Hasta el capítulo 6, incluido

Libro que estamos comentando
Gertrude Bell,1910

Queridas viajeras, queridos viajeros: 

Iniciamos lectura, iniciamos viaje, con una novela muy especial: Mesopotamia, una obra que recrea la vida de Gertrude Bell, arqueóloga, viajera, espía... Mesopotamia se sustenta sobre una documentación rigurosa y una prosa ágil y, en ciertos pasajes, muchos pasajes, muy hermosa, la del periodista, ensayista y escritor francés Olivier Guez. Guez se ha servido de la ficción, pero todo lo que cuenta es veraz. Os adelanto que ya se han vendido los derechos del libro para rodar una serie de ámbito internacional.

En esta primera semana de febrero, pretendo que leamos y conversemos acerca de los seis primeros capítulos pero, sobre todo, que comencemos a entrar en una época, la del Imperialismo, habitada por unos personajes contradictorios y fascinantes, convencidos de estar en posesión de la verdad absoluta y de pertenecer a un país, a un imperio (el británico) que se merecía todo, y ese todo era ser dueño del mundo, casi sin límites (excepto los que pusiera la Providencia). 

Creo que es interesante leer algunas de las entrevistas que ha dado Guez a medios de comunicación españoles, así que os dejo enlaces por aquí. Me permito recomendaros que no las leáis todas esta semana, simplemente las recopilo para que las tengáis en vuestro radar:

Por aquí os dejo, también, algunos recursos sobre Gertrude Bell, sobre todo, y a estas alturas incipientes de lectura, para que veáis fotos... y para que los tengáis en cuenta para las próximas semanas:

Como os digo, estos recursos los dejamos aquí para que volváis a ellos cuando gustéis... porque de veras estoy convencida de que es mejor que descubramos a Gertrude Bell, Lawrence de Arabia, Percy Cox, Arnold Talbot Wilson... poco a poco, tal y como nos los va revelando Guez en Mesopotamia

En estos primeros capítulos ya vemos la estructura que va a seguir la novela, con saltos en el tiempo, de adelante hacia atrás (leo que esto en literatura es un recurso denominado anacronía y que comprende la retrospección y la anticipación), y, así, comenzamos en Basora, en marzo de 1916, en plena Primera Guerra Mundial, con las conspiraciones y juegos de espionaje propios de este periodo, pero pronto saltamos hacia atrás, cuando nuestra protagonista es una niña y fallece su madre, o es una jovencita que acaba de bajarse del Orient Express (genial ese encuentro con cierto detective belga creado por una novelista famosísima de misterio, por supuesto, inglesa), y está fascinada por el mundo que le rodea. 

Mujer, inteligente, dotada de una capacidad extraordinaria de trabajo, recibió una educación atípica; se acostumbró a expresar libremente su opinión en cualquier circunstancia... Muy influenciada por su padre, al que adoraba, buscaba una y otra vez ese punto de inflexión que le señalara que en su vida iba a producirse un cambio determinante. También su abuelo, un verdadero potentado creador del imperio familiar de la metalurgia, tuvo mucha importancia en la vida de Gertrude. Además, no hemos de olvidar que, aunque su padre y su madrastra, la mundana y artista Flora, hicieron todo lo que pudieron para que se casara (dote no le faltaba, ni otros atributos atractivos, tal vez, su descaro y libertad jugaron en su contra a la hora de recibir propuestas de matrimonio), al tener patrimonio personal podía elegir y, tal vez, eligió estar soltera (leemos en el libro que se enamoró de Henry Cadogan, pero este murió de forma prematura...) 

Las pinceladas que nos da Guez sobre ese mundo (feroz) de hombres en el que se desenvolvía Gertrude, son impactantes: “Es una mujer muy inteligente, tiene cerebro de hombre”; El profesor Spencer las avisaba: un cerebro muy desarrollado podía hacer peligrar sus órganos reproductores”... etcétera, etcétera. 

En cuanto a pasajes hermosos y, encontrándonos como nos encotramos, en un club de literatura de viajes, quiero resaltar este:

Desde que zarpó de Basora a principios de junio, el barco de vapor hiende el bochorno en medio de un silencio ominoso. Desfilan cañaverales, alguna plantación de árboles frutales, palmeras, altas como edificios neoyorquinos, que hunden sus raíces en el agua y ofrecen al sol la copa desmelenada, y las tierras pedregosas del Edén caído que se extienden hasta perderse de vista, aunque quizá sean las aguas color dátil del Eúfrates, que baja crecido y se confunde con las llanuras, marrones como el comino, que lo abrazan con indiferencia.

¿Algún pasaje o cita reseñables? Ojalá ampliemos la conversación en los comentarios, si gustáis. 

(Por cierto, os dejo el tráiler de la película protagonizada por Nicole Kidman, La reina del desierto... ¿la habéis visto? Olivier Guez opina que es mala, que no hace justicia a nuestra Gertrude Bell).