2ª parte. Hasta que Gaspare se asoma al pozo.

Libro que estamos comentando
Cubierta de una edición en alemán  de Serenisimo asesinato.

La Venecia de "Serenísimo asesinato" es una ciudad de máscaras, como la autora escribe al principio de la novela, cuando recurre al símil del teatro de marionetas japonés, el Bunraku, para describir a unos personajes que "respiran, caminan, tiemblan y mienten" y que son manejados por un titiritero invisible.

Para quienes conocemos Venecia solo por sus aglomeraciones turísticas y sus selectos carnavales, la presencia de las máscaras en la novela puede llamarnos la atención. Los personajes se las colocan y se las quitan con absoluta arbitrariedad; no parece que las lleven solo para no ser reconocidos; debe ser un reflejo del uso cotidiano de un elemento característico de la indumentaria veneciana.

A  Alvise Lanzi, el protagonista, no lo conocemos por sus declaraciones; lo conocemos por el mundo que le rodea. De todo ello lo que más nos sorprende es su actitud impasible ante las muertes de sus mujeres, aunque parece que también se muestra desinteresado por sus negocios particulares, a los que deja en manos de un empleado, Mario Martinelli, corrupto e infiel.

En esta parte, conocemos a las otras dos mujeres de Alvise Lanzi, las que se ubican entre las que ya han aparecido, Catarina Pellegrini y Luisa Calmo. Son Felicita Bruni y su hermana pequeña Teresa.

Las muertes de sus esposas levantan sospechas que ponen en guardia a los familiares y a las autoridades de la Serenísima, concretamente al Consejo de los Tres, el órgano de espionaje y control estatal que, con mano de hierro, vigilaba a los opositores de los intereses de la República de Venecia.

La ciudad en los años previos  a la conquista de Napoleón, era un hervidero  de espías, de bulos y de intereses personales: "Las paredes oyen, las cerraduras ven, los espías llevan sotanas de cura y casaquilla de saltimbanqui; hasta las monjas ejercen tan despreciable oficio." Esa sensación de irrealidad y de desconfianza se aprecia en las cartas que jalonan la novela. Generalmente se desconoce el destinatario y se ignora el remitente, aunque se intuyen relaciones secretas, amorosas y sensuales, a la vez que otro tipo de mensajes muy propios del género epistolar: los cotilleos y las críticas al gobierno y a las fuerzas que en esos momentos convulsos actúan en la ciudad.

Los personajes que rodean a Alvise Lanzi cobran cada vez mayor relevancia. Marcia Zolpan aparentemente se fugó con Alvise en 1766 a pesar de que era de conocimiento público su lesbianismo. Marcia quería probar y "no seguir virgen toda la vida", como apunta la autora, quiso comparar con los amores sáficos. Si Alvise era su pareja de escapada, parece que la decepcionó. ¿No quiso casarse con ella en ese momento porque no tenía fortuna? ¿Acabó Marcia resentida?

En 1775, durante la fiesta de San Marco, Alvise, su familia y un grupo de amigos van a pasar unos días de campo a la casita de recreo a las orillas del canal del Brenta. El edificio fue mandado construir por el padre de la reciente esposa de Alvise, Felicita Bruni. Durante ese viaje, se desarrollan unas escenas en las que se mezclan actitudes galantes, cuchicheos y maledicencias de la sociedad que se ha quedado en la ciudad.  Junto a los Lanzi viaja un grupo de personajes satélites que viven de la generosidad de sus anfitriones. Hay representaciones teatrales con personajes de la Comedia del Arte: Columbina, el Dottore, un Mezzetin…, vino de calidad, comida de picnic, etc.

Esa estancia es un oasis de paz en la vida de los Lanzi. Poco después, Felicita da a luz a un engendro envuelto en olores fétidos que presagian tiempos oscuros para la madre. Vómitos, diarreas y largos períodos de convalecencia finalizan el 15 de diciembre de 1780 con la muerte de su segunda esposa. En  esta ocasión, antes del entierro se produce la autopsia, lo que da lugar a unas páginas de una crudeza extrema, llenas de descripciones repugnantes que son los efectos de las suspicacias, una vez más, por las muertes extrañas de las mujeres de la casa Lanzi.

Dos años después de la muerte de Felicita, Alvise se casa con su cuñada Teresa, "como era de esperar", dice la autora. ¿Le espera a Teresa el mismo final que a sus dos antecesoras? "Llegados a este punto, el espectador ya habrá reparado en la persistencia de la inquietud en todas y cada una de mis marionetas".