Hasta el capítulo 14, incluido
Queridas viajeras, queridos viajeros:
Continuamos conociendo en detalle la vida de Gertrude Bell y de cómo contribuyó, sirviendo al Imperio británico, a dibujar el mapa de Oriente Medio.
En estos capítulos, asistimos a las conspiraciones, conversaciones, cambios de opinión y, en definitiva, juegos de estrategia entre políticos y naciones. Son juegos delicados en los que los intereses de unos y de otros no cambian, pero sí las alianzas, porque lo que hoy es blanco, mañana es negro, y al otro, gris. Por ejemplo, la Conferencia de Paz de París, a la que asiste Gertrude Bell y en la que se encuentra con su amigo Lawrence de Arabia y el príncipe Faisal, al que los británicos prometieron autodeterminación, o, al menos, un gobierno “independiente” bajo la batuta de un protectorado fuerte. Llama la atención, por ejemplo, cómo a Gertrude Bell y a A.T. Wilson les parece una completa locura el argumento de que hay que dejar que gobiernen los líderes árabes con la dirección de los británicos, pero luego, Gertrude cambia de opinión y defiende firmemente este posicionamiento. En definitiva, es complicado seguir los intríngulis de la geopolítica mundial de aquel tiempo (como en estos tiempos, me temo), pero nos queda la sensación de que las alianzas y las promesas son frágiles y, en cualquier momento, son susceptibles de romperse.
Interesante cómo comienza a hablarse de acoger a los judíos en Palestina, de crear (o “devolverles”...) el estado bíblico que les fue arrebatado, y cómo los musulmanes (al menos, Faisal y sus aliados) proclaman que serán muy bienvenidos.
Y, ¿qué decir de Gertrude Bell? En los capítulos en los que el autor desarrolla la historia de amor o la historia de conveniencia, según Bell o según Cadongan, de estos dos... la joven Gertrude, seducida por el diplomático que la lleva al desierto, a acampar, a tomar té entre las dunas y que se baña, viril y valiente, en un río helado... el señor Cadongan, joven pero ya no tanto, que ve en el matrimonio una salida a sus problemas con el juego y la ruina familiar, una oportunidad única para medrar. La influencia de su padre en ella es radical, fue, tal vez, él fue el verdadero hombre de su vida. Aunque ella se duele por la negativa del padre a la propuesta matrimonial, y se promete y promete a Cadongan que intentará hacerle cambiar de opinión, abandona Teherán y regresa a casa. Con lo valiente y osada que es Gertrude, no le planta cara, ni le desobedece. ¿Será porque, a fin de cuentas, es una dama inglesa que sabe cuál es su sitio?
Seguro que os ha llamado la atención la consideración con la que los hombres tratan a las mujeres y a su deseo sexual (inexistente, según ellos, claro):
Gertrude no ha olvidado la conferencia que dio un profesor de Medicina en una sala abarrotada de Oxford. Dijo, estadísticas en mano y ajustándose las lentes, que las mujeres no tenían libido y que solo las putas y las brujas sentían deseo sexual, es decir, solo una de cada diez. Gertrude se asusta, se castiga.
Otra cuestión interesante es la posición antisufragista de Gertrude Bell:
Gertrude se abstuvo. Ella estaba en contra, les dijo. El matrimonio y la maternidad eran el orden natural de la sociedad. Las mujeres no eran independientes, no sabían nada de política ni de diplomacia, esferas reservadas a los hombres, “y con razón”, insistió, y no estaban, pues, preparadas para votar. Concederles el derecho a votar sería peligroso para la democracia inglesa...
No acierto a poner calificativos a este argumento de Gertrude. Ella, soltera e independiente, porque poseía una fortuna familiar y una educación exquisita, no se ponía en el lugar de todas las mujeres que no tenían independencia económica ni posibilidades de cultivarse para prosperar. De hecho, ella, que rechazaba (después de la muerte de Cadongan) las propuestas matrimoniales de los viudos con vidas aburridas y sedentarias, porque podía viajar, escribir, investigar, excavar en yacimientos arqueológicos, ser espía... vivía para ella y para el Imperio Británico, sin pizca de solidaridad para con sus congéneres, para las que no había, efectivamente, otra salida más que el matrimonio, aunque fuese un malísimo matrimonio. No podemos perder de vista el privilegio de Bell y no puedo dejar de preguntarme qué hubiera ocurrido si se hubiera casado con Cadongan. Si él hubiera vivido muchos años, ¿ella se habría separado de él? ¿O se hubiera resignado a seguirlo, cuidarlo, darle hijos y sostener sus caprichos?
Sabíamos que Lawrence de Arabia, amigo de Gertrude, aparecería una y otra vez en este libro, y así ocurre... en estos capítulos Olivier Guez dibuja a un personaje controvertido, que intenta destacar sobre el resto, pero que con sus bravuconadas y bromas de mal gusto, tira por tierra sus hazañas. ¿Qué relación le une a Faisal? ¿Es un traidor?
Siendo este un club de literatura de viajes, tenemos que fijarnos en cómo el autor explica el significado del viaje para Gertrude: un alivio, un antídoto tras la pérdida del amor:
Nunca más se dejaría llevar. El amor era peligroso y podía hacer mucho daño. Así pues, Gertrude viajaba.
Ya no era una rica excéntrica, sino una viajera culta. Se subía al castillo de popa o se sentaba junto a la ventanilla, miraba a lo lejos y respiraba. La brisa del mar le calmaba los nervios, el traqueteo del tren la tranquilizaba. Eran buenos remedios, drogas euforizantes. Se volvía más sociable, participaba de buen grado en la vida de a bordo, lanzaba aros de cuerda a un palo, jugaba a la rayuela, al tejo o al bridge, bailaba disfrazada con desconocidos que, como ella, se libraban del dolor y de la grisura de la vida haciendo las maletas.
Para terminar, por ahora, este comentario, fijémonos en cómo el autor nos transporta a ese mundo (incómodo cuando menos, e insalubre) pero que para personas de la categoría y posición de Gertrude Bell, desprende calidez, libertad... con matices, colores, olores y sabores inéditos en la fría y estirada sociedad británica a la que ella pertenece. Los pasajes en los que, a través de enumeraciones, Guez describe el ambiente, son excepcionales. No me extraña que Bell haya encontrado su lugar en el mundo, aunque éste sea un lugar robado, escamoteado a la población autóctona: estamos construyendo un mundo nuevo” ¡Cuánta ambición y desdén!
- Lloyd George
- Sir Percy Cox
- General Maude
- Philby
- Lawrence de Arabia y Faisal
- Conferencia de Paz de París, 1919
¿Qué os está pareciendo la vida de Gertrude Bell? ¿Algún personaje de los que aparecen que os fascine especialmente?
¿Nos leemos?