SEGUNDA SEMANA CON "TENGO MIEDO TORERO"
Seguimos la travesía por “Tengo miedo torero”, y en esta segunda semana el relato se adentra en territorios aún más íntimos y vulnerables. La Loca del Frente y Carlos continúan acercándose, mientras la tensión política fuera del pequeño mundo fantasioso de “palacio de las mil y una noches” se intensifica. Santiago palpita bajo el peso de la dictadura, con su ruido de sirenas, sus secretos y su rabia contenida. El murmullo de la revuelta esta por todas partes, mientras un dictador asustado se aferra al poder rodeado de su séquito de coches blindados y guardaespaldas.
La Loca del Frente se nos muestra como una artista, que consigue que cada momento de la vida sea una actuación teatral sublime. “Ni siquiera podía llorar no habiendo un espectador que apreciara el esfuerzo de escenografiar una lágrima”. El personaje que protagoniza la novela pasa del género femenino al masculino con total naturalidad, aunque es criticado en su barrio es al mismo tiempo respetado por las viejas con lengua de cuchillo.
Pedro Lemebel nos muestra cómo la ternura puede convivir con el peligro, cómo un gesto mínimo —una mirada, una visita fugaz, una salida al campo— se convierte en una forma de resistencia. En cada página late el deseo de conseguir que el amor sea un refugio, pero también un acto político. La Loca, con su lenguaje exuberante y su sensibilidad sin filtros, nos revela que la marginalidad puede ser otro modo de libertad. Carlos que parece que solo desea aprovecharse de la Loca se sorprende a sí mismo pensando en ella, “nunca una mujer le había provocado tanto cataclismo a su cabeza. Ninguna había logrado desconcentrarlo tanto, con tanta locura y liviandad”.
De pronto ella nos descubre que no es una loca tonta, “que si se hacía la lesa era nada más que por él”. Los favores, guardar paquetes misteriosos, hacerse la inocente… y nunca preguntar nada ni recibir explicación alguna, todo eso lo hacía por amor.
Avanzamos entre escenas de vigilancia y susurros, entre la precariedad y el sueño, hacia un punto donde la intimidad y la revolución se rozan. Lemebel levanta su voz para recordarnos que incluso en el miedo puede florecer la esperanza, y que lo frágil puede ser una fuerza.
Para esta segunda semana, os propongo llegar hasta la página ciento siete, en la que comienza un nuevo capítulo que nos describe el día del cumpleaños de Pinochet: “Las salvas de veinte fusiles lo hicieron saltar en el lecho”. Acompañemos a la Loca y a Carlos en este momento suspendido entre el amor y la historia, y dejemos que sus palabras se queden resonando en nuestro propio deseo de transformar lo cotidiano en belleza.
Os dejo unos vídeos con la canción que da título al libro y unas descripciones del Cajón de Maipo.
Espero que tengáis buena semana.