2- Fernando Pessoa. El poeta es un fingidor. Antología poética
2- Fernando Pessoa. El poeta es un fingidor. Antología poética
En este lunes, 9 de marzo 9 de marzo, leeremos de la pág. 228 hasta la página 357, los poemarios «El guardador de rebaños» (1911-1912) de Alberto Caeiro y «Poemas inconjuntos» (1913-1915) de Alberto Caeiro, «Odas» (1914-1934) de Ricardo Reis.
Mi entusiasmo crece por momentos. Estoy fascinada con la poesía de Pessoa.
Si de Cancionero dijimos que representa la nueva poesía portuguesa en el que reúne una serie de canciones: «poemas que contienen emociones» y
«está compuesto por tres elementos vaguedad, sutileza y complejidad».
Y de Mensaje que es un poemario que exalta el misticismo sebastianista portugués (es una forma de mesianismo nacional que, tras la desaparición de Don Sebastián en Alcazarquivir (1578), convirtió al rey ausente en figura mesiánica cuya vuelta milagrosa restauraría la grandeza perdida de Portugal) y además fue el único poemario suyo publicado en vida de Pessoa y aunque creo que es el poemario de más difícil identificación.
Alberto Caeiro me tiene deslumbraday Ricardo Reis me asombra (pero no me haya encandilado de igual modo).
Esta semana, como os comenté leeremos parte de tres poemarios de dos de los heterónimos de Fernando Pessoa.
Alberto Caeiro destaca la importancia de lo pequeño, y de ver las cosas las cosas tal como son, lejos del simbolismo o espiritualismo, y muy alejado del grandilocuente misticismo sebastianista portugués del Pessoa del poemario anterior (Mensaje) que ya hemos leído.
En la biografía ficticia que Pessoa creó para este heterónimo, Alberto Caeiro fue un poeta que nació en Lisboa, Portugal, el 16 de abril de 1889 (o en otra anotación 1887) pero que vivió mayor parte de su vida en el campo, en un pueblo de la provincia de Ribatejo, donde escribió la mayoría de sus poemas. Recibió una educación básica. Y murió joven, en 1915, de tuberculosis. Representa la figura del poeta natural, intuitivo y rural, en contraposición a la intelectualidad y la angustia metafísica de otros heterónimos.
Caeiro se jacta de ser ignorante en materia literaria y de tener poca educación. Describe sus primeros poemas recopilados en El guardador de rebaños como una obra iniciática. Desarrolló una poética propia basada en el verso libre y una visión del mundo que primaba la experiencia inmediata y rechazaba los intentos de encontrar una verdad profunda o un significado en las cosas, el pensamiento de este heterónimo se sostiene en el llamado neopaganismo o conjunto de prácticas religiosas no cristianas basadas principalmente en la adoración de elementos naturales y el hedonismo (el disfrute y el placer de la observación de la naturaleza).
Alberto Caeiro fue un personaje muy importante en el universo ficticio de Pessoa que lo denominó ficciones de interludio (ficções do interlúdio).
Funcionó como alguien a quien los otros heterónimos de Pessoa admiraban, e incluso bajo su nombre real, Pessoa describió a Caeiro como su maestro.
Pero no nos dejemos engañar, la poesía de Caeiro es de las más elaboradas por sencilla y profunda a la vez de las que yo como lectora me haya encontrado.
· «El guardador de rebaños» (1911-1912) de Alberto Caeiro
La antología reúne 31 poemas de un total de 49.
Señalo los que me han interesado a mí.
1 Este poema es toda una declaración de intenciones:
Pensar es incómodo como andar bajo la lluvia
cuando el viento arrecia y parece que llueve más.
No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta es mi manera de estar solo.
....
mirando a mi rebaño y viendo mis ideas,
o mirando a mis ideas y viendo mi rebaño
y sonriendo vagamente como quien comprende lo que se dice
y quiere fingir que lo comprende.
2 ...
Me siento nacido a cada instante
a la eterna novedad del Mundo...
Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo. Pero no pienso en él
porque pensar es no comprender...
El mundo no se ha hecho para que pensemos en él
(pensar es estar enfermo de los ojos),
sino para que lo miremos y estemos de acuerdo...
Yo no tengo filosofía: tengo sentidos...
Si hablo de la naturaleza, no es porque sepa lo que es,
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama
ni sabe por qué ama, ni lo que es amar...
Amar es la eterna inocencia,
Y la única inocencia es no pensar...
4 Reflexión sobre el misterio del mundo de las cosas y de Dios
Hay suficiente metafísica en no pensar en nada
6 Una curiosa lección acerca de lo que nuestro entorno provoca en nuestra manera de percibir el mundo
Porque yo soy del tamaño de lo que veo
Y no del tamaño de mi estatura...
En las ciudades, la vida es más pequeña.
7 Este poema da sentido al título y a todo el poemario
Soy un guardador de rebaños.
El rebaño es mis pensamientos
y todos mis pensamientos son sensaciones.
12 Creencias, creer en los cuentos en las historias, en la narración oral que se transmite de generación en generación.
13 Se ensalza lo pequeño, lo cotidiano, lo conocido.
El río de mi aldea no hace pensar en nada.
Quien se encuentra a su lado, sólo a su lado está.
14 Este poema habla de entregarse a los sentidos, ni más ni menos, me encanta el cómo.
Como el que un día de verano abre la puerta de su casa.
16 Seguimos en la misma línea, en destacar la importancia de lo pequeño, y de ver las cosas las cosas tal como son, lejos del simbolismo o espiritualismo, y muy alejado del grandilocuente misticismo sebastianista portugués del Pessoa de Mensaje.
Las pompas de jabón que este niño
se entretiene en soltar de una pajita
son, translúcidamente, toda una filosofía.
Claras, inútiles y pasajeras como la naturaleza,
amigas de los ojos como las cosas,
son lo que son
con una precisión redondita y aérea,
y nadie, ni siquiera el niño que las suelta,
pretende que sean más que lo que parecen ser.
Algunas apenas se ven en el aire claro.
Son como la brisa que pasa y casi no toca las flores
y que sólo sabemos que pasa
porque algo se aligera en nosotros
y lo acepta todo más nítidamente.
17 Reflexión sobre el significado de la belleza, que no deja de ser una convención.
18 No deja de asombrarme esa especie de humildad que transmite su poesía que reflexiona sobre el yo poético que cuanto más sabe, sabe que menos sabe.
Bendito sea yo por todo lo que no sé.
Gozo de todo ello como quién sabe que el sol existe.
21 Fabuloso. En este poema podemos apreciar la negación del simbolismo y de la interpretación intelectual de la realidad. Las flores, según Caeiro, «no sonríen», aunque —poéticamente— diga que sí. Esa paradoja revela su propuesta de poesía de la percepción inmediata, libre de abstracción o sentimiento metafísico. Par él conocer es ver, no interpretar
Poema compuesto en verso libre, sin rima ni patrón métrico regular. No sigue modelos clásicos de medida ni cadencia, lo que refuerza la espontaneidad y naturalidad de la voz poética.
Si a veces digo que las flores sonríen
y si dijese que los ríos cantan,
no es porque crea que hay sonrisas en las flores
y cantos en el curso de los ríos...
Es porque de esta forma hago sentir mejor a los hombres
falsos
la existencia verdaderamente real de las flores y de los ríos.
Porque escribo para que me lean ellos, me sacrifico a veces
a la estupidez de los sentidos...
No estoy de acuerdo conmigo, pero me absuelvo,
porque sólo soy esa cosa seria, un intérprete de la naturaleza,
porque hay hombres que no entienden su lengua,
por no ser lengua alguna.
23 Redunda de una manera magnífica en la misma idea del poema anterior.
26 Desde la ironía muestra lo irrelevantes que somos los seres humanos.
27 Delicioso y de una belleza tan exquisita... «ave que pasa y no deja rastro...»
Antes el vuelo del ave, que pasa y no deja rastro,
que el paso del animal, que deja un recuerdo en el suelo.
El ave pasa y olvida, y así debe ser.
El animal, donde ya no está, y por eso de nada sirve,
muestra que estuvo antes, lo que no sirve para nada.
El recuerdo es una traición a la Naturaleza,
porque la Naturaleza de ayer no es Naturaleza.
Lo que ha sido no es nada, y recordar es no ver.
¡Pasa, ave, pasa, y enséñame a pasar!
30 Una bella despedida...
31Y ahí fuera un gran silencio, como el de un dios que duerme.
Su otro poemario es
· «Poemas inconjuntos» (1913-1915) de Alberto Caeiro
1 Este poema me ha parecido una fantástica y sutil ironía que rebate la tesis filosófica del Mundo de las Ideas de Platón, situándose justamente en las antípodas. Este poema podría perfectamente representar el pensamiento Caeirodiano, funciona como una poética fundacional del propio Caeiro.
2
¿Qué filosofía es la que llega a una certidumbre mayor?
Ninguna, y ninguna puede venir a jugar a mi puerta.
3 La felicidad como algo mucho más sencillo y sensorial de lo que siempre hemos pensado.
4 ME IMPRESIONA ESTE POEMA.
Nos adentramos en la verdadera metaliteratura y en el metalenguaje, y me pasma la facilidad poética y hermosamente bella de Pessoa, quiero decir: Caeiro de decir y reflexionar «porque cada cosa es una manera distinta de decir lo mismo».
La espantosa realidad de las cosas
es mi diario descubrimiento.
Cada cosa es lo que es,
y es difícil explicarle a nadie cómo me alegra esto,
y cuánto me basta.
Basta existir para sentirse completo.
He escrito muchos poemas.
He de escribir muchos más, naturalmente.
Cada poema mío lo dice,
y todos mis poemas son distintos,
porque cada cosa es una manera de decir esto mismo.
A veces me pongo a mirar una piedra.
No me pongo a pensar si siente.
No me extravío llamándole hermana mía.
Pero me gusta por ser una piedra,
me gusta porque no siente nada,
me gusta porque no tiene ningún parentesco conmigo.
Otras veces oigo pasar el viento,
y me parece que sólo para oír pasar el viento vale la pena haber nacido.
No sé qué pensarán los demás cuando lean esto;
pero me parece que esto debe estar bien porque lo pienso
sin esforzarme,
ni idea de que nadie vaya a oírme pensar;
porque lo pienso sin pensamientos,
porque lo digo como lo dicen mis palabras.
Una vez me llamaron poeta materialista.
Y me extrañó, porque yo no pensaba
que se me pudiese llamar nada.
Yo ni siquiera soy poeta: veo.
Si lo que escribo tiene algún valor, no soy yo quien lo tiene:
el valor está allí, en sus versos.
Todo esto es absolutamente independiente de mi voluntad.
5 Poema que recuerda a Heráclito de Éfeso (535 a.C - 480 a.C) cuando escribió: No se puede sumergir dos veces en el mismo río. / Las cosas se dispersan y se reúnen de nuevo, se aproximan y se alejan.
O como dice Caeiro:
Nada torna, nada se repite, porque todo es real.
6 Interesante
10
Me importa poco.
Me importa poco ¿qué? No sé: me importa poco.
11
y sintió que el aire le abría de nuevo, más dolorosamente,
una libertad en el pecho.
12 ¿O qué diferencia los seres humanos de los dioses?
También sé hacer conjeturas
13 Y, por último, otra despedida fabulosa en este nuevo poemario.
Vamos con Ricardo Reis otro de los heterónimos de Fernando Pessoa, quien lo crea como un médico monárquico nacido en Oporto en 1887, educado con jesuitas y exiliado en Brasil tras la proclamación de la República, profundamente pagano, estoico y epicúreo, según Pessoa: latinista por educación ajena y «semihelenista» por formación propia. Entre 1914 y 1934 (en realidad hasta 1935) Pessoa escribe bajo este nombre un conjunto de odas de corte clásico que constituyen el núcleo del libro «Odas»
Reis aparece como discípulo de Alberto Caeiro: recoge su lección de contacto con la naturaleza, pero la somete a forma horaciana y a reflexión filosófica.
· «Odas» (1914-1934) de Ricardo Reis
Aunque Ricardo Reis compuso odas durante dos décadas, el conjunto no se publicó como un libro único en vida de Pessoa; las ediciones posteriores recopilan alrededor de 50 a 60 poemas principales, dependiendo de la selección crítica, con énfasis en los publicados en revistas como Athena (1924)
De este poemario en esta antología hay 44 poemas.
Reis adopta deliberadamente la oda como forma: composición heredera del poeta latino Horacio (65 a. C – 8 a. C) de tono meditativo y de alabanza sobria.
Sus poemas se ajustan a una métrica regular, con estrofas equilibradas y un léxico depurado, y se han descrito como “neoclásicos” por el uso de estrofas y sintaxis de sabor latino (anástrofes, hipérbatos). En algunos casos se reconoce la tripartición tradicional de la oda (estrofa, antistrofa, epodo: planteamiento, desarrollo y conclusión), que refuerza la sensación de orden racional frente al caos vital
La poesía de Reis gira en torno a la búsqueda de tranquilidad, de serenidad de ánimo, y de toma de conciencia de la fugacidad de la vida. Retoma motivos horacianos como el carpe diem (aprovechar el presente), la aurea mediocritas (el término medio), el beatus ille (retirarse a una vida apartada y simple), o la vida como río que fluye sin detenerse. Combina epicureísmo (goce moderado de los placeres, amor contenido, disfrute de la naturaleza) y estoicismo (aceptación del destino, rechazo de las pasiones desbordadas, conciencia de la inutilidad del esfuerzo por cambiar lo inmutable). Recurre constantemente a referentes mitológicos y filosóficos..
1
3 Los dioses son los mismos,
siempre claros y calmos,
llenos de eternidad
y desprecio hacia el hombre...
4 ¿Este poema es una declaración de amor? ¿Qué si no?
7 Al sol siéntate. Y abdica
para ser rey de ti mismo.
9 Este poema me ha recordado a Juan Inés de la Cruz por sus juegos de palabras, su ingenio y sus continuos referentes mitológicos.
12 Interesante visión sobre el designio de los dioses
El 15 y el 16 nos recuerda que siempre ha habido deidades, porque así lo hemos querido.
17 Este poema relata una anécdota sobre dos jugadores de ajedrez inmersos en su partida durante una invasión bélica en Persia. Este texto ejemplifica la filosofía epicúrea y neoclásica de Reis, centrada en la tranquilidad y el desapego ante el caos externo.
el jugador solemne de ajedrez,
....
sigue jugando el juego predilecto
de los indiferentes.
19 Poderoso verso final que explica muchas cosas...
Los dioses son dioses
porque no se piensan.
23
El resto es nada
24 Travieso juego de palabras
No sólo vino, sino olvido echo
en la copa; y me alegro, que la dicha
ignara es.
29
Nada, sino el instante me conoce.
Nada es recuerdo de mí mismo, y siento
que quien soy y fui
son sueños diferentes.
30 ¿Es el amor un obstáculo? Se pregunta Ricardo Reis en este poema.
No sólo quien nos odia o nos envidia
nos limita y oprime; quien nos ama
no menos nos limita.
Los dioses me concedan que, desnudo
de afectos, tenga la fría libertad
de las cumbres yo goce.
Quien quiere poco, tiene todo; quien
nada, es libre; quien no tiene, y no desea,
hombre, es igual a los dioses.
32 ¿Estamos a merced de los dioses?
36
Para ser grande, sé íntegro: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así la luna entera en cada lago
brilla, porque alta vive.
39 Esta oda se compone de versos libres sin medida regular ni rima fija, agrupados en estrofas de cuatro versos, donde el último suele ser un pie quebrado funcionando como sentencia que resume la estrofa
Es tan suave la fuga de este día
Lidia, que no parece que vivimos.
Sin duda que los dioses
a esta hora nos son gratos.
…
Sólo un instante nos sentimos dioses,
por la calma, inmortales, que vestimos
y altiva indiferencia
a cuanto es pasajero.
Desde el poema 40 al 44 Ricardo Reis nos ofrece ofrece una de las reflexiones más maduras y serenas del autor sobre los dioses clásicos, especialmente en torno a su función simbólica y filosófica dentro de su visión estoico-pagana del mundo.
41 Se muestra la distancia entre lo divino y lo humano Reis subraya la imposibilidad del hombre de alcanzar la conciencia divina. Los dioses viven "sin propósito", sin angustia. La diferencia esencial es la conciencia humana del tiempo y la muerte, frente a la serenidad eterna de los dioses.
Que me olviden los dioses sólo quiero.
Seré libre, sin dicha ni desdicha,
como el viento que es vida
del aire, que no es nada.
El odio y el amor nos buscan; ambos,
cada uno a su manera, nos oprimen.
A quien nada conceden
los dioses, ése es libre.
42
Que me concedan no pedirles nada
pido a los dioses. Un yugo es la dicha
y ser feliz oprime
por ser un cierto estado.
Y no quiero ni inquieto mi ser calmo
Sobre donde los hombres erguir quiero
placer o dolor sienten.
43
Mi gesto que destruye
a la masa de hormigas,
lo tomarán por ser de un ser divino;
mas yo no soy divino para mí.
Así tal vez los dioses,
para sí no lo sean,
y porque son mayores que nosotros
para nosotros piensen que son dioses.
Sea lo que sea lo cierto,
Incluso para esos
que creemos ser dioses, no seamos
firmes en una fe tal vez sin causa.
44 Parece que para Reis los dioses existen porque los pensamos
Bajo leve tutela
de dioses impasibles
quiero gastar las concedidas horas,
de esta emplazada vida.
Nada pudiendo en contra
el ser que me formaron,
deseo que haya el Hado al menos
dado paz por destino.
De la verdad no quiero
más que vida: los dioses
dan vida y no verdad, y acaso ni ellos,
conozcan la verdad.
Por último, os dejo con su bibliografía esencial (en vida y póstuma)
En vida publicó muy poco en libro; la mayor parte de su obra se recuperó del célebre “baúl” tras su muerte.
·Libros en inglés publicados en vida:
- Antinous (1918).
- English Poems (1921, en varios cuadernos).
·Libro en portugués publicado en vida:
- Mensagem (1934).
·Obras póstumas destacadas (ediciones organizadas a partir del archivo):
- Poesía heteronímica y ortónima en múltiples volúmenes: poemas de Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos y el propio Pessoa, editados en antologías y “Obras completas” desde 1942.
- Prosa y ensayo:
Páginas íntimas e de auto‑interpretação (1966).
Páginas de estética y de teoría y crítica literarias (1966‑1967).
- Textos filosóficos (1968).
Da República y escritos políticos (ediciones posteriores).
Libro del desasosiego (Livro do Desassossego), gran mosaico fragmentario atribuido sobre todo al semi‑heterónimo Bernardo Soares, editado por primera vez en 1982 y luego en diversas ediciones críticas.
En castellano existe hoy una amplísima oferta: ediciones del Libro del desasosiego, antologías de poesía ortónima y heterónima, Mensaje, Cartas a Ofélia, y selecciones de ensayos, según sellos y traductores.
Espero lo disfrutéis.
Seguiremos con la poesía de Pessoa el próximo lunes 16 de marzo.
Un abrazo.
Paula Carbonell