3 MARINERO EN TIERRA
3 MARINERO EN TIERRA. Rafael Alberti
Buen día, estimadas personas ATRAPAVERSOS:
Comenzamos esta semana, lunes 16 de marzo, el tercer tramo de lectura albertiana con el apartado 3 del libro, con el título precisamente de todo el poemario, Marinero en tierra.
A estas alturas ya os habréis dado cuenta de la coherencia temática y formal que tiene cada apartado. En el 1 estaba la colección de sonetos; en el 2, canciones, recreaciones de temas antiguos y más bien de tierra (pegada al mar, pero de tierra). En este tercer apartado se produce el desarraigo, el viaje tierra adentro, la nostalgia del mar. Un hecho que ocurrió realmente en la vida de Alberti: la familia se arruinó, el padre tuvo que vender la bodega (a Osborne, precisamente) y marchar en busca de fortuna. De ahí la copla (p. 75) que abre el apartado:
Entraña de estos cantares:
¡Sangre de mi corazón
tarumba por ver los mares!
Y los famosos versos del primer poema “El mar. La mar” (p. 76):
El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste padre
a la ciudad?
El mar, la mar, todo es mar, en femenino y masculino, el padre y la madre del poeta: todo pensamiento y sentimiento de su presencia… y ausencia. Incluso es su padre cuando dice en el poema “Nana” (p. 81):
Mar, aunque soy hijo tuyo,
quiero decirte: ¡Hija mía!
Los poemas de este poemario son cortos, por ello podemos pasar la lectura muy rápida, pero quizás perdamos cosas por el camino. Por eso os insisto a propósito de que volváis sobre lo leído, la relectura de los poemas, pues a mi juicio muchos de los hallazgos de un tema los vamos a encontrar en los reencuentros sucesivos que hagamos. Voy a poneros un ejemplo.
Después de hablaros la semana pasada a nivel formal del poema “De dos a tres” (p. 61), después de cerrar la entrada, el poema hizo efecto dentro de mí y pensé ¿Qué es lo que está contando, que es lo que me dice este tema?
A partir de aquí os recomiendo que me leáis con el poema en la mano, porque voy a detenerme sobre él, para así conjugar el argumento con sus medidas formales, las que vimos la semana pasada. Allá van estas pinceladas:
En este poema el yo poético narra el paso de una hora a otra, de dos a tres, se centra en lo que ocurre en este intervalo de tiempo.
¿Son horas de la noche o del mediodía? Creo que de noche, pues es la luna quien aparece “cantando en mi galería”, como en un sueño. Y lo que se narra es milagroso, fuera de lo común, un momento donde irrumpe la fantasía.
El poeta está en su balcón cuando dan las dos en la vaquería, el lugar de los trabajadores y los animales. Un lugar físico y social “inferior” con respecto al poeta.
Y ocurre que la luna está bordando mientras canta la historia de una niña pequeña que está sola jugando bajo la protección (custodia, bonita palabra) de la Virgen.
Muchos animales asimismo la acompañan: gatos, mirlo, araña, pez, elefante y camello. Una curiosa enumeración (animales cercanos y animales exóticos, de tierra y de agua, grandes y pequeños) en la que cada animal tiene un atributo de color, tan del gusto de los niños y los pintores: los gatos son grises, el mirlo negro, el pez colorado…
Y esta variopinta compañía de animales en honor de la niña sin cuna se ve coronada con “toda la flora del aire / y toda la fauna del cielo”. ¡Madre mía! Qué aérea (celestial podríamos decir) es esa protección: la flora y fauna son del aire y del cielo.
Mientras, entre juegos, dan las tres: ha pasado esa hora mágica.
El poeta cuenta los tres toques de la hora tin-tin-tan en la vaquería, el lugar de la niña pobre, pero también, son los mismos, aunque un poco más sonoros ton-ton-tan los que suenan en el prioral. Como si viniera a decir que gracias a la luna-virgen se produce el milagro de unir los dos mundos. Y el conjunto me sugiere un portal de Belén cuyo centro es una bendita niña, que no tiene cuna y tal vez duerma en el pesebre de las vacas.
Nunca he estado en El Puerto de Santa María, pero internet me cuenta en un solo clic (busco la palabra “prioral”) que en la plaza de España de esta localidad (que es la del poeta) está la Iglesia Mayor Prioral, en la que se encuentra la imagen de la Virgen de los Milagros, patrona de la ciudad. Y de pronto siento la emoción de que todo encaja. Y el poema me parece más bonito todavía.
Ahora os invito a que hagáis la tarea de conjugar, como un mecanismo de relojería (nunca mejor dicho), la parte formal descrita la semana pasada de este poema (su rima, medidas de verso y estrofas) con la del contenido que acabamos de ver. Podéis volver a mirar la entrada 2. Y “encajadlo” todo. Seguro que percibís más cosas, otras asociaciones personales, y lo afináis con vuestra lectura particular. Espero que lo disfrutéis.
Todo este comentario tiene un objetivo: que os entren ganas de deteneros en aquellos poemas que más os gusten, para que así puedan destilar todo su sentido, el vuestro.
Con este buen deseo me despido esta semana. Ya me contaréis.
Enamoraos, si es posible. Dejaos cortejar por las palabras. Feliz otoño,
Estrella Ortiz