2ª parte. Hasta el capítulo X.

Libro que estamos comentando
Cubierta de una edición en inglés de La posda Jamaica.

Las actividades nocturnas en la posada Jamaica sorprenden a la recién llegada Mary Yellan. Por el día nadie visita el alojamiento y, además, la mala fama hace que cualquier viajero evite parar y descansar allí. ¿Qué sentido tiene mantener abierto el establecimiento y la cantina si las personas y las diligencias aceleran cuando se cruzan a su paso?

Mary va comprendiendo los oscuros negocios que bajo la dirección de su tío Josh Merlyn allí se realizan, pero no va a imaginar las actividades tan siniestras que se ocultan tras los fardos de mercancías que se almacenan y se transportan  en la oscuridad de la noche. "Es un asunto truculento, cruel y, cree ella, con derramamiento de sangre."

Su tío, el patrón, está al frente de un grupo de personajes patibularios que utilizan la violencia y el asesinato para llevar a cabo sus misteriosos negocios. Joss es un personaje zafio y violento de manual; borracho y maltratador de su mujer, la tía Patience, al que su aspecto físico acompaña para convertir la posada en el centro del negocio de contrabando de la región.

¿Cómo se va a enfrentar Mary a esa desgraciada nueva vida que le espera en el alojamiento de sus tíos? Para nuestra sorpresa, Mary muestra una determinación y una fortaleza que era difícil de imaginar, suponiendo que era una joven que no estaba acostumbrada a convivir con ladrones, criminales y delincuentes, que se había criado en una granja con su madre y rodeada de muchas necesidades materiales. Todo la sorprende. La nueva vida en los páramos de Cornualles es más difícil de lo que podía esperar; la joven se apoya en el cariño por su tía para no abandonar su nuevo destino, al que llegó por la promesa que le hizo a su madre al morir, pero nunca pudo imaginar que  su nueva vida iba a estar llena de sinsabores.

A pesar del secretismo que existe en la casa y de la nerviosa apariencia de normalidad que proclama la Tía Patience, Mary va siendo consciente del peligro en el que vive. Las borracheras del patrón le hacen cometer muchas indiscreciones, la visita de Jem Merlyn no parece casual en los días en los que se realizan trasiegos de mercancías y la llegada del señor Bassat buscando pruebas incriminatorias de los posibles delitos que se cometen en la posada ofusca el entendimiento de Tía Patience. "Cuando una casa coge mala fama es por algo, la posada de Jamaica apesta desde aquí hasta la costa.", dice el señor Bassat.

Mary alterna las labores domésticas en la posada con paseos por los páramos de la región. A pesar de que las distancias no son muy lejanas entre las distintas localidades que aparecen en la novela, el clima severo y lo agreste de los caminos provocan que varias veces Mary necesite el socorro de dos personajes que van a tener un protagonismo importante en La posada Jamaica: Francis Davey, el vicario de Altarum y Jem, el hermano de Joss Merlyn, van a atraer la atención de la joven huérfana. El primero, por sus modales refinados y por su apariencia tan diferente de lo habitual. "Tal vez, la peculiaridad de la naturaleza, que lo había creado blanco desde el primer momento, lo hacía tan diferente de cualquier otro hombre que conociera." Jem Merlyn, por su lado, era la némesis de su hermano. Con su sonrisa, su aire despreocupado y la rudeza de los que viven de robar caballos y otros pequeños hurtos, resultaba tremendamente atractivo a los ojos de Mary. De ambos podemos sospechar que saben mucho más de lo que cuentan y de que muchas de las preguntas que hacen a la joven tienen el interés de los que quieren saber hasta dónde llega el conocimiento de la joven sobre lo que verdaderamente ocurre en la posada.

La verdad se presenta de la forma más ruda y cruel ante Mary. Todo sucede de improviso, cuando el patrón, después de varios días de borrachera, se sincera con ella intentando conjurar a los fantasmas que se le aparecen en sueños. Son los espíritus de las personas que Joss y su banda sacrifican en los naufragios que han provocado frente a las costas de Cornualles. Nadie puede quedar vivo ni ser testigo de la macabra tarea que durante esos años se sucedía en la peligrosa costa del sur de Inglaterra. Los delitos que pueden llevar a la horca a los que participan no son solo los de contrabando, sino que se tiene que añadir el de confundir a los pilotos de los barcos para que encallen en las escarpadas líneas de costa y el asesinato de los posibles testigos que sobrevivan al naufragio. Especialmente espeluznante es la descripción de la matanza de madres y niños de la forma más brutal que se pueda imaginar. Esos cadáveres son los que atormentan al patrón en sus días de borrachera.

Cuando comentábamos la conveniencia de leer primero la novela antes de ver su versión cinematográfica, nos referíamos a que Hitchcock abre la película con una escena del asalto a los restos de un naufragio inducido en las costas de la región, el robo de la mercancía y el asesinato de varios tripulantes y pasajeros. Desde ese momento, en la película ya no hay ningún tipo de misterio sobre las actividades de la banda que se reúne en la posada Jamaica.

Mary no se muestra nada complaciente con su tía, a la que acusa de ser partícipe de esas muertes, colaborando en el negocio del contrabando de los fardos rescatados de los naufragios y callando, aunque sea por miedo, ante los crímenes de su marido. Mary tenía sus sueños. No se iba a casar nunca. Quería trabajar e independizarse. Era, sin duda, una joven valiente y decidida. No quiere pensar en los hombres, aunque no deja de pensar en Jem. "Representaba todo lo que ella temía, aborrecía y despreciaba, pero sabía que podía quererlo." La aventura en la feria de Launceston en Nochevieja, a donde Mary acompaña a Jem para vender dos caballos robados, demuestra la atracción que el hombre le causa.