Las chicas de la 305: hasta el cap. 33
La novela está construida como un gran recuerdo compartido. Más que una sucesión rápida de acontecimientos, cada capítulo funciona como una pieza emocional donde las muchachas van creciendo mientras descubren el mundo, el amor, la libertad y también sus propios límites. El tono es íntimo, nostálgico y muy humano.
Esta tercera semana leeremos hasta el capitulo 33 de Las Chicas de la 305
La tempestad llega al internado
El punto de inflexión narrativa de la novela es la propuesta de Angélica de montar La tempestad de William Shakespeare al final del curso. Esta decisión es, dentro del universo de la novela, un acto casi revolucionario: Shakespeare en un internado femenino franquista de 1968 es, en sí mismo, una provocación suave pero real. Los personajes de La tempestad son en su mayoría masculinos, lo que significa que las chicas tendrán que encarnar hombres: Calibán, Ariel, Próspero.
La genialidad narrativa de este recurso es múltiple. En primer lugar, permite a la autora explorar la relación de cada chica con el poder, la libertad y la servidumbre a través de los personajes que les toca interpretar, sin tener que ser nunca explícita ni didáctica. En segundo lugar, el proceso de preparación de la obra —los ensayos, los debates sobre el texto, los conflictos entre las intérpretes— se convierte en el motor narrativo de esta parte de la novela, que gana en ritmo y en intensidad. En tercer lugar, Shakespeare proporciona a las chicas un lenguaje para hablar de cosas que no saben todavía nombrar de otra manera: la libertad, el poder, el deseo de escapar.
La asignación de los papeles no es aleatoria. La autora trabaja con cuidado las correspondencias entre los caracteres de sus protagonistas y los personajes shakespearianos que interpretan, de manera que la obra dentro de la obra funciona como un espejo deformante que permite al lector ver a las chicas desde un ángulo nuevo. Roberta interpreta a Calibán, el ser sometido que sueña con la libertad y la rebelión. Hortensia es Ariel, el espíritu que sirve pero que aspira a ser liberado. Las otras se reparten los papeles con una lógica que la novela deja que el lector descubra.
Los primeros amores y los primeros desengaños
Paralelo al proceso de preparación teatral, este bloque narrativo desarrolla las historias sentimentales de las protagonistas. La base aérea americana cercana a Zaragoza introduce en la vida del internado la presencia de soldados jóvenes que representan para las chicas una imagen de libertad y de modernidad que la España de Franco no puede ofrecerles. Estos encuentros —siempre en los márgenes de lo permitido, siempre cargados de la consciencia de que están haciendo algo que el internado no aprobaría— son narrados con una delicadeza que evita tanto el sentimentalismo como el cinismo.
Los primeros amores de las chicas de la 305 no son idilios sino aprendizajes. Aprenden que el deseo puede coexistir con el miedo, que la libertad no se regala, sino que se toma, que hay personas que te abren el mundo y personas que te lo cierran, aunque vengan envueltas en sonrisas amables. La autora trata estos episodios con una sensibilidad que no infantiliza a sus protagonistas: las chicas tienen quince años, pero ya saben, de maneras que nadie les ha enseñado explícitamente, que el mundo las observa de una manera diferente a como observa a los chicos.
La definición de la identidad sexual es también un tema que la novela aborda en este bloque, con la discreción y la valentía que requiere. En la España de 1968, en el contexto de un internado religioso, hay emociones que no tienen nombre todavía, o que solo tienen nombres que asustaban. La autora no fuerza la modernidad sobre sus personajes: los deja vivir sus confusiones con las herramientas de que disponen, y eso los hace más verdaderos.
Otros personajes: Don Antonio y los profesores: el internado por dentro
Además de Angélica, la novela puebla el internado de una serie de figuras secundarias que completan el retrato de la institución. Entre ellas destaca don Antonio, el profesor de Ciencias Naturales que llega a la Universidad Laboral como un personaje doble: es el profesional que el régimen necesita, pero también —en términos de la propia novela— un hombre que tiene sus dudas acerca de entrar como profesor en una de las universidades laborales que había creado el régimen para formar a las nuevas generaciones en el ideario falangista.
Don Antonio es compañero de trabajo de Angélica, y la relación entre los dos adultos —respetuosa, intelectualmente estimulante, emocionalmente compleja— proporciona a la novela una dimensión que va más allá del universo estrictamente juvenil. Son dos personas que han llegado al mismo lugar por caminos distintos y que comparten, sin decirlo demasiado, la convicción de que el internado puede ser algo más que lo que el régimen quiso que fuera.
La presencia de profesores con tendencias progresistas en un centro de inspiración franquista es uno de los datos históricos más interesantes que maneja la novela, y la autora lo documenta en las declaraciones de Ana Alcolea: estas universidades laborales fueron en muchos casos terreno de infiltración de profesores comunistas en el exilio que convirtieron en muchos casos el ideario franquista en su contrario.
La tempestad de Shakespeare: obra dentro de la obra
La elección de La tempestad como la obra que las chicas van a representar no es arbitraria. Esta comedia tardía de Shakespeare, escrita alrededor de 1611, es una obra sobre el poder y la servidumbre, sobre la magia y sus límites, sobre el derecho a la libertad y las formas en que ese derecho se niega. Próspero, el mago que gobierna una isla con mano de hierro; Calibán, el ser sometido que sueña con revelarse; Ariel, el espíritu que sirve a cambio de una promesa de liberación: todos estos personajes resuenan de manera muy específica en el contexto de la España de 1968.
La autora trabaja la correspondencia entre la obra shakespeariana y el universo de sus personajes con sutileza: no establece equivalencias mecánicas, sino que deja que las resonancias surjan de manera orgánica a través de los ensayos, de las discusiones sobre el texto, de los momentos en que una chica dice en voz alta las palabras de un personaje y de pronto esas palabras dicen algo sobre ella misma que todavía no sabía cómo decir.
La frase que vertebra simbólicamente La tempestad —la celebérrima afirmación de Calibán de que Próspero le enseñó a hablar y que el único uso que ha podido hacer de ese lenguaje es maldecir— puede leerse como una metáfora de la situación de las propias chicas: el régimen las educa, las forma, les da herramientas, pero no prevé que esas herramientas puedan usarse para cuestionar el orden que las ha creado. La educación siempre corre ese riesgo, y la novela lo sabe.
Los grandes temas
La educación como emancipación
Las chicas de la habitación 305 son, en muchos casos, las primeras mujeres de sus familias que tienen acceso al estudio. En la novela, la educación no aparece como un dato biográfico sino como una posibilidad real de emancipación, como la grieta por la que puede colarse una vida diferente. Estudiar no es solo aprender: es también resistir, aunque las protagonistas no siempre sean conscientes de esa dimensión política de lo que están haciendo.
La autora trata este tema con un matiz importante: el acceso a la educación no es gratuito ni neutral. Viene cargado de obligaciones, de expectativas, de la sensación de que hay que demostrar constantemente que una merece estar donde está. La educación libera, sí, pero también pesa.
La clase social
La desigualdad social no se denuncia en la novela con estridencia, pero está presente en cada detalle: en el esfuerzo que hay detrás de cada matrícula, en el peso de las expectativas familiares, en la conciencia de que el ascenso, si llega, habrá costado mucho. La novela insiste en la dignidad del origen humilde sin romantizarlo ni estigmatizarlo, y en la complejidad de querer dejar atrás un mundo que es también el mundo propio.
La libertad en todas sus formas
Atravesando todos los demás temas, la libertad es el gran tema de la novela. Pero Susana Leal no trata la libertad como un concepto abstracto sino como algo que se manifiesta en formas concretas y a veces contradictorias: la libertad política que el país todavía no tiene, la libertad emocional que supone poder sentir sin que nadie lo supervise, la libertad intelectual de pensar por una misma, la libertad que tiene que ver con el propio cuerpo y con el deseo. Estas libertades no siempre apuntan en la misma dirección, y esa tensión es una de las fuentes de conflicto más ricas de la obra.
La identidad y el autodescubrimiento
Cada personaje atraviesa un proceso genuino de autodescubrimiento. En ese sentido, la novela pertenece a la larga tradición del Bildungsroman —la novela de formación—, aunque aquí ese proceso no es individual sino coral: son seis itinerarios que avanzan en paralelo, que se cruzan y se influyen mutuamente. La pregunta que cada chica se hace no es solo '¿quién soy?' sino también '¿quién quiero ser?', y la diferencia entre esas dos preguntas es, precisamente, el espacio donde ocurre la novela.
Pasando el ecuador de nuestra lectura compartida me gustaría plantear una serie de preguntas para conocer vuestra opinión:
Sobre Shakespeare: La tempestad es una obra sobre el poder y la servidumbre. ¿En qué momentos de la novela sientes que la obra de Shakespeare habla directamente de la situación de las chicas? ¿Qué personaje shakespeariano te parece más significativo y por qué?
Sobre Angélica: La tutora está basada en una persona real, la propia maestra de Ana Alcolea. ¿Qué significa para ti que la autora haya convertido a una figura de su propia vida en un personaje literario? ¿Cambia eso tu manera de leer el libro?
Sobre la historia: 1968 es un año clave en la historia mundial. ¿Cómo llegan los grandes eventos históricos hasta la vida cotidiana de las chicas del internado? ¿Qué te dice eso sobre la manera en que la historia grande afecta a las vidas pequeñas?
Sobre la educación: Para estas chicas, estudiar es una oportunidad que sus familias han pagado con un esfuerzo real. ¿En qué sentido la educación las libera? ¿En qué sentido las ata? ¿Cómo se relaciona esa tensión con tu propia experiencia?
Os leo
Buena semana de lecturas
Saludos
Alex Leolo