Desde el capítulo 6 hasta el capítulo 10, incluido
Queridas viajeras, queridos viajeros:
Esta semana comentamos cinco capítulos más, adentrándonos en tierras de África, tras un viaje por mar de mes y medio de duración, a bordo de una carraca:
“hubimos muchos vómitos y quebrantos y fiebres de la poca costumbre que se tiene por la parte de Zamora y Cuenca y Toledo de navegar sobre la mar de los peces y por el mucho cabecear que las ondas daban a la nao.”
Antes, Juan de Olid y sus acompañantes, estuvieron entreteniéndose y solazándose con paseos y juegos de torneos en la muy populosa ciudad de Sevilla. Lo cierto es que no dejan pasar oportunidad de divertirse de mil y una forma distintas, “algunas honestas y otras no tanto”.
Ya en tierras de África, desembarcan en el puerto de Safí, pasando allí algunos días, pero su estancia más dilatada la viven en Marrakech, una ciudad ya por aquel entonces muy grande e importante. En Marrakech viven de primera mano las intrigas y guerrillas entre los reyes, de hecho, los ballesteros se alquilan a uno de ellos para no estar de holganza... En realidad, esto le viene que ni pintado a Juan de Olid y a Manolillo el de Valladolid: las pagas van menguando y dentro de pocos días no tendrían ni siquiera para comer.
Cuando logran volver a salir de viaje, las mujeres quedan a cargo del genovés Aldo Manucio (menos Inesilla, que se entiende con el capitán de los ballesteros, Andrés de Premió), y todos los demás parten. Son meses de largo peregrinaje entre arenas del desierto, calor, sed, estrecheces... hasta llegar a la ciudad fundada por los tuaregs (esos hombrecillos “azules”, amos del desierto a los que han de pagar tributos para poder recorrerlo), Tombuctú, de donde parten, tras varias peripecias, en busca del unicornio y con un guía que los traiciona: les roba, les asalta...
Tras estos episodios lamentables, en el capítulo 10 tenemos a Juan de Olid junto con su hueste (Manolillo el de Valladolid se quedó con un amigo del que se hizo inseparable, rechazando continuar con la expedición, habida cuenta de que ya no había paga ninguna que poder distribuir entre los ballesteros), cazando y capturando cebras, de lo que se ríen y divierten mucho los autóctonos, mas ellos las comparan con una especie de burros de Cuenca y quedan tan reconfortados.
En estos capítulos Juan de Olid sigue destilando ingenuidad y prejuicios propios de la época (la forma en la que describe la manera de ser de los hombres y mujeres, concupiscente y libidinosa, pasando por alto que ellos son los que van a buscar a las “negras” que no tienen otra que ejercer la prostitución cuando llegan la caravanas, por ejemplo), la normalización de la esclavitud (aunque es cierto que le parece triste que tres de cuatro esclavos mueran en el desierto). Juan de Olid es un castellano aún joven, inexperto, recio y atractivo según los cánones, que parece sublimar todo (hasta su viaje en pos del unicornio) ante sus apetitos (comida, bebida, mujeres...).
“Tenía yo entonces veintitrés años recién cumplidos y el pelo negro como un tizón y robusto y joven el cuerpo y todos los dientes en su sitio y tan entero y sano como me parió mi madre”.
Gracioso ha sido el engaño de doña Josefina de Horcajadas, que acudía a buscarlo cada anochecer tapada y vestida como su doncella Inesilla, que a su vez era enamorada de Andrés de Premió... Curioso, porque él, pese estar prendado de doña Josefina, aceptaba de buen grado lo que creía que Inesilla le ofrecía... El humor se cuela acá y allá, así como la ironía y escenas terroríficas de violencia, castigos punitivos y salvajes asaltos. La sociedad del XV, los viajes de la conquista, del expolio de los llamados “hombres evolucionados”, poseedores de la verdad y de la verdadera fe, según su prisma.
Una cuestión interesante es cómo el escritor ha utilizado el lenguaje para contar este viaje legendario: el habla de aquellos siglos, con lemas, refranes, giros de aquella época y una prosa enrevesada. ¿Os está resultando difícil seguir la historia?
Algunos enlaces:
Corrida de sortija (juego de torneo medieval)
Mercado de Triana y restos arqueológicos del castillo de San Jorge (vídeo)
Safí (Marruecos) en la actualidad
Españoles en el mundo: Marrakech 1, 2 y 3
La Kotubía y La Giralda, dos torres hermanas que comparten más de lo que crees
Plaza de la Asamblea de la Muerte
El comercio de la sal en África Occidental
¿Conversamos?