1ª parte. Hasta el capítulo 7.

Libro que estamos comentando
Cubierta de una edición en inglés de Un mar de problemas.

¡Qué fácil es morir en Venecia!, o, más bien, ¡qué fácil es que te asesinen en Venecia! Eso lo deben pensar los lectores fieles de Brunetti, que durante muchos años y muchos libros han visto pasar numerosos casos que el comisario  ha tenido que resolver.

Es muy difícil que alguno de nuestros usuarios no conozca a Donna Leon o al comisario Guido Brunetti, pero, si este es el caso, ahora tenemos la  oportunidad de reparar ese déficit. "Un mar de problemas" es el décimo libro de una serie que se inició en 1992 y cuya acción sucede hacia los últimos años del siglo XX en la ciudad de Venecia y sus alrededores; en esta ocasión es el pueblo de Pellestrina, localidad de la península arenosa de diez kilómetros de largo que cierra la laguna de Venecia al mar Adiátrico. En la novela se habla todavía de liras y la entrada del euro fue el 1 de enero de 2002.

Durante las primeras páginas, se hace una descripción de la población y de sus habitantes como si estuviera sacada  de una guía turística o de la misma Wikipedia. Así, Donna Leon enmarca perfectamente la ubicación de la trama, sobre todo si tenemos en cuenta que las anteriores novelas de la saga de Brunetti habían tenido lugar en la ciudad de los canales.

Los vaporettos que conectan los pueblos de la laguna, las sardelle que se retuercen en las redes, los turistas que llenan los restaurantes, el marisco fresco que seduce a los visitantes que llegan desde Venecia  o de su Lido, además de vino de aguja fresco o de busolai en lugar de pan. Todo ello sirve para describir un pueblo que, hasta hace poco, vivió de la pesca y ahora ve como sus antiguas formas de subsistencia cambian en favor del turismo.

La novela, en realidad, empieza a las tres y media de una madrugada a primeros de mayo. Un incendio en el camarote de una de las embarcaciones de pesca saca a la población de su letargo nocturno. "Se declara un pequeño incendio en el Squallus" que acabó con el barco en el fondo del puerto y los cuerpos del propietario y su hijo atrapados en el camarote con heridas que, sin duda, les provocaron la muerte.

Casi por casualidad los encargados de investigar la muerte de Giulio Bottin y su hijo Marco son los miembros de la policía veneciana, asistida por los bomberos para sacar los cuerpos del fondo del mar. El sargento Lorenzo Vianello y varios de sus hombres inician los primeros protocolos para comenzar la investigación: reconocimiento de los cadáveres, determinación de las causas de su muerte, búsqueda de los primeros testigos de los hechos, interrogatorios a los vecinos, familiares y allegados, etc. En cualquier caso, lo que Brunetti busca es conocer el carácter de los Bottin, su forma de vida, sus relaciones con los vecinos y compañeros de profesión, las habladurías que todos los pueblos pequeños generan alrededor de sus conciudadanos y los posibles enemigos que los fallecidos pudieran tener.

En esta ocasión parece haber unanimidad: a nadie le puede extrañar que Giulio Bottin hubiese muerto por muerte violenta. Su carácter bronco, quizá "endurecido por la fiereza del mar" y el maltrato al que había sometido durante toda su vida a su mujer y a su hijo Marco, le hacían candidato a recibir la desaprobación de todo el que lo conocía. Sin embargo, Brunneti encuentra desde el principio un silencio comprometido de todo el pueblo para no hablar de lo que seguro que conocen. "Todos dicen lo mismo. La explosión del depósito de combustible los despertó a eso de las tres. Cuando llegaron al muelle, la barca ardía por los cuatro costados y, antes de que pudieran saer algo, se había hundido." es lo que Vianello saca en conclusión después de las primeras entrevistas. "Tienen que sentirse solidarios , cuando en realidad quitarían de en medio al que tratara de pescar donde pescan ellos o donde creen que tienen derecho a pescar."

Las primeras investigaciones señalan el mal carácter de Giulio Bottin como la primera causa de su muerte, pero todavía no hay nada claro. La sorpresa para Brunetti llega desde su propia comisaría: la signorina Elletra tiene familia en Pellestrina y pasa allí todos los años unos días en verano en compañía de su prima y su marido. Insinúa a Brunetti la posibilidad de tomar unos días de vacaciones e iniciar una investigación secreta sin levantar sospechas. El comisario no lo consiente, pero la signorina Elletra no parece ser una mujer que se admita un no como respuesta,