Hasta el capítulo 21, incluido
Queridas viajeras, queridos viajeros:
Estos capítulos que comentamos esta semana podríamos dividirlos en dos: la parte más personal e íntima de Gertrude Bell y la parte más profesional, pública, política...
En la parte más personal e íntima, vemos a una mujer que no ha podido explorar su sexualidad, su deseo. Es una mujer frustrada en este sentido, porque ella anhela amar, quiere tener relaciones íntimas pero el otro, pese a darle esperanzas, llegado el momento se echa atrás. Esta terrible frustración se une a la tristeza y decepción por la pérdida de Cadongan; primero la negativa paterna ante la propuesta matrimonial y después lo insalvable, el fallecimiento de este su primer amor. Es verdad que esta persona era un vividor, un listo, un crápula, pero los sentimientos de Miss Bell eran reales y lo que él proyectaba en ella, también.
Ahora... ¿qué os parece Charles Doughty-Wylie, el hombre atormentado que no se permite amar (o pecar, porque está casado...)? Toda la historia de la pérdida de su primera mujer y de su hijo, me ha parecido tan fascinante como aterradora, sobre todo la manera en que influyó en él..., en su arrepentimiento y una extrema religiosidad. Sin embargo, que haga que Gertrude albergue esperanzas y anhelos para luego rechazar cualquier acercamiento físico con ela, me parece cruel y gratuito. Debió alejarse antes de ella, si bien parece que se sentía tan atraído física e intelectualmente por ella. Desde el principio de Mesopotamia sabemos que el fallecimiento de su madre, Mary, la afectó profundamente y siempre llevó consigo ese dolor.
El resto de los capítulos se centran en las revueltas, en cómo los beduinos intentan expulsar a los británicos, pero sin éxito. Una jugada de Bell (esos cuarenta ladrones a las órdenes de Cox) da la vuelta a la situación, aceptan a Faisal, al príncipe hachemí, presentándolo como una elección consciente del pueblo árabe.
Lawrence de Arabia no acude a la ceremonia en la que Faisal sube al trono (un trono de cartón que imita, burdamente, al trono del imperio), y Bell lo lamenta, pero está feliz de haber conseguido ese gobierno que será un títere en manos del Imperio.
Miss Bell es una mujer de fuertes convicciones que no cede ante la adversidad ni las malas condiciones de habitabilidad de Mesopotamia (calor, frío, mosquitos, incomodidades varias... pocas, porque vivía en una casa excelente, hasta tenía una gacela ¡¡!!) Guez nos presenta a esta mujer astuta capaz de reinventarse una y otra vez, aprender de sus errores para librarse de sus enemigos más peligrosos (como A.T.Wilson o Philby) y continuar siendo la que mueve los hilos.
Algunos de los personajes, perdonad si me repito, son merecedoras de sus propias novelas, como ese tal John Terry, soldado irlandés, que quería ver mundo y ganar dinero para montar una mercería... O el general Aylmer Haldane, al que no le hizo ninguna gracia tener que viajar hasta Irak para sofocar la revuelta.
Miss Bell era una mujer dura y vulnerable, amante de la aventura (en un momento dado dice que deja el yacimiento arqueológico de Binkirkilise porque necesita movimiento), frustrada en los afectos, eterna huérfana, muy dependiente de las opiniones y la valoración de su padre, al que adora... y anti sufragista desde el privilegio que le conceden su inmensa fortuna, su exquisita educación y cultura y su posición en el mundo.
¿Qué opináis, pensáis que si hubiese podido desarrollar su faceta más personal, hubiese cambiado algo su carácter o hubiese sido la misma? Otro tema importante es el expolio en los yacimientos arqueológicos, ¿recordáis con qué naturalidad Bell expone y luce la lámpara de Binkirkilise en la habitación de su casa natal, amén de trozos de cerámica y otros objetos?
Contadme, contadnos, lo que gustéis.
- Binbirkilise
- William Ramsay
- The Thousand and One Churches (el libro que escribió William Ramsay con Gertrude Bell)
- Charles Montagu Doughty, autor de Arabia deserta
- Charles Doughty Wylie
- Aylmer Haldane
- Galería de fotos de la mansión de Rounton Grange
Fotografía: Gertrude Bell junto al lago en los jardines de Rounton Grange