Hasta el capítulo IX, incluido
Queridas viajeras, queridos viajeros... continuamos avanzando en nuestra estancia lectora en Venecia.
Esta semana, leemos y conversamos desde el capítulo VI, al IX (incluido).
Durante estos capítulos, el personaje de Mr. Silvera se vuelve más y más enigmático. Un hombre que habla perfectamente varios idiomas (hasta en chino), que se comporta según los más estrictos y exquisitos códigos de protocolo (qué maravilla ese consomé), y cuyo comportamiento no solo admira Oreste Nava, (qué bueno que Cosima quisiera que fuese él quien sirviese la cena en su mansión tardorrenacentista, a tenor del accidente de su sirviente con la alfombra maldita), un hombre que sabe apreciar la historia de los objetos, de la ropa (esa decisión de ir a una strazzeria y comprarse un traje de segunda mano, porque el estilo, la elegancia, no se compran, no), de las casas, un hombre al que la mujer romana, bellísima (la princessa, que diría Nava) imagina sabio, atractivo y perfectamente capaz de vivir en cualquier siglo. En todos los siglos.
“La certeza de no ser, de no poder ser, la única y definitiva mujer de Mr. Silvera me pareción lo más terrible que me podía pasar en la vida”.
Y los celos de ella, espectadora del acercamiento entre David y la anfitriona (la superficial, bellísima y diletante Cosima, siempre preocupada por conseguir Presidentes de tal o cual para sus cenas), el rostro de ella, el murmullo de la conversación, su impotencia ante la súbita pérdida de la atención de su amante. Esa escena, teatral, dramática y un tanto absurda, que se da en el vano de la ventana, oculta entre pesadas cortinas y que ella no sabe cómo interrumpir, cómo participar, al menos.
El paseo de vuelta al hotel, la espera del vaporetto, la llegada, la llamada que espera a Mr. Silvera, la noche de encuentro entre los amantes, pese al distanciamiento que ella ha sentido durante toda la velada.
¿Quién es Mr. Silvera? ¿Cómo se resolverá su historia de amor con ella, la princessa romana? ¿Quién le ha llamado? ¿Qué le ha contado a Cosima? ¿Raimondo habrá logrado que Cosima se sincere con él?
En cuanto apareció Oreste Nava en el paisaje de nuestra novela, comentamos cuánto nos gustaba, y es que es un personaje memorable, también, sabio:
“En ciertos momentos, con ciertas mujeres, (no más de una, dos) “esa cosa” uno tenía la impresión de hacerla con cielos y océanos, con el universo entero, planetas, cometas, estrellas fugaces. Sí, y que tenían que ver también las hormigas, las hojas, las piedras”.
Desdeñoso y resignado ante la posible merma de la calidad en el trabajo y en el comportamiento de la juventud (Luigi es el contrapunto irreverente, osado y hasta payaso, del comportamiento estirado e irreprochable de Nava).
Siguen las descripciones de la ciudad de los pasos, los paseos, la inmensa belleza de los canales, los palazzo, los campi, las iglesias, los puentes. Y la prosa de Fruttero y Lucentini, líquida, lagunar, que deja en el lector casi el mismo rastro de una luna llena en la laguna de Venecia (¿os pasa también a vosotros?
Comparto por aquí algunos enlaces:
- Barrio judío, historia y qué visitar
- Sacca de la Misericordia: el trozo que le falta a Venecia
- Fondamenta della Misericordia. Interesante “glosario” sobre los nombres de las calles de Venecia (con canales, sin canales, descubiertas...)
- El Carnaval veneciano
- Casino degli Spiriti
- Rapto de Europa (Veronese y alumnos)
- Campo de la Abbazia y Santa María de Valverde
- Iglesia de San Marcuola y embarcadero flotante
¿Conversamos?