Hasta el final
Queridas viajeras, queridos viajeros:
Finalizamos la lectura y la conversación en torno a una obra compleja por el tema, y por los personajes que lo protagonizan. Pienso que Olivier Guez, en su extraordinario epílogo, clarifica la “gran tragedia” de Gertrude y de Lawrence:
Gertrude y Lawrence jugaron al Gran Juego y este los alejó de la realidad, de su cuna, de su clase social, de su identidad: de la condición humana, que les molestaba. Juegos, guerras y aventuras permiten a los que participan en ellos rehacer su personalidad según lo que se imaginan que son, llevados por el viento de la Historia y el orgullo. Gertrude y Lawrence se apropiaron ingenuamente de cosas que no les correspondían, empresas políticas de las que no eran sino ejecutores. Fingieron desconocer los objetivos ordinarios que buscaban: la revuelta árabe, el renacimiento de Mesopotamia. Ellos solo existían por estos y, de creer lo que decían, estos solo existían gracias a ellos. Al final la realidad se impuso; les arrebató sus funciones fabulosas y los apartó con gesto desdeñoso. A Lawrence y Gertrude, los cazadores de dragones, se les quitó la máscara. Perdieron su razón de vivir y, como se habían despojado de su identidad inglesa, que tan poco les gustaba, y adoptar la árabe era imposible, cometieron un error fatal: acabado el Gran Juego, se convirtieron en unos extranjeros en el mundo.
Algunos de vosotros comentabais la complejidad de seguir el hilo de la lectura debido a las tramas complejas y enrevesadas: alianzas imposibles, traiciones, cambios de rumbo en la política, decisiones y caracteres variables... y, sí, para mí también lo ha sido. Pienso que estamos ante uno de esos libros que exige ser releído con calma. Personalmente, sin quitar mérito a ninguna de las partes de Mesopotamia (Gertrude Bell no se entiende sin su faceta como agente de inteligencia británica, por ejemplo), me han gustado mucho los capítulos dedicados a su vida personal e íntima; capítulos que el autor ha novelado, pero que se sustentan en la realidad. La frustración de Bell al no alcanzar una relación de pareja íntima, lastrada por su posición y sus valores victorianos (sin embargo, hipócrita y desdeñosa para con las otras mujeres, como la esposa de su segundo amor), engañada por hombres sin escrúpulos (Candogan ambicionó su dinero y su reputación, Cornwallis se dejó querer y entretener hasta que encontró a una mujer más joven, más apetecible en el plano sexual y, luego, la desechó), unido a su orfandad y a esa sensación de ser la solterona, la “añadida” en la casa de la madrastra... Insatisfecha, anhelante de la validación de su padre (“el otro gran hombre” de su vida), se lanzó a una aventura, a ese Gran Juego del que nos habla Olivier Guez. Jugó a ser otra porque la mujer que era (soltera, sin hijos...) no la satisfacía.
Como hemos comentado con anterioridad, Gertrude Bell no perdió de vista su clase social y su educación conservadora, esto es, nada de solidaridad para con sus congéneres. Clasista, por tanto. Imperialista. Condescendiente. Altiva. Orgullosa... Dice Guez que tanto ella como Lawrence tenían una muy mala relación con su cuerpo... Me ha llamado mucho la atención (de alguna manera, me ha entristecido) cómo Gertrude fantasea, ya cerca de los cincuenta, con darle un hijo a Dick. De este tipo de asuntos, Gertrude no tiene ni idea.
Su decadencia como mujer en todas sus vertientes (tanto en lo personal como en lo profesional), junto con la ruina de su familia, la aboca a una vejez muy dolorosa, de la que “escapa” por su temprano fallecimiento. La enfermedad, desde hace tiempo, ha causado estragos en su cuerpo y en su ánimo.
¿Qué os ha parecido Mesopotamia? ¿Conocíais la figura de Gertrude Bell? ¿Habéis descubierto algo inédito sobre ella? Los capítulos en los que el autor novela partes de su biografía (el desengaño amoroso, el encuentro frustrado en la pensión, los días que pasó Dick en su casa natal...) ¿os gustan, o pensáis que hubiese estado mejor mantener un tono más aséptico?
Os leo en comentarios, si gustáis.