4 MARINERO EN TIERRA

Libro que estamos comentando

 

4 MARINERO EN TIERRA. Rafael Alberti

 

 

Buen lunes, estimados y estimadas ATRAPAVERSOS. Esta semana comenzamos el cuarto tramo de lectura de nuestro Marinero en tierra, con el último apartado del libro titulado “Triduo del alba” del que leeremos desde el poema “1. Día de la coronación” (p. 113) hasta “Sol negro” de la página 130, y que está dedicado por el poeta a su madre. La palabra triduo significa “conjunto de rezos o celebraciones religiosas que dura tres días y es propio de la iglesia católica”. De modo que no es casualidad que este apartado se abra con tres sonetos (que además aparecen numerados) dedicados a la virgen marinera del Carmen, si bien en el resto de poemas Alberti abandona toda connotación religiosa.

 

Nuestro poeta fue iniciado en la poesía antigua tradicional y sus Cancioneros por Dámaso Alonso. Además, fue influido por la obra de J. R. Jiménez —en Marinero en tierra leemos la elogiosa carta que le escribió después del premio (p. 71) y que se ha conservado en todas sus ediciones posteriores, así como la partitura de la canción (p. 40) del músico Ernesto Halffter—.

Junto a J. R. Jiménez, habría que añadir al filósofo Ortega y Gasset (su ensayo  La deshumanización del arte es de 1925) y a otro contemporáneo, Ramón Gómez de la Sema (la greguería es ingeniosa síntesis sorpresiva), como maestros de esta nueva promoción de escritores y escritoras conocidos como la generación del 27 a la que perteneció nuestro autor.

 

Referido a las influencias populares, fijémonos, por ejemplo, en la transformación del poema de Gil Vicente que dice: “Del rosal vengo, mi madre, / vengo del rosale” y de este otro tradicional: “De los álamos vengo, madre, de ver cómo los menea el aire” que lleva a cabo Alberti  —en consonancia con el vanguardismo de su época: futurismo y ultraísmo entreverados con dosis de humor e ironía lúdica—en su poema "Verano" de la página 98:

 

Del cinema al aire libre

vengo, madre, de mirar

una mar mentida y cierta,

que no es la mar y es la mar.

 

A propósito de la referencia que hace el poeta al cinema, algo bastante novedoso en su época (la primera proyección con público de los hermanos Lumiére se fecha en 1895), se me ha ocurrido buscar otros adelantos técnicos de la época que también se nombran en este poemario de Alberti. Para apreciar el hecho, tenemos que ponernos en la situación “futurista” de deslumbramiento que dominó en aquella época por estos avances. Aunque en estos pocos más de 100 años nos ha dado tiempo a darnos cuenta del vértigo de tanto adelanto técnico, este no era el espíritu de la época de Alberti, en la que se veía todo avance como una feliz modernidad. Solo por pura curiosidad, además del poema del cinema de más arriba, he encontrado las siguientes referencias:

al tren en los poemas “Balcón del Guadarrama” (p. 34) y “Trenes” (p. 54)

al avión en los poemas “Del poeta a un pintor” (p. 21), “El aviador” (p. 45) y “Dialoguillo de otoño” (p. 62)

al teléfono en los poemas “Llamada” (p. 79) y “Recuérdame en alta mar” (p. 126)

y al tranvía en el poema “El mar muerto” (p. 89).

 

Una invitación: si encontráis alguna otra referencia más a estos “adelantos técnicos” ponedlo en común y así ¡ampliamos nuestra lista!

 

Por último, menciono el fenómeno astronómico del cometa Halley, al que Alberti le dedica el poema “Elegía del cometa Halley” de la página 99. Sin duda, un recuerdo de infancia. Ver pasar el cometa y que se lo conociera a nivel popular como tal fue gracias a los medios de comunicación, pues este cometa pasa a la vista de nuestro planeta solo cada 76 años, que es el tiempo que tarda en dar la vuelta al Sol. Como se puede imaginar, una persona no puede verlo más de dos veces (en el mejor de los casos…) en su vida.

Y esta fue la circunstancia de Rafael Alberti, pues la primera vez —la que se menciona en el poema— pasó en 1910, cuando el poeta tenía apenas 8 años (nació en 1902). Sin embargo la segunda, que pasó en 1986, no era probable que lo presenciara, aunque por supuesto tuviera noticia de ello, pues solo podría verse en Chile y algunos otros países americanos… y en las islas Canarias. Pues sí, quiso verlo y allí estuvo, por segunda vez en su vida, a los 94 años, viendo la “melena” del Halley, el 16 de marzo en la playa de Las Teresitas de Santa Cruz de Tenerife. Parece ser que le hizo mucha ilusión. Me encanta pensar que ese niño que una vez fue Alberti le duró toda la vida.

 

 

Aquí terminan por esta semana mis comentarios, no sin antes invitaros, aunque todavía nos queda una última entrada de Rafael Alberti, a la próxima lectura del mes de noviembre: Safo. Poemas y testimonios, una recopilación de la poca obra que ha llegado hasta nosotros de esta gran poeta del mundo antiguo. Una autora muy nombrada, pero a mi juicio poco leída. El libro que propongo, de la editorial Acantilado, está al cuidado de Aurora Luque, premio Nacional de poesía 2022 (casi 100 años después del de Alberti) y poeta a la que este año hemos conocido en ATRAPAVERSOS con su poemario Carpe amorem, una recopilación de todos sus poemas amorosos.

Quiero hacer hincapié en la facilidad que va a suponer esta lectura, pues por desgracia se conocen muy pocos poemas completos de Safo, y la mayoría de lo que se conserva son solo fragmentos (algunos de ellos son menos de un verso completo). Además, la edición es bilingüe: griego antiguo-castellano, por lo que la lectura será de la mitad de las páginas que tiene el libro (a no ser que tengáis la fortuna de ser capaces de leerlos en griego antiguo…). Avisados estáis.

 

 

Hasta la próxima semana. Que la poesía os acompañe,

Estrella Ortiz