Desde el capítulo 13 hasta el final
Desfilaron ante mí los rostros de mi viaje. Como los eslabones de la silsila de los árabes, un personaje me había llevado a otro y, si en algún momento pareció interrumpirse la cadena, el azar se había encargado de engarzar un nuevo anillo.
Aquel mundo de los árabes del mar, que ya había desaparecido, pervivía aún en su memoria y ellos habían puesto su rostro real a mi sueño.
Llegamos al final de una larga aventura que nos ha mantenido leyendo y viajando durante dos meses. Un viaje fragmentado en dos partes que, en realidad, es un todo continuo en la vida del autor, Jordi Esteva (recientemente galardonado con el Premio Imagen Sociedad Geográfica Española 2025).
Zanzíbar, Pate, Lamu. Llegar a la meta y darse cuenta de que es el viaje y no el camino, lo que importa. Los olores, los colores, los chispazos de alegría, las fiebres inoportunas, las conversaciones en torno a una comida especiada y riquísima... los paisajes verdes, el mar de mil y una tonalidades, los animales y las plantas reinando en un mundo vegetal que vence a las piedras...
Historia y leyenda, naturaleza prodigiosa y respeto a los otros y sus creencias, una riquísima cultura y sabiduría atesoradas en todos y cada uno de esos personajes que habitan las páginas (los dhows, las olas, las ciudades, las selvas, las dunas, los fortines...) de Los árabes del mar.
Porque...
-El mar es el camino.
Contadme, contadnos cómo ha sido vuestro viaje lector.