Segunda parte: los tres primeros capítulos
Cuando anunciaron por fin la salida del avión hacia Mascate sentí inquietud pues había llegado el momento de concretar mi proyecto de reencuentro con los árabes del mar. Tuve un momento de angustia: no había vuelta atrás. Si veinticinco años antes aquel era un mundo que desaparecía, ¿qué quedaría ahora? Mientras nos elevábamos sobre la moderna Dubai, me pregunté si era posible retomar los sueños donde un día se dejaron.
Queridas viajeras, queridos viajeros:
Empezamos la segunda parte leyendo y comentando sus tres primeros capítulos. Jordi Esteva pretende “buscar antiguos capitanes de los veleros que seguían la ruta de los monzones”. Han pasado veinticinco años desde su primer viaje, un viaje que le llevó a Egipto, al Cairo, donde vivió durante cinco años hasta que tuvo que irse, huyendo, perseguido por la amenaza de prisión.
Ahora vuelve, más maduro y sereno, pero creo que, en esas dos décadas largas, Esteva siguió viajando y atesorando en su interior su proyecto más codiciado... ir tras los árabes del mar.
Es un correo electrónico de una buena amiga la que lo espolea y lo vuelve a poner en marcha. Su amiga, Carla Serantoni, se ha afincado en la paradisíaca isla de Lamu (echadle un vistazo al vídeo) y le habla de los veleros, de la vida lenta, de aquello que él le confío cuando coincidieron en el Cairo. Y allá que vuelve Esteva, tras organizar su viaje y encontrar, todo sea dicho, todo tipo de facilidades.
Vuela hasta el sultanato de Omán, sobrevolando Dubái que ha perdido todo su carácter debido al progreso... y, cuando llega a Mascate, a la capital, aún cree poder descubrir antiguos restos de una civilización que se ha perdido... como dice el autor, es como si en España tuviéramos que ir a otros países (Colombia, Cuba), para contemplar la antigua arquitectura de ciudades como Sevilla o Cádiz. Mascate parece una ciudad suiza, no solo por las gélidas temperaturas de los interiores que contrastan con el tórrido calor del exterior, sino porque todo está impoluto, sin un papel, los setos bien recortados, las flores perfectas, los hombres de negocios exhibiendo dispositivos de última generación y compitiendo con los ejecutivos de Occidente y Asia de igual a igual (y superándolos).
El sultanato de Omán, antaño cerrado y atrasado, se presenta ante el viajero, fotógrafo y escritor, como un país aséptico, casi sin color, sin sabor. Es cierto que, cuando comienza a viajar por Omán, empieza a descubrir a las gentes que viven en aldeas y valles que conservan tradiciones, y que gustan de narrar historias dignas de Las mil y una noches... menos mal.
En Mascate, uno de los encuentros más significativos de Jordi es el que mantiene con el director de facto de una revista cultural, Assem. En la casa de Assem y de su esposa Nura, cairotas exiliados en Mascate, ante una opípara cena de Ramadán, Esteva narra por qué tuvo que irse del Cairo. ¡Qué aventura! (Y qué miedo...) Se nota la herida, aún abierta, el profundo dolor de tener que irse de un lugar al que amaba.
Como decíamos, parece que todo son facilidades por parte del gobierno del sultanato. Así que Jordi Esteva inicia viaje, y el primer destino es el de las enigmáticas Torres cónicas de Uadi Tayín. Con todo, lo más interesante (creo que para él también) es la cena con la que la agasaja el abuelo, el jefe del clan familiar. La cena, por la conversación de durante y de después... también la que mantiene con uno de los nietos que quiere estudiar antropología para recuperar las historias y leyendas que su abuelo aún narra.
¿Qué os han parecido estos tres capítulos? Pienso que hay una idea (tal vez, mejor sería llamarlo sentimiento o emoción) que sobrevuela todo el libro, y es la de si el sueño de niñez y juventud se ha esfumado...
¿No estaría persiguiendo en Omán un mundo que había dejado de existir?
Además, se advierte un profundo amor hacia el pueblo árabe, sus tradiciones, sus leyendas, sus gentes, su modo de vivir.
¿Conversamos?
- Wilfred Thesiger, explorador inglés
- Artículo sobre las torres cónicas en Omán
- ¿Qué se come en el Ramadán?
Imagen de uluer servet yüce en Pixabay