi edición iría de la página 206 a la página 254.

Es la penúltima semana, y os voy anticipando que tras el fallecimiento hoy de Mario Vargas Llosa la próxima lectura del club será "La fiesta del chivo".

Ah, y otra cosa, hoy, que andáis medio de vacaciones muchas y muchos, la entrada será cortita.

 

ESTA SEMANA

Creo que la lectura de esta semana es muy redondita.

Comienza con el viaje a la corte en compañía de don Toribio, quien será el encargado de contarle, de contarnos, las mañas para vivir y sobrevivir en la corte sin trabajar. Todo ese aprendizaje previo, esos dos capítulos del libro segundo y ese andar contando y asombrando (es verdaderamente tremendo) son el preámbulo perfecto para lo que leeremos en el tercer libro de El Buscón.

Porque el tercer libro y los capítulos que vamos a leer esta semana son la puesta en práctica de lo leído y aprendido en las páginas anteriores. Caemos con don Pablos en esa especie de patio de Monipido lleno de ladronzuelos, estafadores, truhanes, falsos, avispados... y convivimos con ellos hasta que la suerte les abandona.

Es interesante porque se convierte en un aprendizaje más, en un paso más en este camino en el que acompañamos al protagonista. Fijaos: primero sufrió el entorno y las injusticias; luego espabiló y se mostró como un avezado alumno en el arte de sobrevivir y sisar, pero todavía seguía en un espacio, digamos, seguro, junto a don Diego; después salió al mundo y observó en ese viaje (hasta la casa de su tío) la locura del tiempo que le tocó vivir; y en estos capítulos lo vemos, de nuevo, siendo parte activa de lo que sucede, pero ahora en la capital, ya fuera de su espacio seguro y conocido.

Le vemos otra vez como avezado alumno y con mañas propias, pero todavía siendo parte de una cofradía de ladrones y buscones. Sin embargo esto cambia ya en el último capítulo donde le vemos sólo del todo buscándose las habas.

Por último, esta semana hay momentos desopilantes, como las ropas que juntas no sumaban ni para la mecha de un candil (madre mía los artificios estos, qué locura), o como la noche en prisión sin poder pegar el ojo porque los demás no dejaban de abrirlo (es impresionante). 

Cómo escribe este hombre, por favor. Qué risas.

Pasad una buena semana, 

saludos cordiales, 

Pep Bruno