4ª parte. Hasta el final-

Libro que estamos comentando
Distrito V de Barcelona (prostitución). El Barrio Chino

La torre de la familia Ros provoca una extraña atracción a los personajes de la novela. En esta ocasión es Abel Gimeno quien acude allí en busca de más información sobre Ricardo, el amante secreto de Lali. "Abel se dio cuenta de que la casa era muy discreta, de que cualquiera podía entrar y salir de ella sin ser visto".

La casa adquiere un espíritu misterioso y sobrecogedor, pero Abel no se acobarda y recorre las habitaciones y los pasillos hasta que fatalmente distingue una presencia misteriosa a su espalda que le acuchilla hasta morir.
La muerte de Abel no pasa desapercibida para su familia ni para Méndez. El policía busca sus pistas por la casa de Esther y por el piso que había sido su residencia oficial durante los últimos años; empieza a preocuparse por su ausencia y a imaginar que algo malo le ha tenido que pasar. Lo busca infructuosamente hasta que otra intuición, de nuevo, le lleva hasta los muros de la omnipresente torre.

¿No os parece sorprendente que todo el mundo franquee la valla exterior, el jardín abandonado y las puertas de entrada sin que nada se lo impida? Cuando Elvira vuelve a la casa, advierte un rastro de sangre y descubre en el sótano el cadáver de Abel. Antes de emitir un grito, Méndez se encuentra a su espalda: "He forzado una de las puertas de atrás. Me enseñó a forzar puertas un tío que se me escapó tres veces, hasta que al final llegamos a un acuerdo". El sentido del humor del policía no desaparece ni en los momentos más trágicos.

También el autor bromea habitualmente con los padecimientos y el estado físico del veterano policía: "Méndez subió ágilmente los cinco escalones de seis saltos." Todo sirve para hacer aflorar su sentido del humor tan vitriólico y afilado.
Por el hilo de la antigua propietaria de la casa, modista de postín, se sigue la pista de una vieja silla de ruedas que encuentra en el taller de costura de la casa. Facturas a nombre del constructor Alfredo Cid solo pueden pertenecer a vestidos para su antigua amante, que en algún momento utilizó silla de ruedas. Al final, se van juntando los cabos sueltos y se da sentido a las piezas desordenadas que han ido surgiendo durante la lectura de la novela.

¿Lourdes Roca, la amante desgraciada de Alfredo Cid, puede ser la asesina de la silla de ruedas? En busca de su paradero, Méndez relaciona su destino con un nuevo personaje que ha surgido de los ambientes más penosos del Barrio. Lourdes tiene que ser la Tere, una prostituta que alquila habitaciones por horas para acudir con varios clientes a la vez. "De querida de un hombre como Cid, había ido descendiendo, peldaño a peldaño, hasta el pozo que siempre hay al final de la escalera".

Un giro de tuerca más enlaza, desde la habitación tan poco habitual de la Tere, con el personaje de Eulalia, Lali, concentrada en ese momento en aprender y glosar las bondades de Srinagar, la ciudad de Cachemira que tanto alaba en la casa de la calle del Rosal, ante la presencia de Abel y Esther.

Convencido de que Lourdes/Tere/Lali es la asesina, corre hasta la casa de Esther para evitar otro asesinato, pero se lleva, lo mismo que nosotros, la sorpresa de que la viuda de Paquito ha matado a su amiga ahogándola en un espacio mágico y difícil de imaginar, porque esos lugares tal como se cuentan aquí, ya no se encuentran en otras ciudades: un lavadero comunal que existía en los bajos del edificio y que se conectaba con las escaleras interiores de los pisos.
¿Las razones de Esther? Son difusas y bastante indefinidas: el tiempo, la falta de ilusiones, la envidia por unos viajes que Lali nunca realizó (aunque ella lo niegue), por resignarse a una vida que le ha pasado por delante, porque Abel no quiso quedarse con ella... Pueden ser muchos los motivos, pero, a mi entender, son demasiado tangenciales para el personaje que ha ido dibujando poco a poco González Ledesma.


Una de las virtudes de Méndez es que empatiza mucho con criminales que no han tenido muchas oportunidades para elegir su destino, lo que le hace ser un policía atípico y sentimental, de la vieja escuela, que ha aprendido su profesión en las miserias de la calle.


No quiere Méndez dejar ningún cabo suelto y, tras lo afectado que le ha dejado lo acontecido en la calle del Rosal, recupera la investigación de las muertes de Paquito y Abel. Dejo para vosotros y vosotras los comentarios sobre, de nuevo, la intuición y extrema capacidad deductiva del inspector. Buscaba a un hombre que fuese un admirador de Tere/Lali, que hubiese sido capaz de crear el personaje de Ricardo, que invitase a Lali a buenos restaurantes y que no se sirviese totalmente de una silla de ruedas para moverse. La respuesta está en la novela. Puede que también fuese digno de misericordia, pero que asesinase y robase para conseguir dinero para agasajar a Lali, lo hacen moralmente muy repudiable.