Desde Turbulencias, hasta el final

Libro que estamos comentando
Archipiélago Tonga

Queridas viajeras, queridos viajeros:

Esta semana llegamos al final de la lectura compartida de Lluvia roja, de Cees Nooteboom. Siento que hemos descubierto a un autor deslumbrante, de prosa liviana, sutil, que nos narra, sobre todo, una suerte de mapa de su viaje vital.

La parte que comentaremos esta semana me ha resultado muy entretenida, sobre todo Turbulencias. Entretenida y necesaria, porque la vida es eso, desorden y caos, y, si tenemos suerte, momentos de serenidad y calma. Además, en el caso de nuestro viajero, instantes de deslumbramiento y descubrimientos brillantes de lugares, personas, autores...

Los capítulos que se agrupan bajo el título de Turbulencias basculan entre las veleidades juveniles de un Nooteboom que se está buscando a sí mismo en un mundo inexplorado (la verdad es que si no es en la juventud cuando se cometen esta suerte de deslices, ¿cuándo, si no?), y los achaques de salud de un hombre ya maduro que va entrando en la vejez. Un hombre que ha viajado mucho, que ha trabajado mucho, que ha amado y al que han amado, al que le han roto el corazón... (pero que se recupera, casi milagrosamente, al lado de una mujer bonita). ¿De Turbulencias, cuál es vuestro texto favorito? Yo dudo entre “Pastor alemán” y “Absenta y Ambré Solaire”. El primero me ha ganado por su ternura, y el segundo por ese final equívoco que nos deja perplejos... ¿se puede saber qué bebió Nooteboom que casi lo llevó a la locura?

Me ha interesado mucho la faceta de dramaturgo de nuestro escritor (fallida, al parecer) y su fascinación por el teatro.

En Intermezzo II nos regala un texto casi de ficción, y escribo casi porque creo que todo ello le ocurrió, no al protagonista de su relato, sino al propio Nooteboom.

El viaje a las islas Toga que narra en El paraíso al borde del tiempo es un canto a la vida lenta, alejada de las vanidades y las prisas de nuestro mundo occidental y contemporáneo. Nada, silencio, solo el canto de los pájaros y el susurro del mar... qué necesario es parar para escuchar el mundo, el de verdad, el de las personas que viven y mueren, que lloran, que ríen, más allá de los trajines del día a día, de la necesidad de alimentarnos y de comprarnos tantas cosas que no necesitamos.

Me ha gustado muchísimo toda la parte que le dedica a Tusitala, a Robert Louis Stevenson, y me ha hecho preguntarme, si tal vez deberíamos leer su libro de viajes en el club...

He marcado algunas reflexiones de esta parte:

Ahora que lo pienso me doy cuenta de que en la vida el hábito es el peor enemigo del placer. Viajar en cambio es excitante, nos aporta la emoción de la novedad y esa cauta desconfianza con la que uno se mueve en un ambiente extraño.

Desde entonces sé que no existe más que una sola brújula en la que poder confiar, tu brújula interior. Quien parte de viaje en busca de lo desconocido, sin realmente contar con ello, nunca acaba del todo defraudado.

El viajero frecuente debe enfrentarse hasta el hastío con la pregunta de si está huyendo de algo. No, no huye. Lo que busca es desaparecer estando presente. El viaje te permite desaparecer mientras sigues llevando tu vida (...)

(Imagen, por Msdstefan, CC BY-SA 3.0)

Tusitala en el paraíso

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