Hasta el capítulo 3, incluido

Libro que estamos comentando
Dhow

Queridas viajeras, queridos viajeros:

Iniciamos la navegación tras Los árabes del mar, de Jordi Esteva. Como este libro promete ser un largo viaje lector, vamos a viajar y a leer sin prisa, pero sin pausa. Lo haremos como solíamos hacerlo de niños, en aquellas eternas tardes de domingo: 

Quizá todo sea mucho más sencillo y viajar no sea sino intentar recobrar los sueños de la infancia. 

Conversamos en esta primera semana, en torno a los tres primeros capítulos. Conocemos a un jovencísimo Jordi, (calculo que de unos veintitantos años), que pretende ser fotógrafo. Con esta pretensión viaja hasta Sudan, para fotografiar a una tribu muy concreta, los dinkas. La aventura comienza ya en el avión, en la primera conversación con el  viajero que regresa a su ciudad para casarse (otra vez) y que le recomienda que, si recala en Port Sudan, se aloje en el hotel de Dimitri, un griego exilado muy peculiar... y, quién se lo iba a decir a nuestro autor, sí, se aloja en su establecimiento. Pero no adelantemos acontecimientos. 

Jordi Esteva se queda en la capital de Sudán, Jartúm, más tiempo del planeado (¿no es ese el propósito del viaje, romper los planes?) Alojado en un albergue universitario, se relaciona con jóvenes viajeros, con huidos y escondidos y con gente que, en general, podríamos decir que viven a la espera de la oportunidad de marcharse de esa ciudad recalentada en la que no se puede hacer nada de día, excepto, dormitar y esperar. ¿A qué? A que llegue la noche. Pero, ah, la noche. Las noches, cuando hay música, alcohol y alguna otra sustancia parece que se sobrellevan mejor. 

Enseguida aparece un personaje curioso, el primo de Jordi Esteva, Jacinto Esteva, un hombre extraño que guarda secretos y trabaja para una compañía de caza. Jordi buscará contactar con Jacinto, pero esto también es muy curioso: cuando lo intenta, no lo logra (ni a través de la radio, ni en persona) y, cuando se topa con él, se queda paralizado... y no le dice nada. Más adelante, enfermo de malaria, no podrá volver a presentarse ante él, y le perderá la pista para siempre, porque Jacinto morirá dos años después. Está visto que lo que no puede ser, no será. En pos de su primo (y en su empeño de fotografiar a los dinkas) viajará hasta los campamentos de caza en los que descubrirá, espantado, cómo los cazadores y los ricos, utilizan la selva como si se tratase de un gran centro comercial (sobre todo el matrimonio americano). Espanta la poca o nula sensibilidad no solo ante los animales y el entorno natural sino también ante las personas. Sostenidos en los negros y en los blancos, en un “ellos” y “nosotros” que separa, diferencia y cosifica a la gente de color, con cultura e idioma propios, y que poseen una elegancia que ya la quisieran para sí los americanos... 

El autor se siente mal, confuso. No se encuentra bien allí, no termina de fotografiar a los dinkas y, además, le afean que, también, quiera robar el alma de la gente a través de las fotos. Sí, el expolio es flagrante: la caza, la desecación de los pantanos... 

Así que Jordi Esteva regresa a Jartún, sale, consume sustancias, le golpean, le roban, enferma de malaria... (pero todos los duplicados de sus documentos, sus cheques de viaje, etc., están intactos cuando sana). Y se marcha de Jartún a Port Sudán (aunque casi se vuelve a casa). 

Como el Jordi niño, el nombre de una ciudad, despierta sus anhelos de viaje... y, así, recala en Port Sudán, y en el hotel de Dimitri. Las conversaciones con Dimitri no tienen desperdicio; en unas habitaciones atesora todo tipo de obras de arte (¿estamos, también, ante otro expolio?), se trata de un hombre de otra época, arcaico, que dormita en un hotel necesitado de reformas urgentes. 

Y allí está nuestro autor. Preparando viaje hacia esa ciudad exótica con otro no menos exótico personaje...

La prosa de Esteva es fluida, sus peripecias interesantes, y las reflexiones que nos deja, unidas al contexto histórico, político y geográfico, son oro puro. Navegamos por los párrafos como si estuviéramos en un velero al que sopla una brisa suave, pero constante. 

¿Cómo estáis empezando este viaje? ¿Os seduce lo que nos cuenta? ¿De niños quisisteis ser viajeros, tal y como le ocurrió a Jordi Esteva?

No olvidemos que cuando Esteva está en Jartún, la situación política es compleja, muy difícil (persecuciones, etc.), hoy en día, se libra una guerra civil espantosa, y, además, Sudán es uno de los países más pobres del mundo (sino el que más). Allí se está viviendo “la peor crisis humanitaria del Planeta”.  Es doloroso, pero no debemos olvidar lo que están sufriendo en Sudán y esta lectura, también sirve para ello.