4ª parte. Hasta el final.

Libro que estamos comentando
Fotografía de Arantza Portabales y cubierta de Sobreviviendo.

Esta parte final, lógicamente, se centra en el juicio a Val Valdés y en la resolución de la autora a algunos de los flecos que nos habían quedado pendientes durante la lectura de "Sobreviviendo".

Sin embargo, Arantza Portabales cierra la historia con algunas sorpresas que, al menos yo, no había visto venir. La novela me había parecido hasta ahora un poco plana, lo tengo que reconocer. Mucho artificio con los microcapítulos desordenados para que nosotros mismos fuésemos reconstruyendo la trayectoria de Tina/Valentina/Val Valdés, pero la historia no me parecía más que la representación de la superación de una mujer fuerte y bastante vengativa.
Sin embargo, el cierre me obligó a replantearme si la autora nos había manejado como una hábil trilera, sembrando certezas que terminaron siendo espejismos. 

Al analizar el desenlace en orden cronológico, recordamos que Val acude a la cena de antiguos alumnos del Colegio Santa Catalina. Allí iban a acudir, además de sus antiguos compañeros, Daniel Leis y Roque, su antiguo profesor y director del colegio. Tras el encuentro con Daniel Leis, el lector asume el destino fatal: Val dispara contra Daniel y se declarará culpable de un asesinato motivado por el rencor de aquel embarazo adolescente en Los Ancares, donde fue abandonada por la familia Leis.

El juicio revela un choque de intereses fascinante: mientras Val asume su culpa, su abogado Alonso y la matriarca Emilia Wagner despliegan una estrategia retorcida basada en sobornos y manipulación para salvar su imperio económico.  

El clímax llega con la revelación sobre la paternidad de Roi. Es un vuelco que obliga a releer escenas previas para descubrir que el engaño no fue de la autora, sino de nuestra propia interpretación. Arantza Portabales demuestra aquí su maestría: no nos engañó con mentiras, sino que dejó que nuestros propios prejuicios rellenaran los huecos. Al revisar los capítulos anteriores, se confirma que las pistas siempre estuvieron ahí, ocultas a plena vista. 

He entendido que, al final, Val había aceptado ir a la cárcel para proteger a Roque y a su condición de cura. Él había dedicado toda su vida a mantener el espíritu del colegio y nunca imaginó que era el padre de Roi porque Val nunca se lo contó. El chataje al que Daniel estaba sometiendo a Val podría hacer público este secreto guardado durante tantos años, así que Val decidió actuar por su cuenta e inmolarse por el amor que todavía guardaba por Roque.