Hasta el capítulo VI, incluido

Libro que estamos comentando
Chioggia, la pequeña Venecia

¿Soy yo la que reacciona con una mueca de disgusto a esa procrastinación ambigua, por no decir altamente sospechosa? ¿Yo, precisamente yo, la que deja caer los periódicos desde la cama, pensando bah, qué rollo, qué pérdida de tiempo, qué hago yo ahora con estas horas libres?

Una pregunta imperdonable, en Venecia. Pero es que yo no he sabido aprovechar nunca para mi beneficio las pausas, los tiempos muertos. Me impacientan, me molestan. Conozco montones de personas que funcionan al revés, que conciben la vida como un asunto alegremente intersticial, saben exprimir la ocasión inesperada, saltan encima del huidizo instante.

Queridas viajeras, queridos viajeros:

Avanzamos en nuestra estancia lectora en Venecia. Esta semana leemos y conversamos en torno a los capítulos 4, 5 y 6 (incluido) y asistimos, por fin, a un nuevo encuentro entre Mr. Silvera y esa mujer (no sabemos su nombre, ni su apellido, aunque intuimos su edad, sabemos que es anticuaria, italiana, casada con un marido veinte años mayor, bella, mundana e inteligente. De mirada profunda, nada superficial, aunque sabe moverse con soltura en ambientes de liviandad). Ah (que diría Mr. Silvera), con su sonrisa de brizna de hierba.

Cuánta atracción.

La primera mirada, el primer beso, la primera noche de amor no son nada en comparación con la primera risa juntos. Ese es el contacto decisivo, el verdadero punto de inflexión.

Ella y Mr. Silvera recorren Venecia abrazándose apasionadamente, olvidando cualquier prevención, dejándose llevar por un misterioso y arrebatador enamoramiento.

Quién sabe, comentó él, si alguien habría pensado alguna vez en compilar una guía turística, un plano de la ciudad desde ese punto de vista. A Kissing Map of Venice, el mapa veneciano de los besos, o algo parecido.

¿Qué os parece esta historia de amor entre el mistery man que dice que el tiempo es inmaterial y la bella italiana (hasta ahora práctica, sensata) que nunca ha experimentado una atracción semejante? Es todo tan intenso y tan vertiginoso, que en pocas horas ella experimenta todo el abanico del enamoramiento: el extrañamiento, el hechizo, la locura de sentirse viva y más guapa que nunca, el miedo a no verle nunca más. Mr. Silvera parece amarla, pero a mí se me antoja que está más sosegado, más sereno. Con más experiencia, tal vez.

En estos capítulos aparecen otros personajes igual de fascinantes (o casi) que nuestra pareja enamorada: uno de mis favoritos es el portero Oreste Nava, que ha trabajado casi cincuenta años en grandes hoteles de Europa, América y Singapur y que, ahora, se duele de cómo han cambiado los tiempos; o Raimondo, el amigo veneciano que esconde su noble corazón bajo unas formas frívolas, que está intrigado por su affair y le promete que investigará quién es su hombre misterioso (o, tal vez, le lanza una advertencia.

No podemos olvidar que ella es anticuaria y ha viajado a Venecia por unos cuadros que, a fin y a la postre, no parecen ser más que unos “pintarrajos”, pero vuelve a visitarlos con David Silvera y allí... descubren lo que ella denomina un infiltrado “un falso hecho ahora”. Es exactamente lo mismo que el patacón que él le regala en los primeros minutos de su conversación en la calle comercial: una moneda falsa acuñada en el siglo XVII... ¿Esta “falsedad hecha ahora” tendrá algo que ver con Silvera, con su pasado, con su presente? ¿A quién tiene que ver Mr. Silvera? ¿Está en peligro? ¿Es un estafador? ¿Un espía?

Nuestros protagonistas, instalados en la suite del lujoso hotel donde presta sus servicios Oreste Nava, están invitados a una cena, a la de la prima de Raimondo, Cosima. De momento, les hemos dejado en la sala oscura y fría de los cuadros, observando, asombrados, al cuadro “infiltrado”.

Os dejo algunos enlaces:

¿Conversamos?