Segunda parte: capítulos 9 y 10
¿Por qué siempre me atrajeron tanto esos parajes extremos, de calor sofocante, inundados de luz como en una fotografía sobreexpuesta, en los que parecía dormirse nuestro lado más racional mientras se agudizaban los sentidos? Lugares donde me invadía una sensación de paz y donde el tiempo corría de otra forma, en los que me parecía ya haber estado antes y donde lo inesperado podía ocurrir.
Queridas viajeras, queridos viajeros:
Llegamos a Sur con Jordi Esteva y descubrimos en la antigua ciudad vestigios de una civilización antigua y riquísima en tradiciones e historia. Sin embargo, tampoco esta ciudad se ha escapado del progreso y las casas lucen encaladas, parcheadas con hormigón. Se ha perdido el tiempo calmo, los días excitantes en los que los suríes no podían viajar (recordemos el ostracismo impuesto por el antiguo sultán) y lo hacían a escondidas, en barcas, o cómo se desembarcaban, de noche y en el mayor de los secretos, tesoros y mercancías prohibidas. Todo ello se ha perdido debido al aperturismo y al progreso que, sin duda, han traído cosas buenas pero por el camino se han quedado otras que hubiera merecido la pena conservar.
Es como el último canto de un mundo perdido y nuestro autor el buscador que sueña con encontrarlo.
Sin embargo, las personas, las que vivieron travesías en los dhows desde niños, travesías duras con capitanes exigentes y no menos exigentes condiciones de vida a bordo, el conservador que recopila tesoros y belleza en un pequeño edificio de Sur, los pescadores... todas esas personas con las que se encuentra Jordi Esteva son las que atesoran la esencia de Omán. De los marinos que tripulaban y faenaban y comerciaban en y desde los dhows.
Fiel a sí mismo y a dejarse sorprender por la vida y los encuentros inesperados, Esteva viaja hasta la isla de Masirah para charlar con el capitán Jaled, otro de esos personajes míticos que navegaron durante décadas a bordo de un dhow.
Los paisajes, la fauna (los peces multicolores, las aves pescadoras, las tortugas...), algunos bosquecillos que crecen en el mar, las palmeras en la orilla, el mar de color azul intenso (“koholi, que deriva de kohol, el mineral pulverizado que utilizaban las mujeres árabes para realzar los párpados, y también algunos hombres en imitación del profeta”)... como dice Esteva:
¿No me estaría equivocando-había pensado en la ultramoderna sala de embarque-por empeñarme en perseguir un sueño de la infancia? Ahora en aquella extraña isla de Masirah, sabía que la decisión había sido afortunada.
Contadme, contadnos, cómo lleváis el viaje. ¿Qué os ha gustado más de estos dos capítulos?
(Fotografía: por Fabio Achilli from Milano, Italy - Sur, Oman, CC BY 2.0.)