Hasta “Noche en Morella”, incluido
“No hay poesía en la guerra”, leí en uno de los libros que me acompañan en este viaje por los escenarios del que mi padre hizo hace mucho tiempo y del que nunca nos habló demasiado a sus hijos, seguramente porque le dolía.
Queridas viajeras, queridos viajeros:
Continuamos acompañando a Julio Llamazares en este viaje tan singular. Ahora, nos encaminamos al mar desde Aragón: Zaragoza, los pueblos de la ribera del bajo Ebro, Caspe, Alcañiz, Morella...
Los paseos de Llamazares por las ciudades y pueblos, evocando aquel pasado en el que Saturnino y su padre, dos reclutas jóvenes e ingenuos, pasearon a su vez, solos o ennoviados, nos llevan a los encuentros del propio autor con los “naturales” de cada lugar. El alguacil de Fuentes de Ebro, que no le reconoce y solo después de que la bibliotecaria lo alerte, regresa junto a él para enseñarle el pueblo fantasma de Rodén, la quiosquera de Zaragoza que no sabía que su azar diario lo presidía una sirena, el matrimonio de profesores de Caspe que ponen al día al escritor sobre la miríada de nacionalidades que habitan la ciudad, el morellano que no perdona a su padre que se pasara al otro bando para salvar su vida (no hay que olvidar que muchos de aquellos soldados, reclutas, hicieron la guerra en el bando que les tocó, enfrentados a hermanos, a primos, a amigos...)...
Conectando con esto, me ha resultado especialmente doloroso el testimonio del vecino de Quinto, cómo los falangistas de Zaragoza recorrían los pueblos preguntando ¿quién sobra aquí?, y si el alcalde respondía que no sobraba nadie, no se fusilaba a nadie, y viceversa. Las rencillas enquistadas, las envidias, las disputas familiares y otras mezquindades fueron el caldo de cultivo para propiciar que se cometiesen tamaños crímenes.
Respecto a los pueblos y ciudades que visita Llamazares en este tramo de capítulos, guardo un recuerdo atemorizado de Morella y la carretera del Maestrazgo que bajaba hasta el valle, buscando el mar. Por la noche, esas curvas son endiabladas y más si los camiones, adelantan al coche en el que viajas, apurando la distancia... Por lo demás, Morella relucía como una auténtica joya.
Destacar la novela Luna de lobos (en torno a los maquis) que el autor regala como un detalle de agradecimiento (qué bueno que haya gente que no le reconozca, que no sepa quién es cuando les da su libro), la tenéis disponible en eBiblio Castilla-LaMancha (hay varios ejemplares, y es imperdible).
Seguimos conversando...