2_Obra completa de Jorge Manrique

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2- Obra completa de Jorge Manrique

Muy buenas , 

queridas gentes del Club de lectura ATRAPAVERSOS, 

¡BIENVENIDAS! a esta segunda entrega.

¿Qué tal estáis llevando este cambio tan drástico de pasar el mes pasado de poesía contemporánea actual a la poesía del siglo XV?

¿Os resulta muy complicado?

 

- En esta segunda semana del lunes 5 de octubre leeremos de la página 14 hasta la página 44. De las Obras amatorias hasta la página 44 hasta el poema: Ved que congoja la mía...

En su poesía amorosa, Manrique demuestra ser un poeta que ha aprendido bien la lección de los tópicos (temas) y los recursos estilísticos obligados (paradojas, alegorías, derivaciones, poliptoton), pero con una lengua más sencilla y sobria que la de sus coetáneos y con una acusada tendencia a usar imágenes y alegorías basadas en elementos propios de la vida militar. 

Por momentos, Manrique no da la sensación de encontrarse a sus anchas en la poesía amorosa; quizás es que el hecho de escribir sobre el amor, se trata, en su caso, más de un tributo a la moda –y a los convencionalismos cortesanos de su tiempo– que a una elección personal. 

Ello explicaría, de algún modo, el contraste entre sus coplas, graves y existenciales, y sus otros poemas, generalmente considerados por la crítica menos acertados. Pero que no dejan de tener, especialmente algunos, su acierto y su gracia.

 

Ahora paso a comentaros alguno de ellos:

· Obras amatorias. 

De Don Jorge Manrique quejándose del Dios de amor y como razonan el uno con el otro. I-XVII pág. 14-20

Se trata de un diálogo alegórico en diecisiete coplas entre el poeta-amante y el Dios de Amor, en él, el primero acusa a Amor de injusticia por premiar al que engaña y castiga al fiel, a lo que el Dios del Amor y responde justificando su sentencia (basada en la ausencia del amante) y finalmente restituye al poeta su bien como recompensa a su firmeza.

Este poema pertenece, como todas sus obras amatorias, al llamado Cancionero del siglo XV, de tradición cortesana y conceptista, con fuerte carga tópica del amor cortés (servidumbre del amante, prisión de amor, dolor como prueba de fidelidad).

Y tiene una estructura compositiva curiosa, al tratarse de un diálogo que alterna intervenciones del Aquejado (el poeta) y del Dios de Amor, con indicaciones explícitas que marcan los turnos: Responde el Dios Amor; Réplica el Aquejado…

Esta composición comienza en un tono acusatorio y judicial (el poeta interpela a Amor como justo juzgador que permite herejía en su ley) y va evolucionando hacia un debate jurídico-moral sobre justicia, lealtad y poder, y cierra con un acto de gracia/restauración del Dios.

En cuanto a su contenido se divide de la siguiente forma:

I–III: Acusación del poeta (la “querella” inicial)

Cuestiona la coherencia de un Dios verdadero que consiente la mentira y la maldad.

IV–VI: Respuesta de Amor y primera réplica

El Dios Amor responde que fue su Ausencia quien lo acusó y lo condenó; si el poeta hubiera estado presente, la sentencia no habría sido injusta.

El poeta replica que es injusto condenar al ausente sin oírlo ni a su procurador, y que esa excusa más lo condena.

El Dios Amor lo calma y le indica que puede apelar, pues hay otro Dios sobre él que puede remediarlo y castigarlo si dio mala sentencia.

VII–IX: Conflicto de lealtades y petición de revisión

X–XIII: Firmeza de la sentencia y tensión feudal

El poeta exige al Dios Amor que el poder se ejerza en lo justo; si hay igualdad, habrá obediencia; pero si hay arbitrariedad, no habrá lealtad.

El Dios Amor, irritado, le recuerda que es su vasallo y no debe hacerse señor, advirtiendo que podrá reñir y también herir.

XIV–XVII: Desafío, condición y restitución final

En la última copla, el Dios Amor, reconoce al poeta su conocimiento, la firmeza de sus pensamientos y tormentos sufridos, y lo restituye en lo que desea, le devuelve todo lo tuyo y concluye con una bendición: que jamás en tal te veas.

 

A la fortuna: I-XI. Pág. 20-23

El poema presenta a la Fortuna como una fuerza mudable, engañosa y hostil; frente a ella, el hablante lírico opone la firmeza amorosa, sostenida por la fe y la constancia. La idea central es una paradoja: la Fortuna puede causar daño, pero no puede vencer a quien permanece fiel.

Me encanta cuando personifica a la Fortuna y le dice:

«Fortuna, no me amenaces,

ni menos me muestres gesto

mucho duro».

Y cuando dice:

«que tus guerras y tus paces

conozco bien»

 

Porque estando él durmiendo le besó su amiga: I-III. Pág. 24

Es un poemita delicioso de tres estrofas muy irónico en el que se cuenta como la amiga del poeta lo besa poeta mientras duerme. El amante interpreta el beso como una traición, porque ha sido herido sin estar consciente ni poder defenderse…

 

Diciendo qué cosa es amor: I-V. Pág. 24-26

En este poema Jorge Manrique aplica sistemáticamente la técnica de los opuestos, es decir, define el amor mediante términos contrarios. La contradicción no es un defecto del discurso sino que reproduce el estado anímico del enamorado, que vive simultáneamente emociones opuestas.

La estructura sintáctica repetitiva provoca un efecto de acumulación que nos hace percibir una sucesión casi vertiginosa de sensaciones incompatibles. 

Porque el amor no puede definirse mediante una sola cualidad, porque su esencia consiste precisamente en mezclar contrarios.

Me gustan mucho los versos iniciales:

«Es amor fuerza tan fuerte 

que fuerza toda razón».

Y en especial la segunda estrofa:

«Es placer en que hay dolores. 

Dolor en que hay alegría, 

un pesar en que hay dulzores, 

un esfuerzo en que hay temores, 

temor en que hay osadía;   

un placer en que hay enojos, 

una gloria en que hay pasión, 

una fe en que hay antojos, 

fuerza que hacen los ojos 

al seso y al corazón.»

 

De la profesión que hizo en la Orden del Amor: I-VII. Pág. 26-28

Castillo de amor: I-X. Pág. 28-32

Escala de amor: I-VI Pág. 32-33

Se trata de una alegoría característica del amor cortés: el enamoramiento se presenta como un asalto militar. El corazón o la interioridad del amante aparecen figuradamente como una fortaleza; la belleza y la mesura de la dama son los escaladores; los sentidos funcionan como defensores, y los ojos como vigías incapaces de advertir el ataque.

La paradoja central consiste en que la libertad, por definición incompatible con el cautiverio, aparece encerrada y dominada, y, sin embrago el amante experimenta placer al descubrir que su libertad continúa viva, porque según la lógica contradictoria del amor cortés: perder la libertad puede convertirse en motivo de felicidad si el cautiverio procede de la persona amada.

 

Con el gran mal que me sobra...: I-XII. Pág. 33-37

Es interesante observar como Jorge Manrique introduce en su poesía elementos del cancionero, refranes y dichos populares.

Cuando dice en una de sus estrofas:

«mas mi dicha 

—no hadada a consentirme tal gozo— 

 se volvió tan presto airada, 

que mi bien fue todo nada 

y mi gozo fue en el pozo».

 

En una llaga mortal...: I-V. Pág. 37-39

Con un final súper dramático:

«Pues es esta una experiencia 

que tiene ya conocida 

esta suerte,

por no dar una creencia, 

no es razón quitar la vida 

y dar muerte.»

 

Aprovechando la estructura de este poema para hablar de la famosa copla manriqueña.

La semana pasada no comenté la métrica por no alargarme demasiado.

Pero como se repite en estas composiciones vamos a verla:

En la copla de pie quebrado típica del cancionero manriqueño, 

se combinan:

versos octosílabos 

con un verso breve (quebrado) que suele ser tetrasílabo (cuatro sílabas, a veces con distintas variantes rítmicas). 

Esquema rítmico predominante en estas coplas: 

Son estas secuencias: 

de 8-8-4-8-8-4… 

Rima consonante y regular por estrofa organizadas con un patrón fijo dentro de cada copla: (a, b, c, a, b, c…) 

La brevedad del quebrado marca el cierre o giro conceptual de la copla, reforzando el conceptismo (el corte del verso breve subraya la paradoja o sentencia).

 

Acordaos, por Dios, señora...: I-VII. Pág. 39-41

Certeza en su amor…

 

Ved que congoja la mía...: I-VII. Pág. 41-44

Aquí la estructura que utiliza Manrique se basa en la amplificación: el poeta vuelve una y otra vez sobre la misma idea —su sufrimiento—, pero la expresa repitiendo con variaciones una nueva fórmula. Esta repetición es un procedimiento característico de la poesía cancioneril: el dolor se intensifica mediante variaciones léxicas, antítesis y paradojas. En los decires amorosos de Manrique, la reiteración sirve para ensalzar tanto las virtudes del amante como su sufrimiento. 

El tema fundamental es precisamente la exaltación del sufrimiento amoroso como prueba de fidelidad. El amante padece porque ama, pero su sufrimiento no implica que quiera abandonar el amor. Al contrario, permanece sometido a él.

Manrique es un maestro de la reformulación…

«Ved qué congoja la mía, 

ved qué queja desigual 

que me aqueja, 

que me crece cada día 

un mal teniendo otro mal 

que no me deja;   

no me deja ni me mata, 

ni me libra ni me suelta, 

ni me olvida; 

mas de tal guisa me trata, 

que la muerte anda revuelta 

con mi vida.»

 

Espero que podáis  descubrir una parte mucho más desconocida de Jorge Manrique. 

Hasta el lunes próximo.

 

Paula Carbonell (Lyca)