3ª parte. Hasta el capítulo 22.
"Venecia no puede más y decide en las urnas si limita o no el número de turistas" es el titular que puede leerse estos días en la prensa ante las recientes elecciones municipales que se celebrarán en Italia. El turismo masificado (34,5 millones en 2025 frente a, por ejemplo, Barcelona, diez veces más grande, con 26 millones) y la subida del nivel del mar son los grandes peligros que amenazan la supervivencia de la espléndida ciudad.
Nada de esto aparece en "Un mar de problemas", publicada en 2001, ni el turismo ni la subida de las aguas. El agua en la novela es la de la laguna por la que se mueve Brunetti en las lanchas de la policía para cruzar desde la isla de la capital hasta la vecina y enfrentada Pellestrina. También es, o era a principios del siglo XXI, la forma de vida de la mayoría de los habitantes, que se dedicaban al tradicional oficio de la pesca. Del turismo hay pocas referencias, si acaso alguna a los turistas que llegan a los pueblos de Pellestrina a saborear los tradicionales platos de pescado y marisco. Sin embargo, parece que Donna Leon está describiendo una sociedad y unos oficios que están cambiando; es posible que los conflictos entre los pescadores sean las causas de las muertes que Brunetti investiga, aunque puede que sean otros tipos de conflictos, relacionados con entidades más poderosas, los que siembran el silencio entre los pescadores que frecuentan los bares y restaurantes. Por otro lado, las almejas que rechaza Vianello no pueden librarse de la contaminación que impera en las aguas de la laguna.
Ya hemos podido comprobar que en "Un mar de problemas" no vamos a encontrar casquería superflua, violencia gratuita ni la tensión forzada de cualquier thriller de moda. Esta novela no solo se inscribe en el género de la novela policíaca, sino que también se convierte en un medio de reflexión crítica sobre la sociedad contemporánea, la política, el medio ambiente y los dilemas éticos que la humanidad enfrenta en la actualidad. ¿Suena pretencioso? Tal vez, pero Brunetti tiene ya la suficiente experiencia como para estar ya a la altura de todo sin renunciar a hacer bien su trabajo. A través de una trama intricada y personajes bien desarrollados, Leon ofrece un análisis profundo de la vida en Venecia y su laguna, ciudades y formas de vida que se transforman en un personaje más de la narrativa.
A pesar de que llevemos leída más de tres cuartas partes de la novela y de que hayamos añadido un cadáver más, el de la signora Follini, a los dos encontrados en el principio de la historia, los de Giulio y Marco Bottin, la investigación avanza a un ritmo pausado, sobre todo si tenemos en cuenta los estándares de la novela actual, en la que los investigadores resuelven los casos a golpe de inspiración divina o pista hallada por casualidad.
Los superiores del comisario le han dejado solo como responsable en esta investigación. Él se dedica al caso de forma exclusiva y parece disponer de los efectivos suficientes para dedicarlos a escarbar en el cerrado mundo de los pescadores de Pellestrina. Si acaso, se percibe una cierta frustración por no contar con la colaboración de otros cuerpos policiales para obtener datos que le facilitarían la investigación, por ejemplo, en materia fiscal o en la información digitalizada de los individuos que puedan ofrecer pistas fiables, porque en todo lo relacionado con el trabajo de calle de la policía, Brunetti, Vianello y compañía se aplican con gran dedicación y criterio. Visitan y preguntan a los vecinos, indagan en los contenciosos que hayan tenido las víctimas con sus conciudadanos, investigan en sus historiales policiales, quieren conocer a sus posibles enemigos, pero acaban enfrentándose a un muro de silencio que, por miedo o por solidaridad, oculta las verdaderas causas que han causado las muertes de los tres parroquianos de Pellestrina. También se producen las significativas desapariciones de algunos que han hablado en primer momento con la policía, por ejemplo, el camarero Lorenzo Scarpa, la signora Follini o su amante Spadini.
Al final de esta tercera parte, Brunetti tiene casi tantas dudas como al principio, o menos certezas que nunca. Es significativa la escena que propone la autora en el capítulo 21 y que viene a resumir el punto en el que se encuentra la investigación en ese momento. Brunetti lo plantea en una hoja de papel con nombre y líneas unidos entre sí: " Brunetti sacó na hoja del cajón y escribió el nombre de Bottin en el centro, el de Follini a la izquierda y el de Spadini al pie. Trazó una línea que unía a Spadini con Follini. A la derecha de Spadini, escribió el nombre de Sandro Scarpa, el hermano del camarero, de quien se decía que había tenido una pelea con Bottin, y enlazó su nombre con el de Scarpa. Debajo escribió el nombre del camarero desaparecido."
Para completar el cuadro de la investigación, surge el conflicto, también personal, que se produce por la estancia de la signorina Elettra en Pellestrina y por los inesperados celos de Paola, su mujer, ante la atención que cree desmesurada de su marido por su compañera de trabajo. Sin embargo, a los lectores no nos parece que la preocupación del comisario por Elettra sea
infundada.