Merlín y familia, II
Hola a todas y todos, continuamos una semana más paseando por la selva de Esmelle y conociendo al insólito y maravilloso catálogo de personajes e historias que visitan al viejo Merlín. Esta semana os propongo terminar con la primera parte del libro, es decir, de la página 50 a la 113 en mi edición, o, si lo preferís, siete capítulos breves y muy sabrosos.
Vamos al lío.
ESTA SEMANA
Empezamos de la mejor manera (al menos en mi opinión, claro), y lo hacemos de la mano de un cuentista, Elimas, y sus historias (el capítulo "Las historias del algaribo"). Ya desde el título del capítulo está el autor buscando la extrañeza y también jugando con las palabras: algarivo es una manera (muy poco habitual) de llamar a alguien de otro país (a un extranjero) o de otra profesión. Al escribirlo con "b" quizás pretenda Cunqueiro escribirlo de una manera arcaizante (pues la etimología nos indica que en árabe se escribía con b: garib) o tal vez quiera señalar el origen árabe del término (igual que Elimas. ¡Y esto sólo con el título! En verdad es fascinante: cada palabra, cada línea, cada párrafo de este libro puede esconder un juego, una historia, una puerta que da a otra estancia.
Conocemos a don Felices en el capítulo de "El reloj de arena", un echador de cartas y lector del futuro que tiene un hermoso reloj que precisaba reparación. Este don Felices nos dará pista del futuro del narrador y de futuros varios, qué sabemos si del tiempo donde transcurren estas historias o de otros tiempos por venir o de la mixtura de tiempos ficticios y reales (en los que se pregunta por el asesino de Prim, la Bella Otero, o los caballeros de Bretaña). Es en verdad asombroso cómo juega Álvaro Cunqueiro con estas posibilidades.
Seguimos con los personajes y sus historias fascinantes y, en el siguiente capítulo, el titulado "La soldadura de la princesita de plata", otra historia maravillosa y llena de posibilidades que, por lo que parece, es de las pocas que no acaban bien (¿es así?). Me encanta la imagen de la princesita, la historia, la resolución (o no).
Continuamos con "El espejo del moro", con una historia inquietante de "tecnología" mágica fallida. Si os fijáis cada historia es distinta de las otras y, sin embargo, todas tienen un mismo color, un mismo tono. Y esa pátina común va de la mano del lugar y los personajes donde todo está transcurriendo, un lugar que, igual que en la lectura del mes pasado, tiene una atmósfera particular que se teje a través de las palabras. Y ya que he citado a los personajes, téngase en cuenta que muchos de ellos son personajes que no tendrían por qué anudarse en una misma historia, que no "pegarían", como, por ejemplo, Ofelia y el señor Hamlete de Dinamarca, con los particulares Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno que soñara Della Croce. Para quitarse el sombrero.
En "La viga de oro" conoceremos el mundo subterráneo de los enanos y sabremos que bajo tierra hay dos o tres vigas que sujetan el mundo que pisamos. Es todo tan maravilloso. Y la historia es tan pequeña, tan sutil, tan entretenida. ¿No os parece una virguería?
Aunque para virguería el capítulo dedicado a "La sirena griega", en el que veremos cómo se enluta la cola (con ese detalle del ribete dorado) al tiempo que sabremos de ella (como ya sabíamos): que es bella, que es algo casquivana, que es peligroso escuchar su voz... Y todo tan ajustado al relato que pasma.
En el último capítulo de la semana, en "El viaje a Pacios" conoceremos al relojero prodigioso y sus bolas de nieve de ensueño. Pura magia a cada página. ¿No os maravilla?
Os leo en los comentarios.
Pasad una estupenda semana de lectura,
saludos cordiales,
Pep Bruno