Niña de todos los países, y II

Libro que estamos comentando
Irmgard Keun

Hola a todas y todos, aquí llega la última entrega de este librito deslumbrante: Niña de todos los países, de Irmgard Keun, y también la última entrega de 2025. La próxima semana pararemos (el parón de enero, ya sabéis) y no volvemos hasta febrero con las siguientes lecturas. En mi caso, ojo, nos vamos a perder con Proust en su librote A la busca del tiempo perdido, siete volúmenes en mi edición (madredelamorhermoso), os aviso para que os vayáis mentalizando y tomando impulso.

 

ESTA SEMANA

Terminamos esta semana, desde el punto en el que lo dejamos (el fabricante de ataúdes, ¿recordáis?) hasta el final. Unas ochenta páginas en mi edición.

Llevo unos días pensando en qué lectura me recordaba, porque este libro me resultaba conocido; conocido no por la historia, sino por esa vida al límite, siempre con la sensación de que un paso en falso puede resultar fatal. Y creo que ya sé dónde he tenido yo una sensación similar, ha sido leyendo los libros de Henry Miller (en mis veinte tuve un atracón de Henry Miller), en no pocos de ellos hay personajes como estos: viviendo de los sablazos que dan a otros y, al mismo tiempo, incapaces de guardar una mínima provisión y manirrotos en el gasto (invitando a otros o gastando en bebidas y lujos insólitos). Por eso, creo, esta novela me resuena tanto y me lleva a un lugar donde ya he estado antes.

Es, además, una sensación de huir hacia ningún lugar, escapar hacia una nueva escapada. Hay un par de momentos maravillosos en estas páginas, uno de ellos es cuando recalan en Niza y alquilan una casa con cocina, y la madre cocina, y la hija se queda fascinada porque no sabía que su madre sabía cocinar (ojo, qué locura). Y de pronto hay una sensación de hogar, de estabilidad, de calma, y sentimos que ahora hay tierra en la que empezar a echar raíces. Pero es en vano, obviamente.

El segundo momento es, en mi opinión, el que da la vuelta a todo el libro, y lo siento porque creo que puedo destripar algo, pero me ha dejado noqueado: porque uno no deja de pasar páginas viendo los días y los kilómetros, viajes agotadores, situaciones imposibles, sablazos, agobios, ciudades... y puede pensar que esto es casi un libro que cuenta un viaje físico en una Europa convulsa en el que, en algún momento, todo se va a romper y esa familia va a desmembrarse. Sin embargo, en las últimas páginas, tras la separación (no doy pistas) y los momentos en los que los tres están solos (solísimos), de pronto descubrimos que es un libro que habla de amor, de estar juntas (sobre todo ellas), porque "no quiero ir a ninguna parte si no viene conmigo mi madre.", y "Añoranza de verdad no siento nunca, realmente. Y si está mi padre con nosotras, menos aún." (p. 165). Sí, creo que más que un viaje interminable es una lucha por conseguir estar juntos (a pesar de ellos mismos, porque el padre, ains, telita). 

No sé qué os parece a vosotras, a vosotros. Os leo por aquí.

Espero que disfrutéis de unas felices fiestas y que 2026 venga lleno de lecturas deliciosas.

Saludos cordiales, 

Pep Bruno