3- Obra completa de Jorge Manrique

Libro que estamos comentando
Jorge Manrique

3- Obra completa de Jorge Manrique

Muy buenas, 

queridas gentes del Club de lectura ATRAPAVERSOS, 

¡BIENVENIDAS! a esta nueva entrega.

Esta semana del lunes 12 de octubre leeremos desde la página que va de la página 44 a la 59. 

Comenzamos comentando varios poemas de sus poemas de amor:

· Obras amatorias. 

Todos estos poemas se inscriben en su poesía amorosa, no en la línea elegíaco-filosófica de las Coplas por la muerte de su padre. Aun así, comparten con aquella obra el lenguaje de la pena, la fugacidad, la muerte y la tensión entre deseo y sufrimiento, aunque aquí tales motivos se aplican a la experiencia amorosa cortesana.

 

Ni vivir quiere que viva...: I-VII. Pág. 44-46

Este poema dramatiza el conflicto entre el deseo de morir para acabar con el sufrimiento amoroso, y la imposibilidad de hallar descanso. 

Su asunto central es la paradoja del amante desesperado: ni la vida ni la muerte le son accesibles como alivio.

 

Los fuegos que en mí encendieron...: I-VI. Pág.46- 48

Esto hace mi ventura 

que tan contraria me ha sido, 

que su placer y holgura 

es mi pesar y tristura,

y su bien, verme perdido; 

mas un consuelo me da 

este gran mal que me hace: 

que pienso que no tendrá 

más dolor que darme ya 

ni mal con quien me amenace.

Me encanta el exceso de Jorge Manrique: Sin amor… ya nada puede ir a peor.

 

Estando ausente de su amiga a un mensajero que allá enviaba: I-X. Pág.48-51

Como véis más de lo mismo… el yo poético, separado de su amada, encarga a un mensajero que le transmita su sufrimiento, su fidelidad y su súplica de amparo. La composición combina la convención del amor de ausencia con imágenes de guerra, mar, prisión y martirio, muy propias de la poesía cancioneril.

 

Memorial que hizo a su corazón, que parte al desconocimiento 

de su amiga donde él tiene todos sus sentidos: I-V. Pág. 51-53

Otro poema en el que se queja...

 

Otras suyas en que pone el nombre de una dama; 

y comienza y acaba en las letras primeras de todas 

las coplas [y versos], y dice: I-VII. Pág. 53-54

Este es un poema curioso. Se trata de una canción amorosa acróstica de Jorge Manrique: cada una de sus siete coplas de ocho versos comienza por la misma letra, y las letras iniciales de las estrofas componen G-V-Y-O-M-A-R / Guiomar, formando el nombre Guiomar identificado tradicionalmente con Guiomar de Castañeda, esposa del poeta. 

En cuanto a la rima es consonante, con pares y cuartetos alternantes; por ejemplo, atiende/entiende, sufrir/perder, gemido/perdido

El acróstico no es meramente decorativo: convierte la queja amorosa en una ofrenda verbal a la dama, cuyo nombre queda inscrito en la arquitectura misma del poema. Es una forma característica del ingenio cortesano del siglo XV.

Este poema destaca por su sofisticación formal. Combina la convención cortesana del sufrimiento amoroso con un acróstico riguroso, que hace del nombre de la amada el principio organizador de todo el poema.

Se trata de una pieza representativa del prerrenacimiento castellano: conserva el código medieval del amor como servicio y cautiverio, pero despliega una conciencia artística muy elaborada en el juego de la letra, la métrica y la identidad personal.

Me encanta el dramatismo y el ingenio de esta estrofa:

Y estos males que he contado, 

yo soy el que los espera; 

yo soy el desesperado, 

yo soy el que desespera, 

yo soy el que presto muera, 

y no viva, pues no vivo; 

yo soy el que está cautivo 

y no piensa verse fuera.

 

Otra obra suya en que puso el nombre de su esposa,

y asimismo nombrados los linajes de los cuatro costados 

de ella, que son: Castañeda, Ayala, Silva, Meneses: I-VI. Pág. 55-56

 

Se centra como en el poema anterior en un juego formal al componer este poema, realiza una especie de anagramas (un poco logrados con calzador…)

porque un anagrama es una palabra o frase que se forma cambiando el orden de las letras de otra palabra o frase original, por ejemplo: amor/ Roma  (en este caso junta varias palabras…, (no sé si sin las mayúsculas mostrando los anagramas hubiésemos logrado verlos…).

El caso es que a través de esos anagramas nombra a su mujer y su linaje:

Su esposa Guiomar era hija de Pedro López de Ayala, primer conde de Fuensalida, y de María de Silva; por ello reunía en su persona los linajes Ayala y Silva, mientras que Castañeda y Meneses corresponden a sus otros costados familiares. 

Manrique, al nombrarlos poéticamente, no solo rinde homenaje a su mujer: exhibe el prestigio social de su casa y inscribe el matrimonio en la lógica aristocrática del linaje.

 

Él mismo lo explica muy claro en la última estrofa:

Tomando de aquí el nombre 

que está en la copla primera, 

y de esta otra postrimera 

juntando su sobrenombre,    

claro verán quién me tiene

contento por su cautivo, 

y me place porque vivo 

sólo porque ella me pene.

 

 

Canción: I-II. Pág. 56-57

Jorge Manrique parece dictar sentencia: la ausencia del amante produce olvido en la amada; por tanto, quien desea ser amado debe procurar estar presente.

Quien quisiere ser amado,

trabaje por ser presente,

que cuan presto fuere ausente,

tan presto será olvidado

 

Canción: I-II. Pág. 57-58

La canción amorosa desarrolla la paradoja del amante que se derrota a sí mismo al entregarse voluntariamente a una dama que no lo ama.

El poema fue objeto de glosas posteriores, lo que indica su notable fortuna en la tradición lírica del Quinientos; cada verso llegó a ser amplificado en décimas por poetas posteriores.

 

Canción: I-II. Pág. 58-59

Nueva paradoja del amor cortés: el amante desea contemplar a la dama antes de conocerla, pero prevé que la visión será tan intensa que, cuando ya no pueda verla, el deseo se convertirá en sufrimiento.

 

Canción: I-II. Pág. 59

La composición consta de una cabeza de cuatro versos y una glosa de ocho versos.

Y sigue con el mismo tema: amar a quien que no lo corresponde equivale a una muerte interior, pero renunciar a ese amor también sería una forma de muerte.

 

¡Buena lectura! 

Nos leeremos de nuevo el 19 de octubre 

Hasta entonces, ¡felices sueños!