Momo: Parte I — El mundo de Momo (capítulos 1–7)

Libro que estamos comentando
Momo

Bienvenidos, Leolo, el domador de palabras arranca nueva temporada. 

Aquí estamos de nuevo, con las páginas abiertas y las ideas listas para volar.

Tenemos el placer de daros la bienvenida a una nueva temporada de Leolo, el domador de palabras, nuestro club de lectura virtual para jóvenes. Un espacio que nace con una sola intención: que los libros no se queden solos en vuestras manos, sino que vuelen un poco más lejos cuando los leemos juntos.

Esta temporada arrancamos con un libro que lleva más de cincuenta años haciéndole al mundo una pregunta incómoda y necesaria. Un libro que parece un cuento y es, en realidad, una de las reflexiones más lúcidas que se han escrito sobre cómo vivimos el tiempo —y cómo lo perdemos sin darnos cuenta.

Hablamos de Momo, de Michael Ende.

¿De qué va Momo?

Una niña de origen desconocido aparece un día en las ruinas de un anfiteatro romano en las afueras de una ciudad. No tiene familia, no tiene historia, no tiene edad precisa. Tiene, en cambio, algo extraordinario: sabe escuchar. Escuchar de verdad, con todo el cuerpo, sin prisa y sin juicio. Y eso, que parece poca cosa, resulta ser el don más poderoso del mundo.

Pero la ciudad donde vive Momo está siendo invadida en silencio. Unos personajes grises, fríos y perfectamente razonables van convenciendo a sus habitantes de que están malgastando el tiempo. Que deben ser más eficientes. Que cada hora que pasan charlando con los amigos, visitando a los mayores o jugando sin propósito es una hora perdida para siempre.

Y la gente les cree. Y la ciudad empieza a cambiar. 

La entrada de hoy: primera parte y presentación de personajes

En esta primera entrada nos adentramos en los capítulos 1 a 7, en los que Ende nos presenta el mundo de Momo antes de que todo se complique. Es la parte más luminosa del libro, y también la que sienta las bases de todo lo que vendrá. Conoceremos a los personajes que van a marcar la historia:

Parte I — El mundo de Momo (capítulos 1–7)

La novela arranca en una ciudad mediterránea sin nombre preciso, con tintes de Italia antigua. Momo, una niña de origen desconocido, aparece un día en las ruinas de un anfiteatro romano en las afueras de la ciudad. Nadie sabe de dónde viene ni cuántos años tiene —algo que Ende hace deliberadamente para que sea un personaje fuera del tiempo lineal—. Los vecinos del barrio la acogen: le dan comida, ropa y la dejan vivir en las ruinas.

En estos primeros capítulos se establece el don extraordinario de Momo: sabe escuchar de verdad. No es solo que calle mientras hablan; es que escucha con todo su ser, y eso tiene un efecto casi mágico sobre quienes le hablan: los niños inventan mejores juegos, los adultos resuelven sus conflictos, los tristes encuentran consuelo. Ende muestra este don a través de varias escenas corales: el albañil que descubre que quería a su hija, los niños que crean mundos enteros desde la nada. La escucha se presenta como un acto creador, no pasivo.

Aparecen los dos amigos inseparables: Beppo Barrendero, un anciano de pocas palabras que barre la calle con absoluta concentración, una escoba a la vez, sin pensar en la siguiente; y Gigi Cicerone, un joven guía turístico sin turistas que compensa con su imaginación desbordante. Son dos formas contrarias y complementarias de relacionarse con el tiempo: el presente absoluto de Beppo, el vuelo imaginativo de Gigi.

Al final de la primera parte, aparecen por primera vez los Hombres de Gris: figuras pálidas, con trajes grises, que fuman cigarros de un olor desagradable. Se presentan como agentes de una supuesta "Caja de Ahorros del Tiempo", y comienzan a convencer a los ciudadanos de que están "desperdiciando" su tiempo —en amigos, en paseos, en no hacer nada—.

Estilo literario

Ende no escribía ni solo para niños ni solo para adultos. Escribía para los dos a la vez, y Momo es quizás el mejor ejemplo de esa ambición. El mundo que construye es el de cualquier ciudad europea del sur —barrios populares, artesanos, plazas con historia—, un mundo cotidiano y reconocible sobre el que Ende coloca, con mucho cuidado, un elemento fantástico que no desentona, sino que encaja. La magia aquí tiene sus propias reglas, y esas reglas tienen sentido. Nada ocurre porque sí.

El lenguaje es sencillo y deliberadamente accesible: frases cortas, vocabulario claro, un narrador que de vez en cuando se dirige directamente al lector como si los dos compartieran un secreto. Pero no hay que confundir esa sencillez con superficialidad. Momo es, al mismo tiempo, una novela de aventuras y una reflexión filosófica sobre el tiempo, y las dos cosas funcionan sin estorbarse.

Sus personajes vienen de la gran tradición del cuento de hadas alemán —la niña inocente, el anciano sabio, las fuerzas del mal—, pero Ende los actualiza sin nostalgia. Los villanos de Momo no son monstruos de cuento: son figuras frías y razonables que hablan de eficiencia y productividad. Su amenaza no tiene nada de sobrenatural. Tiene mucho de familiar.

Principales personajes

Momo: Niña de origen desconocido · Guardiana del tiempo

Aparece sin pasado ni familia en las ruinas de un anfiteatro romano. Su edad es indefinida —quizá ocho o diez años—, igual que su procedencia. Viste ropa grande prestada, tiene el pelo rizado y revuelto, y vive de lo que le traen los vecinos. Su don excepcional es la escucha: cuando Momo escucha a alguien, ese alguien encuentra por sí mismo las respuestas que necesita. No da consejos; simplemente está presente de una manera total y sin juicio. Es el único ser al que los Hombres de Gris no pueden convencer, porque su esencia —la presencia pura— es exactamente lo que ellos necesitan destruir. Al final de la novela, Momo derrota al sistema no con fuerza sino con la misma presencia que define su carácter desde la primera página.

Por un lado, están los aliados de Momo: Beppo Barrendero y Gigi Cicerone

Beppo Barrendero: Barrendero municipal · Figura de la sabiduría presente

Anciano sencillo que barre las calles de la ciudad con una concentración absoluta: una escoba a la vez, una respiración a la vez, sin pensar en lo que queda por delante. Habla poco y despacio, porque sabe que las palabras inexactas causan daño. Es el personaje más estoico y el que más se acerca a filosofías orientales como el zen o el budismo theravada, aunque Ende nunca usa esa terminología. Cuando los Hombres de Gris comienzan a convencer a la gente de "ahorrar tiempo", Beppo es uno de los primeros en resistir —y uno de los primeros en pagar las consecuencias, siendo internado.

Gigi Cicerone: Guía turístico sin turistas · Contador de historias

Joven imaginativo y locuaz que gana su vida contando historias a quien quiera escucharle, aunque rara vez tiene clientes de verdad. Es el complemento de Beppo: donde Beppo habita el presente concreto, Gigi habita el futuro imaginado. Su arco es la historia de una caída: los Hombres de Gris le ofrecen fama y éxito como narrador televisivo a cambio de contar solo historias vacías, calculadas para entretener sin despertar nada. Gigi acepta, y con ello pierde tanto su talento como su amistad con Momo. Ende no lo condena: Gigi es la tentación del artista ante el mercado, y su redención al final de la novela es tan real como su caída.

Figuras del mundo del tiempo

Figura mítica

Maestro Hora: Guardián del tiempo de todos los seres vivos

Anciano de aspecto sereno que vive en la Casa de Nunca Jamás, un lugar que existe fuera del tiempo ordinario. Es el custodio de las flores-hora: las horas de vida que florecen para cada ser humano. A pesar de ser el guardián supremo del tiempo, es incapaz de actuar directamente contra los Hombres de Gris —para eso necesita a Momo—. Esta paradoja es uno de los hallazgos filosóficos más sutiles de Ende: la sabiduría pura necesita de la inocencia para actuar en el mundo. Hora no enseña a Momo nada que ella no supiera; solo le muestra lo que ya es.

Casiopea: Tortuga mensajera del Maestro Hora

Tortuga que tiene escritas en el caparazón frases del futuro inmediato —sabe lo que va a suceder en los próximos treinta minutos—. Se mueve lentísimamente pero siempre llega a donde tiene que llegar en el momento exacto. Es la guía que conduce a Momo hasta el Maestro Hora. Su nombre remite a la constelación y al tiempo cósmico. Funciona como símbolo de la sabiduría que no se apresura: en la novela, la lentitud de Casiopea no es un defecto sino su mayor virtud, la que hace posible llegar al lugar donde el tiempo se custodia.

Por otro lado, están los Antagonistas: Los Hombres de Gris y  Agente BLW 553/c: 

Los Hombres de Gris: Agentes de la «Caja de Ahorros del Tiempo»

Seres de aspecto gris y apagado que se presentan como funcionarios de una entidad bancaria dedicada a "ahorrar" el tiempo de la gente. No tienen existencia propia: no tienen calor corporal, no comen, no sienten. Sobreviven fumando cigarros fabricados con las horas robadas a los seres humanos. Si un cigarro se apaga, el Hombre de Gris que lo fuma muere. Esto los convierte en parásitos puros: necesitan destruir aquello de lo que viven. Ende los concibe no como villanos individuales sino como la personificación de una lógica sistémica: la del rendimiento, la eficiencia y la acumulación sin fin.

Agente BLW 553/c: Jefe de los Hombres de Gris · Perseguidor de Momo

El más persistente y peligroso de los Hombres de Gris, encargado de dar caza a Momo cuando esta comienza a amenazar el sistema. A diferencia del resto, que actúan en grupo, BLW 553/c opera con mayor autonomía e inteligencia táctica. Es quien organiza el asedio a la Casa del Maestro Hora. Su nombre —una combinación burocrática de letras y números— es ya en sí mismo una declaración de Ende: los antagonistas de la novela no tienen nombres, sino códigos de identificación.

Ende publicó Momo con el subtítulo "La extraña historia de los ladrones de tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres". La pregunta central que para esta primera semana de lectura compartida es la siguiente: ¿Cómo nos roban el tiempo hoy, y qué necesitaríamos para recuperarlo?

¡Nos leemos!

Feliz semana de lecturas

Saludo

Alejandro López