Hasta "Si vas a Calatayud", incluido
Queridas viajeras, queridos viajeros:
Iniciamos un viaje, un doble viaje que vertebra pasado y presente, con la lectura del libro “El viaje de mi padre”, de Julio Llamazares. El autor, años después del fallecimiento de su padre, un maestro de escuela que apenas viajó, se echa a la carretera dispuesto a recrear uno de los pocos viajes de su padre, acaso el que más le marcara, el que con 18 años recién cumplidos realizó junto con Saturnino, estudiante como él. Un año después del inicio de la Guerra Civil, Saturnino y su padre deciden alistarse voluntariamente para conseguir librarse de la temida Infantería y de un destino aún más cruel y duro en la guerra. Es así como se unen al Regimiento de Telegrafistas, en un viaje que les llevó a recorrer buena parte de la Península.
Julio Llamazares se duele de no haber hecho caso de las palabras de su padre, de sus historias, pues “Es lo que pasa por no escuchar cuando puedes hacerlo: que luego te arrepientes de ello”. El destino, la vida, o el azar hacen que conozca, un día de vacaciones a Saturnino, aquel amigo de su padre (más que amigo, un hermano) con el que dejó su tierra natal para alistarse.
El escritor se pone en marcha también. Los mismo meses (con temperaturas más benignas), con otro medio de transporte (el coche, esto es, sin tener que depender de horarios ni sufrir esperas agotadoras en las estaciones), sin recibir órdenes y, por escenarios que, por fortuna, están muy alejados ya de aquella guerra... y se unen aquí los dos viajes, el del escritor que busca las huellas de aquel viaje tan importante para su padre en los diferentes pueblos, ciudades, campos, estaciones de tren... por las que pasea, deambula y reconstruye la historia.
Es este un libro que no busca dividir, sino todo lo contrario, y así se lee desde su dedicatoria.
Este recorrido por la España despoblada, por provincias castellanas que parecen detenidas en el tiempo, topónimos que al autor le recuerdan al Far West... un viaje crepuscular no exento de belleza ni de compasión por aquellos soldados jóvenes, muy jóvenes, que no tuvieron elección, como tantos otros.
De la provincia de León, por Palencia y Soria, para llegar a Aragón, a Calatayud... a veces es estremecedor comprobar que lo que fue un campo de concentración es ahora un hotel de cinco estrellas donde el personal, amabilísimo, nos atiende con una sonrisa permanente. El tiempo y la desmemoria. ¿Será verdad que los lugares conservan la memoria de todos los que por allí pasaron, amaron, sufrieron?
¿Alguna vez habéis hecho un viaje de este tipo, movidos por las historias de algún familiar o amigo?
Comparto por aquí algunos enlaces, si bien las descripciones son tan vívidas, que en muchos casos ni hacen falta...
Un país para leerlo. León, y el poeta Antonio Gamoneda
Vuestro turno.
(Fotografía de Calatayud: Por Luidger - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0.)