Hasta el capítulo 20, incluido

Libro que estamos comentando
Villa San Michele. Capri

Para entender lo que aquellos triunfos futbolísticos supusieron para el pueblo napolitano hay que comprender la historia de Nápoles hasta la fecha. (...) En Nápoles se idolatra a Maradona con fervor religioso después de que les hiciera ganar los scudetti con el 10 en la espalda y vieran cómo, por primera vez en la historia, el resto de los italianos sentían admiración por ellos.  

Queridas viajeras, queridos viajeros:

Esta semana comentamos desde el capítulo 13 al capítulo 20, incluido, de Nápoles, el fuego del Mediterráneo, de Kris Ubach. Viajamos a dos de las islas mediterráneas del golfo de Nápoles: Isquia y Capri, además de volver a barrios como el Quartieri Spagnoli, el centro histórico o Rione Sanitá.

Son siete capítulos intensos en los que Ubach nos guía con destreza de una buena fotoperiodista, de una muy buena escritora de viajes. Descripciones, confesiones, vivencias y encuentros que hacen que nosotros, los lectores, nos identifiquemos con sus sensaciones al llegar, por ejemplo, mareada y empapada de sudor a Capri, la isla epítome del lujo y del glamur que, tal vez, ya no tiene tanto glamur... (¡dos millones de personas! Qué terrorífico).

Cuando estaba leyendo este tramo intenté elegir aquel capítulo o parte que más me gustase. ¿La Colombaia, la villa de Visconti, abandonada, exótica, excesiva? ¿La villa del médico sueco en Capri, con ese mirador, esas plantas, esas obras de arte, esas maravillosas vistas que provocan (y eso que hay una pantalla de por medio) un síndrome de Stendhal en toda regla? ¿La taberna que ha cumplido siete siglos en la que hirieron y deformaron gravemente a Caravaggio? ¿El Gambrinus, esa cafetería con tanta historia y tantos cafés? ¿Acaso la Biblioteca Nacional de Nápoles y la carta catalana, en la que nuestra autora descubría, admirada, ríos, banderas, perfiles de costas? ¿O la inenarrable manera de cocinar casquería y tripas? ¿O el culto al D10S argentino, Diego Maradona, más allá de sus flaquezas, de sus traiciones, de sus relaciones mafiosas? ¿O la ciudadela de Isquia, otra maravilla? ¿O el hotel del jardín de cactus y suculentas? ¿O conocer a Latini y su salsa de podomoro a la española? ¿Tal vez, Totó? ¿Quizás las estaciones del arte?

Tengo que reconocer que la historia del funicular del Vesubio me ha sorprendido y me ha hecho sonreír, porque ... ¿quién, que ya cuente con unos años, no ha cantado o tarareado la famosa canción? No tenía ni idea del porqué de la tarantela y, mira tú por dónde... es fascinante. Como fascinante es el carácter y la personalidad de los napolitanos, acostumbrados a sortear las desgracias, a ayudarse, a rezar a las ánimas del purgatorio, a recordar las glorias que les dejó el futbolista (explica muy bien Ubach el porqué de esta veneración, cómo los napolitanos estaban orgullosos de serlo, les devolvió la dignidad frente a sus vecinos del norte).

Este viaje es tan rico en gastronomía, cultura, paisaje, patrimonio artístico y cultural y paisanaje que es complicado tratar de resumirlo o refundirlo en estos pocos párrafos. Me gustaría que conversáramos acerca de todo ello en los comentarios, contadme qué parte os ha sorprendido más y si necesitáis, como yo, un retiro en la Villa San Michele, en Capri. O preferís quedaros en Isquia, en la mansión de Visconti, o habitar en la ciudadela, junto al castillo...

(Foto: por Berthold Werner, CC BY-SA 3.0)

¿Nos leemos?