SEGUNDA SEMANA CON "PANZA DE BURRO"
Esta semana seguimos avanzando en la lectura de Panza de burro, de Andrea Abreu, adentrándonos cada vez más en ese verano denso, marginal y lleno de matices que envuelve a las protagonistas.
Después de hacernos una presentación del ambiente rural y de los personajes que lo pueblan, las protagonistas con su inocencia y su precocidad nos muestran las durezas del medio en el que viven. La relación entre la narradora e Isora gana en complejidad: a la complicidad inicial se le suman tensiones, dependencias y una exploración cada vez más intensa de los límites entre la amistad, el deseo y la imitación. La mirada infantil, lejos de ser inocente, se revela como un espacio desde el que se percibe y se interpreta el mundo con una lucidez inquietante.
El entorno —ese barrio del norte de Tenerife atrapado bajo la panza de burro— no es solo un escenario, sino una presencia constante que condiciona los ritmos, los estados de ánimo y las relaciones. La humedad, el calor contenido, los espacios domésticos y las calles del pueblo configuran un universo cerrado, casi asfixiante, donde lo cotidiano adquiere una dimensión extraña y, a veces, perturbadora. Las referencias a telenovelas de los 2000 (Pasión de gavilanes), a música y a juguetes de la época nos acercan mucho más a las protagonistas del relato.
A lo largo de estas páginas, cobran también mayor peso las figuras adultas, especialmente las mujeres, cuyos gestos, silencios y formas de habitar el mundo dejan una huella profunda en las niñas. Las dinámicas familiares, las tensiones soterradas y ciertas formas de violencia —explícitas o insinuadas— se integran en la narración sin estridencias, como parte de una realidad asumida. Me ha resultado muy curioso la parte que habla de la dieta de sopa de cebolla. Me ha llamado la atención porque he conocido a tantísimas personas que han realizado ese tipo de dietas absurdas y nocivas, y todavía me parece increíble que mucha gente se siga alimentando de esa forma.
También descubrimos el trasfondo socioeconómico en el que viven estos personajes. La protagonista dice en una parte del libro que ve el mundo en el que se mueven los turistas a través de una “capita de fil” transparente. Y los anhelos de Isora y su amiga por conseguir llegar a la playa son realmente tristes, y nos cuentan la imposibilidad de satisfacer sus deseos que sufren los desfavorecidos.
La lengua de Andrea Abreu continúa siendo uno de los elementos más poderosos del texto: esa oralidad vibrante, cargada de ritmo y de imágenes, no solo construye el mundo narrativo, sino que también nos interpela como lectores, invitándonos a escuchar de otra manera.
Para esta segunda semana, proponemos continuar la lectura hasta la página 79 del libro 56 de e-book, el capítulo titulado “Voy aserte caricias ke no san inventao”.
Os invitamos a seguir compartiendo vuestras impresiones, a deteneros en las imágenes que os resulten más potentes y en aquellos fragmentos que os generen extrañeza o reconocimiento. En “Panza de burro”, lo que parece pequeño o cotidiano suele esconder capas más profundas.
Feliz lectura y que tengáis una muy buena semana.