2 MARINERO EN TIERRA
2 MARINERO EN TIERRA. Rafael Alberti
Buen día, marineros y marineras de la poesía de Alberti. Espero que estéis disfrutando del viaje.
Comenzamos esta segunda semana, hoy lunes 9 de octubre, en la que vamos a leer el apartado 2 del libro, hasta la página 68, con el poema “De La Habana ha venido un barco…”.
Como os comentaba la semana pasada, este libro está construido con algunas “fórmulas” rítmicas tradicionales y cultas. Vamos a ver algunas de ellas.
El poema-Prólogo que abre el libro, titulado “Sueño del marinero”, lo forman versos de once sílabas (endecasílabos) asociados en una serie de estrofas de tercetos encadenados: ABA, BCB, CDC… El argumento del poema es una invocación del yo poético-marinero a la sirena de la gruta (que podría ser la inspiración, la personificación del sentir poético) para que esta le acompañe en el viaje que será todo el poemario. Muy bello, para mi gusto, este poema.
Tras él, en el apartado 1, nos encontramos con doce sonetos. En los tres primeros, “A un capitán de navío”, “A Claudio de la Torre, de las Islas Canarias” y “Del poeta a un pintor” los versos son alejandrinos, de 14 sílabas; y el resto son endecasílabos, la medida canónica de los sonetos. Todos tienen muy bonita factura. Os destaco los tres que dedica “A Federico García Lorca, poeta de Granada”. Los títulos son las estaciones Otoño, Primavera y Verano, y pienso que omite el invierno porque los dos son demasiado jóvenes para pensar en la estación que presagia la muerte… (Lorca era un poco mayor, se llevaban cuatro años).
Y por último, a propósito de la lectura de la semana pasada, os cuento una curiosidad. En la página 27 se encuentra el poema “Rosa-fría, patinadora de la luna”, con este mismo título Rosa-fría, patinadora de la luna tiene una colección de cuentos María Teresa León. Al principio pensé que el poeta lo había tomado de ella (estuvieron casados muchos años), pero mirando fechas he comprobado que cuando se publicó este libro de Alberti ni siquiera se conocían, de modo que fue ella quien tomó al personaje de este soneto para su libro de cuentos. En concreto son nueve cuentos, el primero es el de Rosa-fría, y el libro está ilustrado con dibujos de Alberti. La última reedición me parece que es de 2009, con Ediciones de la Torre.
En la página 40 leemos el poema "Mi corza", bastante conocido, con la partitura de Ernesto Halffter. Este músico, más joven todavía que Alberti, obtuvo el Premio Nacional de Música el mismo año, en 1925. Además de a este tema, le puso melodía a otros tres poemas: “La niña que se va al mar” (p. 118), “Verano” (p. 98) y “Salinero” (p. 78), todos ellos muy célebres. En internet vais a encontrar muchas versiones musicales.
“Mi corza” es un poema que recrea esta composición antigua de Gil Vicente del s. xv:
En Avila, mis ojos,
dentro en Avila.
En Avila del río
mataron mi amigo.
Dentro en Avila.
En la lectura de esta semana me parece muy interesante la serie de siete nanas (páginas 46-51); la penúltima, "Nana de Capirucho". Capirucho, sinónimo de capirote, es la capucha antigua con falda sobre los hombros según la Real Academia. Debía de ser un complemento para los arrumbadores de las bodegas, y esta nana está dedicada precisamente a uno de ellos, que en la bodega de su padre le llamaban así. Cuenta Luis Suárez Ávila, contemporáneo de la infancia de Alberti, que en la bodega de sus primos Merello se cantaba esta retahíla dialogada entre dos arrumbadores, Capirucho y Trabajila:
–¿Adónde vas, Capirucho,
con sotana y con mochila?
–Voy a casa de Merello,
a llevar estas vasijas.
–Adiós, adiós, Capirucho.
–Si me llamas Capirucho,
te llamaré Trabajila.
–¡Capirucho!
–¡Trabajila!
Parece que el poeta le tenía cariño al tal Capirucho, porque fijaos, en el poema ofrece una “consolación” cariñosa: como también se parece a cucurucho, un objeto para poner golosinas, tú no te enfades si te lo llaman, que es bueno…
Para acabar por hoy, me despido haciendo mención de los poemas en los que la sonoridad está llevada hasta el juego gracias a la aliteración (repetición de sonidos), la onomatopeya y el ritmo de los versos. Como ejemplo vaya “Dondiego sin don” (p. 59), que casa (los protagonistas son plantas de maceta las dos) temáticamente con el “Amor de miramelindo” (p. 60).
En esta línea sonora, me encanta el poema “De 2 a 3” (p. 61) por la cantidad de variaciones métricas que tiene: la primera estrofa de ocho sílabas (octosílabos); la segunda y la tercera de seis (hexasílabos), fijaos cómo esta medida parece que danza más ligero. En la cuarta estrofa los dos primeros versos son hexasílabos y los dos restantes son de nueve sílabas (eneasílabos). Para, por último, las onomatopeyas Tin/tin/tan:/ y Ton/ton/tan:/ seguidas ambas de un verso octosílabo (que se ofrecen como cierre con los versos -en medida y rima- de la primera estrofa).
Además esa “velocidad” que aporta la variación de medidas viene acrecentada por ser el texto una enumeración, tan disparatada y bella…
Un abrazo en poesía y hasta la próxima semana,
Estrella Ortiz