Hasta el final de la novela
Hola, amigas, amigos:
Llegamos al final de nuestra lectura compartida de “La seca”, de Txani Rodríguez. Creo, por vuestros comentarios, que os ha pasado como a mí con esta historia: os ha llegado, os ha gustado, habéis disfrutado de su lectura. Lo hemos comentado ya, pero no está de más resaltar que la prosa, sencilla (mejor dicho, certera, directa y sin alharacas) y poética de Txani hace que leamos y leamos, deslizándonos por las tramas de la novela, la medioambiental y la sentimental o emocional de los personajes.
Hablemos sobre el contexto medioambiental (solo introduzco algunas reflexiones y espero que sigamos conversando en comentarios). Me ha llamado mucho la atención algo que no es inédito, porque refleja la realidad, pero que nos interpela directamente. Y es lo siguiente: cuando las máquinas alteran el río, limpian las orillas y arrancan árboles, zarzas, etc., alteran el medio ambiente, nadie sabe a ciencia cierta los porqués.
“cuál era la razón real, los regadíos de los aguacates, los intereses de la central, el abastecimiento de agua, la necesidad de convertir aquellas charcas tan cercanas al pueblo en puntos Infoca, un plan para evitar inundaciones.”
Siento que no estamos lo suficientemente informados y, una de dos (o las dos), no nos interesamos en acudir a lo que son las fuentes primarias (la administración pública, las instituciones, las personas y entidades que toman decisiones de este calibre) y/o las instituciones no nos informan, no divulgan por los canales adecuados. Nos acostumbramos a la rumorología, dicen que, hay quien dice... pero, ¿cuáles son los motivos reales, qué es lo que ocurre? Y luego hay una crítica (en mi opinión) a los medios de comunicación: cuando acuden a hacer un reportaje sobre los corcheros y Nuria trata de que investiguen qué está pasando en el río.
Quiero destacar la figura de Ezequiel, el padre de Montero (que se revela como un personaje intrigante, malvado y oportunista), que es el loco cuerdo de “La seca”. Cuando destroza todos los aguacates, el sistema de regadío que su hijo había instalado (robando agua del río), y se queda tan plácido y sereno, todos le preguntan el porqué lo ha hecho:
“Le preguntaron por qué lo hizo, se lo preguntó la Guardia Civil, los vecinos, el propio Montero, y por toda respuesta repetía que la tierra estaba enferma”.
Sabio Ezequiel.
Montero, uno de los malvados identificados de “La seca”, consigue, matando al gatito gris, que ingresen a su padre y que Nuria y Matilde se marchen del pueblo.
Hablemos ahora sobre las tramas emocionales en las que se ven envueltos los personajes. Por un lado, está la relación entre Matilde y Xabier y el temor de su hija de perderla, de que Xabier la aísle en un caserío en mitad de la nada, de que no esté protegida, de que la utilice para cuidarlo y hacer las tareas de la casa... creo que podemos entender a Nuria cuando la narradora nos cuenta cómo fallece su padre y cómo ella, desde muy niña, se siente en la obligación de cuidar a su madre para siempre:
“vio que tenía la cara mojada, y se agarró a su cintura, con fuerza, para que su tío se apartara y pudiera ella reconquistar su espacio en el mundo, que, sin duda, habría de estar al lado de su madre, porque se habían quedado solas, y ella debía protegerla, debía protegerla para siempre”.
Nuria asume una responsabilidad que, por edad, no le corresponde.
Pero al fin, sucede algo bueno y es que Matilde y Xabier retoman su relación, y Nuria decide apartarse. Muy bonita la escena en la que le lleva un gatito blanco y negro a su madre, para que lo cuide...
Luego, está la complicada relación (¿sentimental? ¿emocional? ¿sexual?) entre Nuria y Montero. Cuando sale a la luz que él tiene una larga aventura con la médica, esto es, que ella no es la única, ni mucho menos, Nuria se siente aliviada, con el orgullo herido, pero no despechada. Este ir y venir había sido por comodidad y, la verdad, no se estaba portando bien con Alba, bibliotecaria y escritora (a la que siempre tuvo algo de envidia... por aquello de que no estaba sola... aunque, con compañías como la de Montero, y tirando del refrán popular, “mejor sola que mal acompañada”).
Me ha gustado mucho cómo ha utilizado la autora una superstición (la leyenda de los mellizos que presagia desgracias) para vengarse del malvado, Nuria tiene un sueño con ellos y los alcornoques y Montero, tras un accidente en la saca del corcho en Salamanca, queda impedido para seguir ejerciendo de corchero.
Pienso que podríamos conversar muchísimo, porque hay mucho de lo que hablar. ¿Lo hacemos?
Por cierto, ¿le ponemos una BSO a la novela? Yo, ya le he puesto una. ¡¡Espero las vuestras!!
Feliz día y feliz semana :)
(Foto que acompaña a esta entrada: Por El Pantera - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, )